El adiós

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El único sonido en la habitación, era el suave tintineo de las campanas de viento y la calmada respiración de Percy. Incluso estando a su lado, resultaba difícil para Annabeth poder escucharlo.

El cielo de la tarde había adquirido una tonalidad anaranjada. El agua del lago que rodeaba su hogar eran calmadas. Fuera de la habitación, los amigos y familiares cercanos a Percy esperaban lo inevitable.

Los ojos grises de Annabeth permanecían perdidos en la distancia, estudiando el rostro de la imponente estatua de Percy en el Campamento Mestizo. Se mostraba como el joven muchacho que hace mucho tiempo había dejado de ser.

"Parece que fue ayer" murmuró Annabeth, que te encontré en el bosque de aquella fría noche ¿Puedes recordarlo?, Yo si y es muy extraño. ¿Cómo podríamos haber sabido que nuestras vidas estaba a punto de cambiar para siempre? Éramos tan... tan jóvenes...

Volvió la vista hacia su esposo.

El hombre le sonreía con la ternura de un niño pequeño. Ella le regreso la sonrisa, mientras extendía su mano para tomar la de él. Tenía un tacto cálido y agradable. La piel estaba arrugada, como el cuero curtido.

Los años habían vuelto blanco la barba de Percy al igual que su cabello, antes color negro. Sus ojos verdes estaban rodeados por profundas marcas propias de la edad.

"Parece que fue hace tanto tiempo, algo qué le pasó a otra persona en otra vida" dijo Percy, suspirando. Annabeth estrechó su mano con más fuerza. "Hace tanto tiempo..."

"No, no fue hace tanto" ella se sentó junto a él. La cama de hundió por su peso. "Nada de esto es justo. Eres joven para estar así..."

"Annabeth" le interrumpió Percy con calma. "Tengo setenta y seis años y estoy muy cansado" suspiro profundamente. Su pecho subió y bajo con calma. Annabeth bajo la vista a la mano de Percy, observando las venas azuladas bajo la piel pálida. "Pero, me gustaría tener un poco más de tiempo, a decir verdad"

"Puedes tenerlo" la sugerencia salió de los labios de Annabeth con necesidad

"Tenemos el Vellocino de Oro. Estoy segura que puedes mejorar con él si la usas..."

El hombre negó. Había rechazado esa idea la primera vez que ella la sugirió. No iba a dar marcha atrás ahora.

"Mi tiempo está terminando, cariño; ahora debes dejarme ir. Quiero descansar, sólo un momento, cerrar los ojos y dormir..." sus ojos se apartaron de ella, recorriendo el techo viendo algo que ella no podía. Una tenue sonrisa nació en su rostro. Parecía muy feliz. "Ey, estaré bien. Podré mirar de nuevo a Mamá y a Jason ¿No?. Incluso a Nico y a Zoë. Será agradable estar con viejos amigos"

Annabeth sintió las lágrimas tras sus ojos. Su cuerpo temblaba con miedo mientras sollozaba. Habían perdido a tantas personas.

"No quiero perderte, Percy, ya no soy tan fuerte..." su padre, sus amigos, sus hermanos y ahora su esposo. Estaba cansada de despedirse. Por primera vez quería actuar como una niña asustada. Quería que alguien la consolara. Se prometió que algún día permanecería en cama y se daría el lujo de no ser fuerte.

Pero no podía ser ese día.

"Eres más fuerte de lo que yo nunca fui alguna vez" con dificultad, Percy extendió su mano para limpiar las lágrimas del rostro de Annabeth. "Realmente me gustaría tener más tiempo, para poder corregir mis errores. Quisiera decirle a Oliver cuan orgulloso estoy de él y lo valiente que es. Quisiera abrazar a Kiara para que sepa que la amo. Me gustaría estar cuando nazcan nuestros nietos y poder decirte cada noche que eres la persona más importante de mi vida".

Annabeth llevo la mano de Percy a su rostro para sentir su calor. Necesitaba abrazarlo y saber que estaba aún con ella.

"Hace mucho que estoy listo para esto" aseguró Percy. Las yemas de sus dedos eran rígidas. "Pero aún así tengo miedo. Sé que te..."

La tos lo interrumpió. Annabeth lo ayudó a recostarse. Le extendió una taza de té caliente pero él la rechazó.

"Estoy cansado" repitió, estremeciéndose. Annabeth se inclinó, acariciando con sus callosos dedos la frente de Percy. Ella lo amaba demasiado para dejarlo ir. No estaba lista. Deseaba poder volver el tiempo atrás, cuando viajaban por el mundo, cuando apenas tenían trece años y se preocupaban por la guerra, por Luke, Cronos y Gaia.

¿Cuando las cosas cambiaron tanto? ¿Como Percy se había vuelto algo tan importante en su vida?

Annabeth podía recordar el día de su boda. Como Percy parecía tan nervioso y entusiasmado. Cuando nació su primer hijo, Oliver, y pudieron sostenerlo en brazos. Todo había sido un parpadeo, todo tan rápido...

Ella era su ancla en el mundo, pero él era su todo.

Levanto la mirada al sentir como Percy acomodaba un mechón de cabello detras de su oreja. Sonreía, como si nada de eso estuviera pasando. Sonreía con la misma felicidad que siempre había tenido.

"Listilla, necesito preguntarte algo" susurró. Annabeth soltó una pequeña risa entre sollozos. Aquellas habían sido el primero de los muchos apodos que él le puso. "¿Seguirás adelante sin mi? Necesito saberlo, Annabeth. No puedo irme, sin saber que seguirás adelante incluso cuando yo ya no este".

Annabeth asintió con debilidad. Un nudo se formó en su garganta. No podía detener el torrente de lágrimas cálidas que bajaba por sus mejillas.

"No me dejaré caer. Luchare, hasta mi último aliento para mantener a salvo el mundo que creamos juntos" le prometió Annabeth. Una lagrima corrió por la mejilla de Percy.

"Annabeth, tú eres mi mundo" la debilidad era visible en su mirada. La mujer empezó a llorar aún más al darse cuenta como los párpados de Percy caían con cansancio. "Gracias, por todo..."

Con suavidad, ella se inclinó hacia el rostro de Percy. Unió sus labios con los de él sintiendo la calidad y suavidad en ellos. Todo a su alrededor se volvía gris, en jirones de humo sin importancia. Solo existían ellos dos en un mundo de sombras y susurros. Había tanta necesidad en ese beso, tanto dolor y amor al mismo tiempo. Que normal había sido aquello antes, lo había hecho tantas veces...

Antes había sido algo tan rutinario, pues sabía que tenían el tiempo del mundo para repetirlo. Se había vuelto una costumbre.

Ahora era una cruel despedida.

Sus labios estaba aún unidos, mientras la mano de Percy lentamente se deslizaba fuera de la suya, perdiendo la fuerza con la que antes la había sostenido.

Annabeth unió su frente con la de él temblando, acariciando su rostro con ternura y dolor.

"No me dejes..." su susurro fue tan débil y lleno de anhelo. Se sentía indefensa, sola y pérdida como nunca antes lo había estado. Alguien presionaba su pecho con fuerza. Quería que se detuviera. "Por favor, no..."

Mientras las campanas se detenían y el armónico sonido dejaba de escucharse arrastrando consigo los sollozos débiles de la mujer, mientras el mar empezaba a llorar por la perdida de su hijo.

El tiempo pasa y nunca vuelve atrás. Vivimos en constante cambio, en constante evolución, sumidos en rutinas estresantes, viendo cómo el tiempo se nos escapa de las manos sin que seamos plenamente conscientes de ello.

 Vivimos en constante cambio, en constante evolución, sumidos en rutinas estresantes, viendo cómo el tiempo se nos escapa de las manos sin que seamos plenamente conscientes de ello

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