Prólogo

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Jungkook, por lo general, solía ser madrugador. Le gustaba comenzar el día con calma, sin prisas. Pero aquella mañana su rutina se había arruinado por completo.

Se había quedado dormido después de pasarse la noche entera repasando para los exámenes parciales que comenzaban la próxima semana. Ahora corría por las calles con el corazón en la garganta, esquivando peatones, cruzando semáforos en amarillo, sin importarle si tropezaba o a quién empujaba. Solo pensaba en alcanzar el autobús... y que, por lo que más quisiera el universo, su día no empeorara aún más.

Odiaba estar en esa situación. Sobre todo porque a esa hora el transporte estaba siempre lleno. La multitud mezclada con sus aromas le revolvía el estómago. Desde pequeño había tenido ese problema: su olfato era demasiado sensible incluso para ser un alfa. Algo que su madre, orgullosa de que fuera un alfa puro, veía como una bendición. Para él, en cambio, era una maldición.

Más de una vez se había preguntado por qué no podía haber nacido beta, o al menos un alfa común y corriente. Las feromonas ajenas lo mareaban, le hacían perder el control, y en los peores momentos encendían una chispa peligrosa que lo obligaba a mantenerse en guardia.

Recordaba con claridad una situación parecida en su época del instituto. Estaba en la biblioteca, estudiando con Jimin y otros compañeros, cuando una omega cercana a su grupo entró en celo y comenzó a acercarse demasiado, buscando desesperadamente su aroma. Jungkook intentó mantener la calma, pero una alfa intervino, queriendo someter a la omega sin importarle nada ni nadie.

Todo fue un caos. Jungkook terminó forcejeando con aquella alfa para evitar que la situación se desbordara. Y por fortuna, Jimin —que había salido por un café— regresó justo a tiempo para detenerlo antes de que todo se saliera de control. El pelinegro era el único que sabía manejar esos arrebatos, conocía a Jungkook lo suficiente como para calmar esa parte de su instinto que él mismo odiaba. Desde entonces, evitaba las multitudes cuando podía, sobre todo en esas horas en las que todo olía a ansiedad, prisa y feromonas a medio despertar.

Por eso se sintió aliviado cuando vio que el autobús no iba tan lleno como esperaba. Aun así, no había asientos disponibles. Se sostuvo entre dos asientos vacíos, cargando su mochila al frente para no incomodar a los demás, sacando sus auriculares dispuesto a desconectarse del mundo, como siempre hacía.

Sin embargo, lo que no esperaba era lo que vendría después.

A pocos asientos de donde estaba, un omega detuvo su lectura, frunciendo el ceño levemente. Un aroma sobresalía por encima del resto. Un aroma que muy pocas veces solía percibir. Pero este era denso, cálido, amargo como chocolate negro; no obstante, había una nota más... algo que le provocó un ligero escalofrío que no supo cómo explicar. Sus ojos recorrieron lentamente el pasillo hasta detenerse en el alfa que lo provocaba. Ahí estaba, parado de perfil, mirando por la ventana mientras movía sutilmente la cabeza al compás de la música.

Jungkook frunció el ceño. Había notado que alguien lo observaba. Su instinto se tensó, alerta, pero cuando sus ojos se cruzaron con los del omega, algo distinto pasó. No era amenaza. No era incomodidad. Era  simplemente curiosidad.

El omega, nervioso, fingió acomodarse los lentes y desvió la mirada hacia su libro, pero sus dedos temblaron ligeramente al pasar la página. Jungkook lo siguió observando por unos segundos más, intrigado, atraído por ese aroma que le resultaba extrañamente... cómodo. Como si en medio de todo el caos que odiaba, ahí estuviera una pequeña isla de calma.

Lo curioso es que aquel omega no era particularmente llamativo: llevaba una chaqueta grande, jeans algo desgastados, el cabello teñido de rubio desordenado cayéndole sobre los lentes. A simple vista pasaba desapercibido, pero para Jungkook... no. Había algo más. Tal vez su mirada, pero había algo que había llamado su atención.

El siguiente paradero se llenó de más estudiantes y el alfa, incómodo por el aumento de olores, decidió moverse hacia el fondo del bus, buscando aire fresco. No podía quedarse más tiempo ahí parado sin que su estómago protestara.

Fue la primera y última vez que se cruzaron.

Después de aquel día, Jungkook empezó a repetir el mismo viaje a la misma hora durante semanas, con la estúpida esperanza de volver a encontrar al omega. No sabía por qué, pero se quedó con esa mirada clavada en la cabeza. No le importaba siquiera saber su nombre. Solo quería verlo una vez más.

Pero no volvió a aparecer.

Después de un mes, Jungkook terminó por rendirse. El olor de las feromonas ajenas, el mal humor matutino y la carga de los estudios lo obligaron a cambiar de ruta. Tal vez solo fue una coincidencia. Tal vez el omega se había hecho tarde aquel día por error, o tal vez simplemente no estaba destinado a volver a verlo.






***

Normalmente no escribo Kooktae (y probablemente esta sea la única vez que lo haga), pero lo hago por una amiga.

Feliz cumpleaños, Anya. Espero que disfrutes esta historia, porque está dedicada especialmente para ti. No me hago responsable de las futuras lágrimas. ¿Tendrá final feliz? Solo puedo prometerte una cosa: Jungkook y Taehyung terminarán juntos.

¿Sufriré, lloraré? Tal vez en un solo capitulo. Pero no se preocupen, no soy fan del drama y sufrimiento. A mí me estresa, empiezo a renegar y termino frustrándome.

Te amo Namjoon.

Love maze | KookTae (Omegaverse)Stories to obsess over. Discover now