Capítulo veinticinco

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Los golpes que daba Bieber, me dolían incluso sin recibirlos. Su mejor amigo cayó al suelo, y aprovechó para coger el bate que usaba de arma, antes de darle con él, Ryan giró, y le golpeó en su abdomen para debilitarlo.

—¡No os peléis!

Me escuchaban todos, menos ellos. Dos vecinos salieron con la intención de ayudar, me dejaron a un lado, y se acercaron hasta los amigos, no podían con ellos, se separaban y volvían a unirse para pegarse.

El hombre mayor le apartó el bate, y Justin no le dio importancia, seguía dándole con sus puños y patadas en todo su cuerpo. Ryan intentaba esquivarlo, y parecía que temía golpearle. Respetaba mucho a su amigo, incluso con su actitud odiosa.

Quedaron rodando por el suelo, siguiendo bajando la carretera, los coches los esquivaban, en cualquier momento podían atropellarlos. Corrí hasta ellos, tropezando con mis propias zapatillas.

Justin obtuvo de nuevo su bate, y empezó a golpear de nuevo, por suerte Ryan se levantó para esquivarlo. La sudadera de Ryan y el cuerpo de Justin estaban completamente ensangrentados.

El bate estaba a punto de impactar en el cuerpo de su mejor amigo, y no frenaría su brazo. Corrí hasta Justin con la intención de frenar su mano y apartar aquella arma que utilizaba.  Era una locura, y más cuando salí herida.

—¡Jude! —Gritó Ryan.

El mismo bate me golpeó en la mejilla, sintiendo un dolor horrible, ardiendo. Mi propia saliva sabía a sangre, toda mi boca estaba ensangrentada. Caí al suelo del dolor, era horrible, quería morirme.

Temblaba sin saber porque, caí al suelo y me alejé de ellos dos. No dejaba de gritar mi nombre, quería ver la herida que me hizo Justin con aquel maldito palo de madera. Si no lo hubiera recibido yo, seguramente Ryan estaría tirado en el suelo.

Me levanté con dificultad, y sentí una mano ayudándome a caminar. Cuando reconocí a la persona me aparté rápidamente, no quería ver a ninguno, a nadie.

Temía perder todos los dientes, en unos segundos la mitad de mi cara se quedó dormida. Sentía como escocía la mejilla, como la sangre no dejaba de salir. Me arrodillé al suelo sin poder dar ningún paso hacia delante. Mi camiseta blanca había cambiado de color, ahora era roja.

La carretera se quedó un camino de gotas de sangre, desde el bate hasta mí. Vi como Justin quedaba delante de mí como me hablaba en voz baja y suave. Quería que levantara la cabeza para poder ver la herida con sus ojos.

Débilmente intenté empujarlo dejando recostada mi mano en su pecho, empujé y la fuerza me falló. Cuando vio mi mano tocar su pecho al descubierto, la cogió para dejar un beso. No quería sus caricias, ya no quería nada él.

Intenté mover el labio para decirle que me soltara que quería estar sola, y no verlo nunca más. Pero el labio roto me lo impedía, y era muy doloroso.

El sonido de una ambulancia resonó en nuestros oídos, venía a una velocidad común para cuando alguien se encontraba herido.

 Agradecí que alguno de los vecinos avisara que me habían visto herida. Dos hombres bajaron, y me levantaron del suelo para llevarme hasta dentro del vehículo.

 —¿Quién es el hermano? —Preguntó el hombre más mayor—¿Ninguno?

—Exacto—Respondió Ryan.

—¿La conocéis?

—Por supuesto que sí—Justin parecía nervioso.

—Solo uno puede acompañarla.

Vi como se alejaban del hombre, discutiendo de nuevo quien de los dos me acompañaría hasta el hospital. Uno de los paramédicos empezó a limpiar toda la sangre que salía de mis labios, mientras tanto yo los miraba sorprendida.

—Tú te vas a tu puta casa.

—Una mierda, vete a otro lado.

Empezaron a pelearse de nuevo, a insultarse delante de todos. El hombre les dio un toque de atención y se acercaron de nuevo.

—Que elija ella.

—Por supuesto—Ryan parecía victorioso.

Se acercaron con la misma chulería y quedaron delante de mí. El paramédico me dijo que sostuviera  una venda, y que no la apartara en ningún momento.

—Pequeña, ¿Quién quieres qué te acompañe?

Lo pensé bien, muy bien, no podía cometer un error. Ryan cambió, era atento, simpático, pero estaba demasiado cariñoso y no entendería que yo no lo podía querer. Y luego estaba Justin, alguien que he querido, que consiguió que rompiera las reglas de mi padre, el chico duro que me engañó.

—Preciosa—Miré a Justin por unos momentos—Te suplico ir contigo.

—Jude— Ryan apartó a Justin—Yo nunca te haría daño.

El tiempo pasaba, y yo debería de estar hospitalizada para que cortaran aquella hemorragia de sangre. Los miré a los dos, y casi tenía la respuesta.

—¿A quién? —Volvió a preguntar el paramédico.

—Elijo—Era difícil mover los labios—Elijo a ....—Y ahora venia la parte dolorosa.

—Y ahora venia la parte dolorosa

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My tough boyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora