IV. La casa de Foller

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¿Escuché bien? ¿El sonido de la lluvia al chocar contra la superficie no lo distorsionó? Quería que ése jodido mentiroso regresara, y lo repitiera. Necesitaba una explicación. Pero sólo lo observé atravesar el jardín a paso rápido, mientras sacudía el maltrecho paraguas. Tal vez quería regresarlo a su estructura presentable, y cubrirse con él, pero la brisa se lo volvería a impedir.

Una vez más, algo se removió en mi estomago.

De estar enojada, pase a sentirme culpable.

Todos estos irritantes sentimientos me ponían ansiosa.

¿Lo haría? Antes de darme cuenta, lo estaba haciendo. Corría bajo la lluvia, y me detuve justo después de salir de mi propiedad. Logré divisarlo en la esquina, y grité su apellido, lo que lo hizo voltear de inmediato, y detenerse en seco. Nos contemplamos mutuamente por unos segundos, hasta que él decidió regresar trotando, y se detuvo frente a mí. Observé que su sereno rostro había contraído levemente una mueca de preocupación.

-¿Sucede algo malo? -Young me preguntó.

-No... -respondí en voz baja. El hecho de que me costara decirlo, me cabreaba. Así que terminé por pronunciarlo de manera mecanizada y hostil-. A casa. Te daré una toalla. Prepararé té. Vamos. Ahora.

Él ensanchó una sonrisa, pero no sólo eso, parecía a punto de echarse a reír.

-Pareces tan incomoda -dijo con una pizca de gracia-. Justo como cuando estábamos caminando.

-¡¿Qué? -exclamé.

-Vamos adentro -dijo ignorando totalmente mi exclamación, y posándose a mi lado-. Muero por pobrar ése té.

Lo seguí de regreso por el jardín, levemente estupefacta por su confianza. No me hubiese sorprendido que hubiese intentando girar el picaporte de la puerta para entrar como perro por su casa. Por su bien, se limitó a esperar a un lado a que yo sacara las llaves de mi bolso para que pudiésemos entrar.

-¿Tu familia es Británica? -me preguntó después de cerrar la puerta detrás su espalda.

Arrugué el entrecejo.

-No. Sólo me gusta el té -argumenté mientras me dirigía al pequeño armario junto a las escaleras-. La cocina está a la derecha, puedes esperarme allí.

No oí respuesta alguna, por lo que supuse que ya había abandonado la sala.

Busqué toallas gruesas entre los estantes, y elegí una blanca para mí, y otra vinotinto que le daría a él. Cuando cerré la puerta del armario, y me di la vuelta, di un leve respingo al observarlo a pocos metros de mí. Estaba ligeramente inclinado, mientras contemplaba las fotografías enmarcadas sobre una mesa.

Me aproximé a él, con las toallas en las manos, cuando escuché pasos y una voz que me llamaba desde el segundo piso.

-Jessy, ¿ya estás en casa? -dijo mi pequeña hermana, asomándose curiosamente por un costado de la pared, a la cabeza de la escalera. Estaba vistiendo su pijama favorito rosa, y llevaba el cabello castaño en una coleta alta, y desarreglada.

Su mirada pasó de mí, a posarse en Young, quien también la estaba observando, y decidió sonreírle.

Ella le devolvió el gesto.

-Kaya, espero que no estés descalza -le dije con tono de advertencia.

La vi abrir sus pequeños ojos, y pegar un gritito, mientras salía corriendo de nuestra vista.

Sonreí, y me di la vuelta, para encontrar a Young contemplando nuevamente las fotografías.

No, realmente, estaba observando una en especial.

Conduciéndome a la locuraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora