1. Antes de florecer

56 6 0
                                        

El sol brillaba en el horizonte, anunciando el amanecer de aquel día. Boruto, junto a su equipo 7, regresaba de una misión de tipo A: recuperar un pergamino en una pequeña aldea de la Tierra del Rayo.

El viaje había sido tranquilo, sin demasiadas complicaciones. Sarada, capitana del equipo, se había encargado de ello, ideando la mejor ruta posible para todos.

¿Cuánto tiempo había pasado?
Ya todos eran adultos. Sarada era reconocida como una de las más destacadas de su generación, además de ser la única heredera del clan Uchiha. Mitsuki también se destacaba, no solo por su personalidad serena —casi comparable a la de una serpiente silenciosa—, sino también por su dominio del Modo Sabio.

Y Boruto... bueno, él siempre había sido conocido como el hijo del Hokage. Pero últimamente lo llamaban "El sol después del caos". Sí, un apodo largo y vergonzoso —según él—, pero se lo había ganado tras su participación en la derrota de Momoshiki y de otros enemigos que amenazaron la Aldea de la Hoja. Con el tiempo, fue ganando fama propia a medida que crecía y acumulaba experiencia, siendo considerado por muchos como el mejor de su generación.

Claro que eso era, en parte, una exageración por parte de la población. Pero para él, ese reconocimiento significaba algo importante: una paz interior que no había sentido en su juventud, cuando deseaba ser visto por quién era... y no solo por ser el hijo del Hokage.

Era reconfortante ese aroma tan familiar, inconfundible: el de casa. Pero antes de poder regresar a sus hogares, aún les quedaba una última tarea: ir a la Torre del Hokage a reportar lo ocurrido durante la misión.

Al llegar, Sarada fue la primera en tocar la puerta. Tras escuchar un "adelante" del otro lado, entró con paso seguro, seguida por Mitsuki... y, por último, Boruto.

El despacho estaba iluminado por la luz del amanecer que se filtraba entre las cortinas. Sentado detrás del escritorio, Naruto hojeaba unos informes con expresión seria, aunque en cuanto levantó la mirada y vio al Equipo 7 entrar, una leve sonrisa le suavizó el rostro.

—Bienvenidos —saludó con voz cansada pero cálida—. ¿La misión fue completada?

Sarada dio un paso al frente, con su tono firme y profesional, como era habitual en ella.

—Sí, Hokage-sama. Recuperamos el pergamino sin inconvenientes. El líder de la aldea nos recibió, cooperaron en todo.

Naruto asintió y comenzó a tomar nota, mientras Mitsuki agregaba un par de detalles. Boruto, sin embargo, se quedó ligeramente atrás, con la mirada perdida en el rincón más sombrío del despacho.

Allí, de pie y en silencio, como si siempre hubiera estado ahí, se encontraba Sasuke Uchiha.

Su presencia era tranquila, pero firme. Vestía su clásica capa oscura, ligeramente manchada por el polvo del camino. Sus ojos —profundos y oscuros como la noche— se encontraron por un instante con los de Boruto.

Boruto tragó saliva. Su pecho se sintió... pesado. Como si un leve ardor subiera por su garganta, sin razón aparente.

—¿Estás bien, Boruto? —preguntó Naruto, notando el leve cambio en su expresión.

—¿Eh? Sí... sí, solo estoy un poco cansado —respondió él, apartando la vista de Sasuke con rapidez.

Sasuke no dijo nada. Solo lo observó en silencio, como si percibiera algo que ni siquiera Boruto entendía aún.

El informe concluyó rápido. Naruto les agradeció por su trabajo, y mientras Sarada y Mitsuki se despedían con un gesto respetuoso, Boruto se quedó un segundo más mirando de reojo a su maestro.

Flor de CiclamenWhere stories live. Discover now