Capítulo 1

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Sonic suspiró por milésima vez

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Sonic suspiró por milésima vez. Sus amigos lo miraban con atención, y esperaban por el siguiente movimiento del erizo para entonces actuar, ya que éste sería el que definiera la próxima carta a jugar. Estaban sobre el techo de GUN Fortress, aguardando el momento exacto, y en eso, el cobalto retrocede tres pasos para tomar impulso mientras se agacha, no sin antes decir:

—¡Andando!

Todo su equipo le siguió cuesta abajo cuando el ojiverde se hubo lanzado del techo de la fortaleza. Amy, a un lado de Sonic, lo tomó de la muñeca y giró sobre su eje para así, lanzarlo con fuerza hacia el interior de la misma, lo que consiguió atravesando los cristales del gran ventanal que lo encubría, haciéndose bolita para reducir el daño corporal.

Aterrizó sobre sus plantas con sigilo, a pesar del ruido que aún los trozos de vidrio emitían por el golpe. Miró hacia todos lados y se cercioró de que no hubiera nadie. Se reincorporó sintiendo y a la vez mirando como el resto de su equipo ingresaba al mismo edificio por el mismo hueco que el había hecho. Se acercaron a Sonic esperando instrucciones.

—Amy, Blaze, bajen al sótano de esta fortaleza, yo sé que ahí deben estar los manifestantes —dijo para que las dos asintieran y se dirigieran a dicho lugar. Sonic observó al echidna frente a él—. Knuckles, tú ve arriba, destroza cualquier tipo de rastreadores, monitores y cosas tecnológicas extrañas que veas —indicó.

—Ya me estaban dando ganas de romper cosas —admite él golpeando sus nudillos entre sí, para luego correr hacia las escaleras principales en ascendencia.

—¿Y tú y yo qué? —preguntó el otro erizo.

—Tú y yo iremos por nuestro hermano —le respondió el ojiverde con firmeza y decisión, el de ojos ámbar se sorprendió.

—¿Para qué?

—¿En serio, Silver? —obvió Sonic— ¡Él fue quien trajo a todos los manifestantes injustamente tras las rejas! —señaló molesto.

—Sonic, Shadow sigue órdenes, tú sabes que la ley–

—¡Me importa un bledo la ley! ¡Él cometió una injusticia contra esos mobianos y no voy a permitirlo! —se impuso el cobalto comenzando a caminar hacia la torre principal.

—¡Sonic, no fue su culpa! —lo defendió Silver. El cobalto se giró hacia él, atónito.

—¿No lo fue, Silver? ¡Él es el Capitán, por Dios! —bramó indignado—. No puedo creer que lo defiendas —agregó para seguir su camino, ahora, solo, y con su habitual rapidez super sónica, dejando a su hermano Silver por completo descolocado, confundido y abrumado.

Resultaba ser que, en Mobius la democracia había llegado a su fin, es decir; la posibilidad de votar por cualquier candidato que tú quieras y que más te parezca conveniente para tu nación. Se había levantado un dictador, una misteriosa cara que no se mostraba públicamente sino que siempre había sido representado por uno de sus asistentes, el de mayor rango, conocido como Zero the Jackal.

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