Evasivas

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Después de ver aquella marca, empecé a obsesionarme.

Incluso James notó que algo extraño pasaba pero con sus constantes intentos de hablar con Irina y el rechazo de esta, lo dejó pasar.

La marca era un círculo grueso, con cuatro runas alrededor y una en el centro. El dibujo era bastante claro con los detalles y estaba seguro que las marcas en los hombres lobos, también.

Esa tarde, volví de la biblioteca con tantos libros que muchos me quedaron mirando como si fuera un fenómeno. Dos montañas de textos sobre lenguaje arcano que fui repasando detalladamente. Todos tenían títulos prometedores: "Simbología de hechizos de control", "Tatuajes mágicos y maleficios", "Runas de encantamientos grabados" y "El Gran Libro Arcano de Marcas Mágicas".

Sin embargo, lo único que conseguí fue un serio caso de tos  y llenar de polvo mi lado de la habitación. James me miró interrogante pero negué con la cabeza y pareció aceptar mi silencio sin reparos. Se tumbó sobre la cama y empezó a hechizar cualquier objeto que se encontrara en el escritorio. Nos quedamos así hasta la noche, sin pronunciar una palabra.

Finalmente, James se cansó de que la pluma cambiara de colores y se volvió hacia mí.

—¿Puedo saber por qué has decidido convertirte en el ayudante de limpieza de la biblioteca?

—Otro día, James, de verdad.

Tiré el último libro sin ganas y recosté la cabeza en el borde de mi cama. Me ardían los ojos. Aun así, no pensaba consultar con ningún alumno de Lenguaje Arcano Avanzado ni con un profesor.

—Entonces cambiemos de tema —aceptó él—. ¿Qué piensas de ir a dar una vuelta por el bosque?

—¿Por qué querrías volver allí?

—Porque es jodidamente genial. He estado seis años en Fibener y apenas pasaban dos cosas interesantes al año. Llevo menos de tres meses aquí y ya han sido dos hombres lobos y una vampiresa. No me puedo quejar.

—El bosque es peligroso.

—Eso ya lo sé, Kyle, Estudio de zonas ha sido claro. El bosque de Diringher mide casi noventa kilómetros y no soy idiota como para creer que no se ocultan cosas prohibidas en algún lugar. Y menos después de los hombres lobo. Sólo que me parece extraño que siempre nos hayan encontrado y ya es tiempo de encontrar de dónde salen. No hemos dicho nada a Rushton para no involucrar a la Cofradía. ¿Por qué? Es nuestro deber.

—Creí que era porque no teníamos permiso para estar en el bosque sin autorización.

—Eso fue en Halloween, pero no cuando Robson nos mandó a limpiar energía demoniaca.

—Ya lo habíamos matado. Si la Cofradía intervenía sólo hubiera sido demasiado papeleo probar que fue legítima defensa. Ni siquiera estaba registrado como cercano al castillo.

—Pero se nos está escapando de las manos. Tú y yo sabemos que no son hombres lobos normales. Hay algo raro, Kyle. Bastaría con escribirle a mi padre para que enviara una brigada de la Cofradía que nos aclarara algo.

—¿En serio?

—No —dijo él con ironía—, sólo quiero una orquesta para llevarle serenata a Irina. ¿Tú qué crees?

Me encogí de hombros.

—Entonces…

—No lo sé, James, a veces es mejor no forzar las cosas. No podemos sólo… ¿hacer de cuenta que nunca pasó?

—Si hiciera eso, tendría que olvidar que Irina me besó y no pienso hacerlo en lo que me resta de vida.

Cogí otro libro y hundí la nariz en las hojas antes de que empezara a hablar de ella como la octava maravilla igeriana.

La marca del lobo (Igereth #1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora