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Jeep

—¡¿Estás de broma?! — Gritó sin ningún disimulo la joven chica desde los asientos traseros de aquel jeep polarizado. Su voz autoritaria y ruda retumbó dentro. La conductora entró en pánico, ya extremadamente vulnerable, solo tuvo tiempo de estacionar instintivamente el vehículo afuera de aquella construcción medio extraña frente a ellas, podría jurar que casi en decadencia.

Miró con pánico a su amiga desde el retrovisor, sus ojos relampaguearon desde el espejo, luego recostó su cabeza en el volante, haciendo que su cabello castaño y ondulado cayera hacia todos lados cubriendo su rostro. Podría haber sido una mirada suplicante a la chica tras ella, pero ahí sentada en los asientos traseros parecía no haberle importado en lo más mínimo. — ¡Escuela publica, Sana! ¡Publica!. Eso debió activar tu alarma de cuidado. — puntuó las sílabas de la última palabra sin alejar el tono de desaprobación en ellas. La conductora solo se quejó con un sonido quedo sin levantar la cabeza del volante. Sí, ella tenía razón.

Una mano amigable acarició su espalda como si así la consolara. Y lo hacía. Luego esa misma mano desapareció así como había llegado.

—¡No, en la pierna no! - Escuchó como su compañera a un costado de ella se removía en el asiento del copiloto y después el sonido de un golpe se hizo presente. Certero y doloroso seguramente.

—Nadie te ha obligado a venir en todo caso. - Se apresuró a decir su mejor amiga bajo los quejidos fuertes de la chica tras ella.

—No me lo hubiese perdido. - continuó. - ¿Segura que es aquí? - preguntó vacilante y por supuesto su desagrado era casi palpable. La chica recostada en el volante levantó su cabeza, posando sus ojos castaños en cada lugar a su alrededor. Deteniéndose con cuidado en cada punto. Claro que era ahí. Era el único Colegio de Bachiller en la zona.

—Parece que es la dirección correcta. - Una tercera voz se unió a la ya catastrófica situación, adelantándose a su respuesta. Su voz dulce y tranquilizadora hacia apacible la situación, pero no demasiado para calmar los nervios crecientes que la conductora sentía en aquel momento.

—¿Le has dicho que vendrías? - Preguntó su mejor amiga. Sana movió la cabeza en negación. Sentía su sangre subir hasta su rostro y colocarse justo en sus pequeñas y rellenitas mejillas. Había pensado en hacerlo, de verdad, pero no se atrevía ni siquiera a mencionar las ganas que tenía de conocerla, todas las situaciones hipotéticas sonaban extrañas. Verdaderamente extrañas.

—¡Genial, Sana! ¡Genial! - exclamó la chica de nueva cuenta, cerciorándose de que todas pudiesen notar su descontento genuino ante la situación.

—¿Quieres parar, Nayeon? No ayudas en nada. - retó la copiloto en tono amenazante, volviendo a pasar una mano por la espalda de su mejor amiga. Sana agradecía el apoyo, si alguien podía mantener a Nayeon en su sitio esa era Jihyo.

—¿Entonces qué hacemos aquí? - preguntó la otra chica, ignorando el resoplido de Nayeon a su costado. Sana carraspeó. Era una buena pregunta. Ni siquiera ella sabía qué hacía ahí. - ¿Sana? - Continuó la joven después de largos segundos sin una respuesta.

—Quería conocer cómo era en persona. - Por fin confesó casi en un susurro y volvió a esconder su rostro, regresando sin ánimos al volante. Escuchó el gruñido de Nayeon y el suspiro de las otras dos.

—Entonces esperemos. - contestó la joven con tranquilidad, como si fuera el plan más adecuado y perfectamente pensado. Nayeon resopló y se recostó en los asientos.

—Mina... - soltó Nayeon después de un rato, la joven la miró con detenimiento esperando con educación y distancia, no es que no fueran buenas amigas, pero sabía que con Nayeon se tenía que ir con cautela. Nayeon era una explosión de emociones y Mina todo lo contrario. - Se supone eras la más prudente aquí, tú deberías estar de mi lado.

Encuentro Where stories live. Discover now