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24 de noviembre

 
El tic tac del reloj se hacía oír sobre el silencio de la habitación. El detective Min observaba al joven frente a él, esperando alguna respuesta.

El joven Kim Taehyung no había dicho nada más desde hace dos noches, cuando denunció el atroz crimen del que el mismo era culpable.

Ni siquiera se atrevía a mirar al señor Min a la cara; la vergüenza, la tristeza y el dolor eran un remolino de emociones que le secaban la voz y le impedían hablar.

– Taehyung... –

La voz del detective pareció asustar al castaño quien se encogió en su asiento y escondió aún más la mirada.

– Necesito que me hables de lo que pasó esa noche...

El recuerdo le causo dolor. El señor Min logró identificar la incomodidad el joven, pero aun así continuó:

– No tenemos todo el tiempo del mundo, Taehyung. No retrase más el caso–

Min Yoongi empezaba a impacientarse

–¡Confiese de una vez por amor de Dios! –  levantó la voz – ¡Usted la asesino! ¡Asesinó a la mujer que amaba!

Kim Taehyung levantó por primera vez la mirada, pero contrario a lo que Yoongi esperaba, sus ojos demostraban rabia y dolor. Antes de que pudiera decir algo, el oficial Jung ingresó a la sala de interrogatorio y le comunicó a su superior algo que Taehyung, entre sollozos de arrepentimiento y lágrimas, no logró escuchar.

El señor Min se levantó de su asiento y observó al joven por sus segundos. Por un momento creyó sentir lástima por el joven, pero el sentimiento se disipó al instante. No podía sentir lástima por él, no por un asesino. 

Min Yoongi se retiró de la sala de interrogación sin conocer el testimonio del chico, mientras unos oficiales le llevaban de nuevo a su celda. Creyó escuchar que el joven le llamaba, sin embargo, al voltear a verlo, Kim Taehyung se alejaba por el largo pasillo de la comisaria.

Min Yoongi recuperó su compostura y siguió al oficial Jung hasta la sala de espera, en donde le esperaba una pieza clave para el caso.




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