XXV

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Domingo 18 de mayo del 2014: Primera Semana.

Emma no paraba de llorar. Renegaba la comida. Ya no le importaba el trauma de ser esbelta, sólo quería morirse ahí mismo. Había dejado de vomitar y también de comer. Los ojos estaban hundidos y los bordes estaban rojos, casi se podría decir que con sangre.

También le había pedido a Chloe —que la iba a visitar diario— que le diera un par de botellas para olvidar las penas, pero ella se negó y ese mismo día Emma la botó de su departamento.

No había visto a Bruno desde lo que pasó con Lucas y no tenía ganas de verlo tampoco. Pensó que Lucas, cuando creciera, sería parecido a Bruno, así que lo consideró una tortura. Ni Bruno ni Emma se querían ver, y así lo mantuvieron.

Domingo 25 de mayo del 2014: Segunda Semana.

El aspecto de Emma empeoró. Sus ojos se habían chupado más y tenían una sombra purpura en forma circular alrededor de ellos. Su cara era pálida siempre que no lloraba, pero cuando lo hacía, era una tonalidad roja que causaba lástima. Y ni hablar de su peso, estaba peor que un palo, y la clavícula era muy visible, como si la carne de la piel no estuviera allí.

Domingo 1 de junio del 2014: Tercera Semana.

Las muñecas de Emma ya no estaban, parecían ausentes, eran diminutas, cualquier desconocido se sentiría aterrado de ver una imagen así en vivo.

Chloe había empezado a obligarle a comer, pero Emma renegaba. Empezó a optar por hacerle licuados y que ella los bebiera, así al menos se alimentaría de algo.

La culpa de Emma había crecido y ella se desquitaba jalándose el cabello, golpeándose a sí misma, esperando que la matara. Se había dejado pequeñas calvas en la parte trasera y eso empeoró su aspecto.

Domingo 8 de junio del 2014: Cuarta Semana.

Emma había comenzado a oler mal. No quería cepillarse los dientes, bañarse… Peinarse su maltratado cabello.

Chloe ese día la había obligado a asearse, y aunque fue difícil, lo logró. Emma se había puesto un nuevo pijama. El esmalte de los dientes ya no era blanco, pero aun así, que Chloe la obligara a lavárselos, mejoró su aliento. Su mejor amiga llamó a un peluquero y este dijo que no había más remedio que cortarle el cabello muy corto, y con muy corto quiero decir: tan corto como un corte que llevaría un chico. Emma accedió porque no le importaba nada, dijo que le raparan si querían, pero Chloe no hizo eso, no se lo permitió al peluquero. 

Domingo 15 de junio del 2014: Quinta semana.

Los labios, los ojos, las manos, los brazos, las piernas… Toda ella estaba débil. Se veía terriblemente mal.

Chloe llamó a un doctor, pero éste no quiso atender a Emma porque dijo que era un caso perdido. Chloe lo sacó insultando y no le pagó ni un quinto. Emma le dijo que no tenía que llamar a doctores, que de todas formas algún día se moriría.

Chloe estaba en la sala mientras Emma dormía. Ella ya iba todos los días a visitar a Emma y se le hizo como una segunda casa.

Bruno apareció en la cocina, pero no le saludó. Él se había vuelto distante y casi nunca estaba en el departamento, y cuando lo estaba, pasaba encerrado en su habitación.

Chloe se levantó del sillón y se acercó a Bruno.

—Tienes que verla —le lanzó directamente.

Bruno sirvió un vaso con agua.   

—No quiero. No puedo.

Iba saliendo de la cocina cuando Chloe se le puso en frente.

—Por favor, Bruno. Ella está… —La garganta le dolía. El nudo estaba muy bien puesto allí en su cogote—. Está mal.

Bruno se hizo a un lado sin responder nada y Chloe escuchó la puerta de su habitación cerrarse, con seguro y todo.

Domingo 22 de junio del 2014: Sexta Semana.

El estado de Emma era horrible. Ya no sólo los ojos estaban chupados, sino también su cara. Sus pómulos, su cuello… todo en ella estaba hundido.

Alex no la había visto. Se había ido de viaje con Claire, aunque la bebé no recordaría, quiso empezar sus recuerdos desde allí. Siempre preguntaba por Emma y Chloe le mentía un poco para que no dejara de disfrutar su viaje.

Había llegado el día que Alex pudo ver a Emma, y Chloe, se resignó fijándose que su mentira era insostenible.

Alex abrió el picaporte de la puerta de la habitación de Emma y los ojos le escocieron cuando la vio. Ya no tenía el cabello largo que había tenido antes, lo tenía fino, maltratado y corto. La cara, sus huesos… Se veía peor que enferma. Sus labios resecos y las uñas un poco largas y amarillas. Parecía muerta.

Estaba muerta en vida.

Tenía los ojos cerrados. Alex, presa del pánico, corrió a ella y se sentó muy rápido en la cama. Dos dedos le tomaron el pulso y él pudo volver a respirar. Estaba viva aún, era lo único que le importaba.

Ella abrió los ojos, pero no dijo ni hizo nada cuando lo vio. Permaneció inmóvil, inerte.

—Emma. Soy Alex. ¿Puedes hablarme? —Las calientes lágrimas resbalaban por el rostro del muchacho mientras él cubría la mejilla de Emma con una mano.         

Silencio. No respondió.

—Emma, sé que puedes. Háblame —suplicó.

Pero no. Permaneció callada.

Él se limitó a pensar que entonces Emma no tenía ni fuerzas para hablar, así que, con melancolía, le contó que tan maravilloso fue su viaje con Claire.

Domingo 29 de junio del 2014: Séptima Semana.

Bruno finalmente la visitó. Emma no hablaba, se había quedado muda. Él sollozaba, lo más silencioso que pudo, pero Emma permanecía inexpresiva, como muerta.

Las visitas de Alex también se hicieron constantes. Un día la besó levemente, pero ella no hizo nada, sus labios no respondían. Lo único que le dio esperanzas a Alex fue que al final del beso, una lágrima cayó del ojo derecho de Emma. Y él sollozó.

Domingo 6 de julio del 2014: Octava Semana.

Emma ya no parecía poder sobrevivir así. Los cuatro, su única familia, tuvieron una junta —una conversación, mejor dicho— seria respecto a ella. Decidieron que era hora, que Emma iría al hospital, sería internada, y bajo los cuidados de las enfermeras, se curaría.

O eso creían ellos.

Una historia de bulimia másDonde viven las historias. Descúbrelo ahora