Era una tarde perfecta para conocer la ciudad, entre mis salidas predilectas siempre estaba conocer el lugar en donde me quedaría por un tiempo y éste va a ser el mío.
Caminé por las avenidas repletas de gente, divise vidrieras de atuendos sofisticados, observé y analicé cada persona que pasaba. Es increible como cada persona cuenta con una historia que solo el mismo sabe, como cada persona se toma el lujo de criticar sin conocer, yo, tranquilamente, podria determinarle una personalidad a cada una de ellas de acuerdo a su gestos y su forma de vestir, como lo hace la mayoría, pero no debería de ser así. Recomendaría mirar más allá del cuerpo, más adentro, la sensibilidad que todo mundo tiene, ese amor por lo que hacen, la pasión con la que se entregan.
Mirando más allá es que me encontre con la entrada principal de lo que parecía un bar inglés, hecho con madera de roble o algo así, pues no entiendo de maderas.
Me incliné sobre la puerta que detallaba la palabra "empuje" y entre al sitio. Era un lugar muy calido, con luces de la misma tonalidad, música leve y gente hablando suave. A primera vista fue muy encantador.
Me dirigí a la barra y me senté en unos de sus altos asientos.
-Bienvenida, que le sirvo?- Me hablo un barman muy sútil.
-Me gustaría un gin tonic...- miré su solapa- Javier, por favor- dije en una sonrisa. Me asintió con la cabeza y comenzó con la labor de prepararmelo frente a mis ojos, como cualquier barman empático, con la situación de las mujeres, haría.
Luego de unos minutos de ya tener mi trago, comencé a detenerme en cada detalle del lugar y ver si podía entablar alguna conversación. Empecé por las mesas, la gente muy amigable allí, pero muy centrada en lo suyo. En la barra chicas solitarias con poco ánimos de hablar. En la zona de juego, pool y dardos, había una sola chica y muy animada por cierto. Miré a su alrededor por si andaba acompañada y como no era así, me acerqué.
Era una chica de 1,65 de altura aproximada, en sus cabellos lacios y de un color más o menos oscuro, sus ojos color verde como dos esmeraldas pulidas y su naríz minimamente respingada detallada con un piercing pequeño que le daba el toque a su belleza.
*Puedo?- Señalé el dardo del color opuesto al suyo.
-Claro que sí- Sonrió ampliamente. Primera impresión: Muy alegre, aunque pareciera seria se nota empática, y simpática. Por dentro debe ser sensible.
*Como es tu nombre?-
-Lauren, el tuyo?- Me miró a los ojos sin divagar.
*Camila, un gusto- Le dedique un sonrisa que fue correspondida.
-El gusto es mio-
Chocamos nuestros dardos como si se trataran de dos botellas de cerveza.
Empezamos el juego pero ella no lograba tirar en línea recta, y me sentí en la obligación de enseñarle, pues no quería ganarle tan fácil.
*Mira, tienes que hacer así. Dobla brazo, visibiliza el cuadro y estira a la vez que sueltas. No es tan difícil- dije largando el dardo que quedo en el centro. Me acerqué a quitarlo y desde mi lugar le exclame- tienes que hacerlo con fuerza para que se sitúe aquí- posicione mi dedo indice de la mano derecha en el centro del cuadro. No pasó ni un segundo de su movimiento y de mi dolor punzante en el dedo. Sucedió lo que no debía suceder, muy mal mi movimento de poner el dedo allí, ella, por su parte, llevo a cabo mi consejo y tiro con fuerza clavandome el dardo en el dedo, que por suerte no se quedó ensartado allí sino que sólo lastimó (mucho) y luego cayó al suelo. Hice una sola mueca de dolor y ella corrió a socorrerme.
*Auch!- Fue la vergonzosa exclamación que me salió en el momento, luego, me lleve el dedo a la boca. Brotaba mucha sangre de allí y tuve que agarrar una servilleta de papel de la mesa más cercana.
-Dejame, yo te curo.- Sacó de su bolso un mini botiquín de primeros auxilios. Me curó el dedo de forma higenizada y simple, como si fuese doctora.
*Que elegancia la de ésta venda, en tu otra vida fuiste doctora?- Miraba una y otra vez mi dedo por la perfección con que había hecho el vendaje. No hay nada más hermoso que las cosas bien hechas.
-En ésta vida- Levante la mirada a sus ojos verdes.- Un gusto, doctora Lauren a sus órdenes.- Me sonrió de manera encantadora.
*Eso sí que fue una sorpresa, aunque sé que está mal a veces que me dejo llevar por apariencias, parecías artista.- Le sonreí avergonzada.
-Quizá en otra vida- y río.
Quedamos en silencio y comencé a ponerme nerviosa, de un momento a otro ella miró mis labios, se acercó de forma lenta y los limpio con una venda.
-Tenías sangre de tu dedo en tus labios.- me miró, desde muy cerca, fijo a los ojos. Pero se alejó y cambió de tema.
-Tienes un aspecto muy liberal, creo que sí viene una chica y te pide un beso se lo das.- La miré fijo porque sacó el tema de la nada misma, parecía que era algo que venía pensando de hace rato y sintió la necesidad de hablarlo.
*La vida es corta, hay que probar de todo y no quedarse con las ganas. Tu te has quedado con las ganas de un beso?
-A una chica?- Exclamó sorprendida
*A la persona que sea. -
-Si te soy sincera, muchas veces. Me atrae la gente carismática, que te hace reír y me he cruzado tanta gente así, me he quedado con ganas de más.
*Y que te lo impide?- Sostuvimos la mirada unos segundos hasta que se oyó alguien gritar su nombre.
-Debo irme, fue un gusto de verdad,y lo lamento tanto por tu dedo.- Besó mi mejilla de forma que sentí sus labios en mi piel.
*Adiós- Hice una mueca de agrado y largué todo el aire contenido de esos últimos segundos.
Fuí a la barra, me pedí una botella de cerveza y luego de pagarla me fuí caminando hasta mi departamento.
Las calles solitarias daban a pensar que la gente de aquí se duerme temprano, ya eran las 22:00 de la noche de un domingo cualquiera.
Llegué a mi departamento luego de haber esperado un rato el ascensor. Deje la botella vacía en la isla de cocina, me dirigí a mi habitación, me puse mi pijama, me lavé los dientes y me acosté.
Cabe destacar que los próximos minutos en la cama fueron debastadores, no pude dormir por mi dedo lastimado, me ardía y me palpitaba. Estaba totalmente despabilada, y debía dormirme rápido puesto que al otro día era mi primer dia de trabajo.
Me levanté de la cama de mala gana, quite la venda perfecta y me desinfecte, volví a vendarme, pero ésta vez intentando imitar la venda perfecta anterior y me acosté. Al cabo de unos segundos caí en un profundo sueño.
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Hospital Loise Rithman
RomantikEl ambiente de un hospital con sus cosas buenas y malas, amores, desamores, encuentros casuales, secretos, mentiras, muertes y sufrimiento.
