Llego como siempre con más de media hora de antelación. Por mucho que odie esperar, todavía odio más la sensación de llegar tarde a los sitios. Algo ocupa mi mente, no puede estar pasando esto, no puede ser verdad. Es el KARMA, ya sabía yo que me iba a pasar factura haber mentido la tarde anterior a mis amigos porque no me apetecía salir.
Os pongo en situación, quedaba media hora hasta que empezara mi turno y se me había olvidado el portátil en casa. Desde mi trabajo a mi casa hay más de media hora de camino. Y no hay forma humana de que yo pueda realizar mi trabajo sin un ordenador. Resumiendo, estaba jodida. Algo estaba claro, y es que no podía volver a por el ordenador, era físicamente imposible que me diera tiempo. Tragué saliva, cerré los ojos, respiré hondo y entré al laboratorio. Todavía no había llegado ninguna de mis compañeras, miré alrededor pensando en una posible solución a mi problema. Y... la encontré. Había un ordenador de mesa viejo, que nadie utilizaba en el laboratorio, tenía muchísimos años, iba lentísimo, sabía que iba a ser toda una odisea intentarlo, pero ¿acaso tenía alguna otra opción?
Me dirigí a aquel trasto y presioné el botón de encendido. Para mi sorpresa, el ordenador respondió y apareció la pantalla de inicio de sesión. Pero hasta ahí llegó mi suerte, el PC dejó de responder, lo reinicié y volví a probar pero nada... en verdad se veía venir no se porque me había hecho ilusiones de que esto podría funcionar. Empecé a frustrarme, mi día no mejoraba, no había forma de que yo pudiese trabajar sin aquel ordenador. Entre unas cosas y otras, ya habían pasado más de 30 minutos, y decidía bajar a la primera planta, al departamento de informática y pedir ayuda, necesitaba que hicieran funcionar de alguna manera ese trasto antes de que llegara mi jefe.
Bajé rápidamente, avancé hasta el final de aquel largo pasillo, toqué la puerta y entré. Pero, esta vez había algo distinto, algo que me resultaba familiar, una cara nueva me sonrió. Había un chico al que no había visto nunca, moreno, alto, con una peca colocada en la mejilla izquierda, ligeramente por encima del labio superior. Su sonrisa hizo que se me cortara la respiración por un segundo, ¿Quién era? Y... ¿Porqué no le había visto hasta ahora? Tal vez, al fin y al cabo, hoy el KARMA no la tenia tan tomada conmigo...
- Dime - Víctor me sacó de mis pensamientos.
- Pues verás... no sé si te acuerdas de mi, soy la chica nueva, la pringada que tiene un Mac y no sabe ni utilizarlo - le digo entre risas a Víctor, el informático que me ayudó el otro día a configurar mi Mac para poder entrar al servidor desde el portátil.
El chico al que nunca antes había visto intentó reprimir una risita por mi comentario y me hizo una señal para que me acercara a su mesa, ya que Víctor y el otro chico estaban ocupados. Dios, me quería morir, se estaba riendo de mis comentarios. Nadie suele reírse de mis comentarios, parece que solo me hacen gracia a mi y a dos o tres amigos que ya se han a costumbrado a mi humor, pero la expresión en su cara era... sincera.
Tras explicarle mi problema con el ordenador del laboratorio se ofreció a subir e intentar arreglarlo, ya que yo no tenía ninguna otra opción para trabajar. Y sinceramente, eso me alegró, iba a poder pasar un rato más con él. Sí se que es una tontería ni siquiera le conozco pero tenía una sensación extraña, quería hablar con él, era... atracción?
Al llegar arriba, tras varios intentos y teclear muchos comandos que no entiendo, aquel chico consiguió hacer funcionar el viejo ordenador. No podía estar más contenta al fin parecía que me día se empezaba a solucionar...
- Qué significa?- dijo señalando el tatuaje en mi tobillo
"4 8 15 16 23 42" los números estaban gravados con tinta en mi tobillo , si sois un poco frikis sabréis que esos números pertenecen a una serie de televisión LOST desde mi punto de vista la mejor serie que he visto en mi vida. Los famosos números malditos.
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KARMA Y OTRAS GILIPOLLECES
Novela JuvenilLlevo toda mi vida preguntándomelo y nunca dejaré de hacerlo. Lo peor es, que jamás encontraré una respuesta de la que esté 100% segura.
