Dominación

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El primero fue el más difícil, como imaginarás.

Déjame ponerte en perspectiva. Si tú tuvieras que aprender... no lo se, a ser estilista por ejemplo, tendrías que ir a una escuela donde te enseñarían los principios básicos: a lavar el cabello, usar las tijeras y hacer algunos peinados, pero hay cosas que una debe aprender en el ejercicio diario de la profesión, como poner shampoo de forma que no caiga en el ojo, saber recomendar el mejor tono de tintura para que pegue mejor con el cabello y la cara del cliente, saber que marca de loción es mejor, y cosas que una debe aprender por que son necesarias, cosas de todos los días, parte de tener un ambiente de trabajo limpio y ordenado, como cuando se barre el cabello que cae en el suelo y se tira a la basura.

Bueno, imagínate que tuvieras que cortarle el cabello a una persona, y no hubiera nadie para enseñarte. Que de hecho, sea ilegal hacer peinados, y por ende, no hubiera escuelas de estilistas en ninguna parte. Tendrías que aprender todo sobre la marcha. Y bueno, eso fue lo que pasó.

La primera vez fue más impulso de planeación.

Decir que estábamos emocionadas es poco. No sabíamos cómo decidir quién sería la primera, así que lo dejamos a la suerte. O más bien, lo dejamos a decisión de él.

Estábamos en un bar lleno de gente, de modo que si él venía a hablarle a alguna de nosotras, esa debía llevarlo al departamento. Esto era un poco injusto, debo decir, porque Candance era de las tres la más atractiva. Y las probabilidades estaban a su favor. Pero sorprendentemente eligió a Jennifer.

Las tres estábamos nerviosas pero, sabía que Jen tenía una mayor expectativa de modo que supuse que tendría una presión más grande por hacerlo bien y un razonable temor ante la posibilidad de hacerlo mal.

Acordamos reunirnos en el departamento luego de una hora y media, tras la cual Jen ya debería haber terminado.

Cuando llegamos, el lugar estaba hecho un desastre. Los muebles volteados, vidrios astillados en el suelo, marcas de lucha en la pared y mucha sangre por todas partes. Seguimos la sangre del suelo hasta el baño donde hallamos a Jen que se estaba aseando, toda moretoneada y despeinada, pero viva. Sonrió al vernos entrar. Y el tipo...bueno, estaba vivo aún. Agonizaba. Pero vivía.

Estaba semidesnudo, desangrándose lentamente en la bañera.

-No entiendo, si la pelea tuvo lugar en la sala principal, ¿cómo llegó la víctima a la bañera?- preguntó el detective Walker.

-Bueno, yo se la historia pero es mejor que le pregunte a ella sobre eso.

El cuarto de interrogación estaba frío, aunque a la chica no parecía importarle. Esposada a la mesa. Vestida con un vestido blanco un poco sucio, rasgado en la pierna, el peinado desarreglado, el maquillaje corrido y el ojo morado. La detenida se veía calmada y hasta este momento había estado cooperando, como pocas veces había visto en un criminal. Era hora de pasar a la siguiente habitación.

Walker suspiró resuelto. Se levantó de la silla. Salió del cuarto y pasó hacia el espacio de observación que grababa todo lo que se decía. Stephen Leigh, el fiscal general, estaba con los técnicos.

La detenida, Abigail Carr, a la que veían tras el espejo unidireccional, se mantenía mirando un punto fijo en la pared, inmóvil, pero relajada.

-Me sorprende que no hayan pedido un abogado, es decir, dada la situación en la que se encuentran.- dijo el fiscal.

-Tal vez intuyen que no tiene sentido defenderse a éstas alturas.- dijo el detective Walker, prendiendo un cigarrillo.

-No puede fumar aquí, detective.- avisó uno de los técnicos.

Chicas RotasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora