Ahmena y Dhivano [Terminada]

By lulysky

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¿Alguna vez oíste de la Maldición de la Luna Negra? Conoce la historia del amor de Ahmena y Dhivano, dos aman... More

AHMENA Y DHIVANO
1.- "La noche oscura en el rió Loira "
2.- "El otro nacimiento de la Luna negra"
3.- Un Amargo Adiós
4.- "En Busca del Origen en Nantes "
5.- "El funeral de una Reina; Madeleine"
6.-¡Decisión difícil la adopción!
7.- "El Frío Bautizo"
8.- "La Invitación de la Muerte"
10.-Francois Charpentier
11.- "¡Tomando Decisiones!"
12.- "La Habitación"
13.- "El Príncipe y los Gitanos"
15.- "La boda Gitana ; ¡Luba Leroy y François Charpentier ¡"
16.- "La Muerte; ¡Que Asecha¡"
17.- "El príncipe; ¡y su gran rechazo a su Coronación!"
18.-"El Príncipe; ¡Su Huida!"
19.-"El príncipe;... y al fin de su aceptación de su Coronación Real"
20.-" El Comienzo de Una Historia de Amor"
21.-"La Aceptacion...el Nuevo Espectáculo"
22.- "El gran enfrentamiento; ¡Los Sentimientos de Donatien¡"
23.- ¡Es la hora de la diversión!
24.-"La actraccion de 2 jovenes rebeldes"
25.-"El gran Amor; Nace en el Rio Loira¡"
26.-¡El dulce amargo del amor que ha florecido en los corazones!"
27.-La gran Celebración Y La Nobleza Impertinente.
28.-"La Odalisca de la Luna Negra"
29.-"La invitación del Rey"
30.-"Efrentando las verdades del corazon"
31.-"Fascinación y la nueva propuesta"
32.-"El almuerzo con el Rey"
33.-"Revelando Los Verdaderos sentimientos"
34.- "Viendo el fantasma; ¡madeliene!"
35.-¡Enamorándose Cada Día Más!
36.-"El Rey y sus Verdaderos Sentimientos; ... Ahmena"
37.- "¡Amor secreto y prohibido en el palacio!"
38.- "Libertad"
39.- ¡El paseo!
40.- ¡Efrentando la realidad!
41.- "La cortesía del Rey"
42.-¡La propuesta hacia una aventura!
43.- "Cumpleaños Real"
44.-"Celos de un Rey"
45.-"¡Las disculpas de un Monarca!"
46.- ¡Celos de un Hermano¡
47.-"Entregandose al Amor y la Propuesta a un Matrimonio Prohibido"
48.- "Aceptando la propuesta de matrimonio"
49.-"¡La furia del Rey!"
50.- "Ahmena defendiendo su amor encontra de su familia"
51.-"La ceremonia gitana de Compromiso"
52.-"La trampa del Rey; matrimonio arreglado"
53.-"Algunos secretos familiares; ¡ al fin revelados!"
54.-_"El mensaje del matrimonio real"
55.-"la renuncia a la corona"
56.-"El Terrible Acto por un Amor Obsesivo"
57.-"¡La búsqueda de Dhivano¡"
58.- "El dolor más grande al corazón de Ahmena "
59.- "Ahmena en el Castillo de los Duque de Bretaña"
60.- "Terribles Actos de un Rey"
61.-La verdad del origen de Ahmena
62.-"Las confesiones de un monarca desquiciado"
63.- "La Vida no Tiene Piedad"
64.-"y más perdidas "
65.- "La Gratitud se Convierte en Amor"
66.-¡La boda real!
67.- "La Reina Muerta"
68.- "¡La gran curiosida de Ahmena por madeliene¡"
69.- "Planeando atacar al Rey"
70.- "El secreto de la maldición revelado"
71.- "El retrato de la reina muerta"
72.- "El ataque al Rey"
73.- "La verdad del pasado"
74.-¡El parto¡
75.-"El sacrificio de la Reina"
76.-¡El comienzo de todo!
77.-"La amarga verdad"
78.-"El secreto de los sirvientes revelado"
79.- "al fin la maldición de la luna negra se cumple"
80.-EPÍLOGO.

9.- "El tiempo ha llegado; la búsqueda de François Charpentier"

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By lulysky

El tiempo ya había pasado ahora Ahmena era una dulce niña de 10 años junto a su familia habían recorrido varios pueblos por el vasto territorio francés las cosas no habían sido fáciles para ellos puesto su hermano Athenois murió tiempo atrás y quedando solos nada más los hermanos Luba y Poupi que les ha costado mucho localizar Marsella por sus incapacidades físicas, eso hizo que no les fue fácil encontrar los caminos que los dirigieran directo a Marsella el pueblo donde localizarían aquel hombre que Luba juro a su hermano Athenois buscar en su lecho de muerte, al fin ellos ya estaban ahí, Luba ya no tenía dinero, ni siquiera alimentos guardados, así que lo mejor sería pedir limosna con la pequeña Ahmena y dejar a Poupi al cuidado de sus pertenencias, como lo han hecho todo este tiempo, dejaron su carreta cerca del pueblo en una cueva que habían encontrado Ahmena y su tío Poupi para refugiarse de la noche.

—Mamá ¿Por qué no dejamos la carreta cerca del pueblo, aquí se quedará sola y nos pueden robar?

—Tu tío Poupi se quedará. No se quedará sola él se quedará a su cuidado.

Poupi resopló y dijo:

—¿Por qué no ir?

—Porque no daremos función, no quiero que se burlen de ti.

La familia sobrevivió largo tiempo de los espectáculos y la caridad. En realidad, quería estar solo con Ahmena para que sea más fácil encontrar a François Charpentier, además levantar espectáculos llevaba más tiempo, y eso podía aprovecharlo en la búsqueda del hombre que necesitaba encontrar.

Ahmena interrumpió sus pensamientos.

—Mamá, presiento que estamos dejando a tío Poupi y la carreta muy lejos del pueblo, caminaremos demasiado.

Luba le respondió:

—No te quejes hija, mejor démonos prisa para llegar, si queremos, aunque sea ganar algo de comida.

—Tío Poupi, espéranos, no vayas a irte.

Poupi le sonrío y le dijo:

—Chi muñequita me quedaré aquí.

Ahmena le dio un besito a Poupi y se alejó con Luba en busca del camino; por suerte encontraron unas personas en el camino y ellos dirigieron a Ahmena y a su madre por el camino que parecía que los llevaría hasta el pueblo de Marsella, ellas al fin llegaron a aquél lugar que tanto deseaban conocer. Les dijeron que se encontraban en el barrio de Palier, donde vivía una gran cantidad de migrantes, mercaderes, pescadores y aficionados a los barcos.

Caminaron a la plazoleta más linda del lugar llamada "La Place De Lenche", y Ahmena dijo a Luba que era el mejor lugar para pedir caridad, porque mucha gente cruzaba. Luba le sonrió, le agarró la mano y ambas se sentaron en el piso.

La belleza y la dulzura de la niña era tal que la gente no se negaba en regalarles algunas monedas, y en poco tiempo lograron reunir suficiente para retirarse.

—Ahmena, ya podemos irnos, hemos juntado suficiente, además pronto lloverá, mis huesos lo sienten.

—Mamá, el día está muy hermoso.

—Verás que pronto lloverá.

—¿Cómo puedes saberlo?

—Desarrollé otro sentido para percibir el clima.

—¿Y si antes de que llueva vamos a conocer el mar?

—Será en otra ocasión, mientras lo buscamos, nos mojaremos demasiado.

De repente la lluvia calló como lo había predicho, y ésta dijo:

—Ya ves hija, ya nos agarró la lluvia.

—¿Esperamos a que pase entonces?

—Si hacemos eso se nos hará muy noche, y sería peligroso para nosotras.

Bueno, ya vámonos mami.

La pequeña Ahmena y Luba recorrieron bajo la lluvia el camino para salir del pueblo, era una lluvia muy helada, y lo que para Ahmena era divertido, empezó a ser muy molestoso, ya que no tenían como cubrirse. Lograron salir del pueblo y se adentraron en el bosque, la lluvia aún seguía.

Mientras caminaban, la niña escuchó un ruido extraño y le dijo a Luba:

Mamá, creo que alguien necesita ayuda, iré a ver, dijo mientras soltaba la mano de Luba.

—No, espera Ahmena.

La pequeña fue con dificultad por ayuda donde escuchó el ruido y, donde ella pensó que había un animal herido, encontró un hombre, de expresiones confiables, con un bigote y una barba en forma de triángulo, sus cabellos eran cortos, era algo musculoso, de tez clara y ojos cafés, su vestimenta en esos momentos era de una camisa de lino blanco con unos pantalones azules rotos y sus botas cafés ya desgastadas por el tiempo. Ahmena vio que estaba borracho y tenía atrapado un brazo en un tronco; el hombre se dirigió a ella con voz leve:

—Niña, por favor ayúdame.

La pequeña se acercó junto a él, le tocó el hombro y le preguntó:

—Señor ¿está herido?

Éste volvió a repetir:

—Niña, por favor ayúdame.

—Ahora regreso, voy por ayuda.

El Señor se desmayó, al ver eso Ahmena corrió a decírselo a Luba.

—Mamá, mamá Luba.

—Niña, ¿Por qué me dejaste aquí sola?

—Perdóname, salí por que escuché un ruido raro y fui a ver que era y encontré un Señor que necesita nuestra ayuda, parece que está lastimado y está como le dices a esos que tienen un aliento feo.

—¿Chispo?

—Sí, está chispo.

—Si es así, entonces debe ser una persona que se lo buscó.

—¿Qué dices mamá?

—Tenemos que irnos, no podemos seguir exponiéndonos a la lluvia.

Ahmena se quedó algo extrañada con la actitud que había tomado Luba, pero aun así no le tomó importancia, y llegaron a la cueva donde Poupi había hecho una fogata, pero al parecer él no estaba ahí.

—Ahmena, ¿ves a tu tío Poupi?

—Parece que no está, dejó sola la cueva con una fogata encendida.

—Le dije claramente que se quedara aquí esperándonos, hablaré muy seriamente con él cuando regrese. Ahora ve a cambiarte la ropa por favor, no quiero que te enfermes.

—No hay tiempo para ello mamá, tenemos que ir ayudar al Señor, que nos necesita, aunque no esté mi tío, tenemos que ayudarlo.

—No, no tenemos por qué ayudar a ese Señor, no tenemos por qué ayudar a un borracho.

—No digas eso mamá, está muy herido.

—Ahmena ese Señor está ebrio, y solo el mismo provocó su estado, nadie más, no es nuestra obligación; eso no lo hace una buena persona.

En ese momento, Lubadine recordó la hostilidad de la gente y como muchos fingían ser buenos para engañar a los gitanos y hacerles daño, no podía quitarse de la mente que tal vez ese Señor que pide ayuda sólo lo esté tendiendo una trampa a su niña y lastimarla. Siguió diciendo a Ahmena:

—Tú no sabes lo que ese tipo de personas son capaces de hacer, son malas y pueden hacerte daño, —Dijo Luba muy desesperadamente puesto no quería que su hija se arriesgará—

—Pues yo no creo que esa persona sea mala mamá, hay gente buena que también nos ha ayudado.

—Lo sé, pero nunca hablé de ese tipo de personas, que son asesinas o borrachines.

—Eso no importa, yo iré a ayudarlo.

—¡He dicho que no niña terca!

Luba no pudo detener a Ahmena, que había salido bajo esa terrible lluvia, para ayudar a un hombre que posiblemente quería lastimarla. Ella en verdad temía que le pasara algo a su niña, pero en esos momentos, el recuerdo y los miedos la dejaron petrificada, además que con su ceguera no podría seguirle el paso. Ella juró que jamás volvería a ser confiada. Sola en aquella cueva, no le quedó más remedio que esperar que Poupi llegue pronto para ir a rescatar a Ahmena, y rezaba porque su niña regresara con bien.

—Señor, por favor protégela, no puedo seguirla por mi ceguera, pero tu si me la puedes cuidar.

Ahmena ya estaba en el bosque, los vientos ya eran terribles, al igual que la lluvia que caía encima de ella, y esto le impedía caminar, hasta que al fin halló al hombre, el cual ya se encontraba despierto, y le dijo:

—Niña, eres tú ¿volviste con la ayuda?

—No, pero no se preocupe, lo sacaré.

—No podrás tú sola pequeña, debiste venir con alguien mayor que tú.

—Verá que si puedo.

Ahmena jaló con fuerza el brazo de aquel hombre. Aunque su cuerpo era pequeño espíritu y sus ganas de ayudar eran más grandes. La niña por fin pudo sacar al hombre.

—Gracias pequeña.

—Tiene a dónde ir Señor?

—Sí, cerca de aquí está mi caravana con mi gente.

—¿Quiere que lo ayude llevándolo hasta donde está su gente? ya que no podrá ir solo.

—No pequeña, tu cuerpo es muy frágil como para llevarme, no podrías soportar mi peso. —las palabras de aquel hombre eran ciertas el pequeño y frágil cuerpo d ella niña no podría llevarlo así que esta, no sabía que hacer así que el hombre le dijo:

—mejor vete con tu familia, mis hombres ya me estarán buscando.

—qué le parece si lo acompaño mientras usted se recupera—sugerido la pequeña por alguna extraña razón ella sentía mucha confianza en aquel hombre.

La pequeña Ahmena se sentó junto al desconocido. La lluvia había cesado, se podía ver una enorme y brillante luna.

—y dime pequeña ¿Dónde está tu familia? Por tus vestimentas estoy seguro que eres gitana

—Lo soy, estamos cerca de aquí, en una cueva estamos acampando.

—Y dime pequeña ¿cuál es tu nombre?

—Me llamo Ahmena. Pero Señor ¿dígame que como es que termino en este bosque?

—Tan sólo admiraba este hermoso paisaje.

—Qué extraño.

— ¿Tú qué haces por aquí pequeña?

—Estaba con mi mamá, estamos de visita al pueblo —Ahmena estornudó fuertemente—

—Veo que te enfermarás por mi culpa niña, por quedarte a acompañarme mejor ve con tu familia no quiero que te enfermes.

El hombre tocó el rostro de Ahmena y dijo:

—Estás caliente.

—No se preocupe por mí.

ya había pasado un rato, cuando un hombre salió de la oscuridad de la noche y al ver al hombre dijo:

—Al fin lo halle jefe.

Aquel hombre era un conocido de aquel hombre.

—sí, ayúdame que mi brazo esta entumido me picaron las hormigas y lo adormecieron

—sí, claro enseguida lo ayudo—el hombre al percatarse de la presencia de Ahmena enseguida pregunto—¿señor y esta niña quién es?

—Es mi nueva amiga, debemos llevarla con su familia ella me ayudo y acompaño estas horas que estuve atrapado en este bosque sin ella no estaría vivo.

La pequeña enseguida exclamo

—no se preocupe por mi señor, yo sé el camino de como regresar con mi familia—sonrió la pequeña—

—¿segura? No quiero dejarte solo aquí en este bosque, eres un niño.

La niña insistió que no se preocupara por ella diciéndole.

—no se preocupe señor, yo se cuidarme sola, ahora si ya me voy sabiendo que hay alguien que lo llevara con su familia

El hombre no insistió más y le dijo;

—muy bien pequeña mucha suerte, y dale gracias a tu familia por tener una niña tan buena como tú.

—si bueno hasta luego—se despidió la pequeña para al fin alejarse del lugar y regresar con su madre y tío.

El hombre la despidió mientras el otro hombre lo ayudaba para llevarlo así caballo que no estaba lejos de ir para ir con su gente.

Mientras la niña regresaba a la cueva, sabía que su madre la regañaría mucho, pero era algo que estaba dispuesta a aceptar.

Cuando llegó, vio que Poupi ya había regresado, y le preguntó:

—¿Crees que mi mamá esté muy enojada conmigo?

Poupi le respondió:

—Está muy enojada contigo Luba, yo salir buscar leña, y me dijo que te juiste muñequita, ya íbamos por ti cuando vi llegar aquí y le dije a Luba.

Ahmena vio pasar a Luba, quien se puso de espaldas a ella y le dijo:

—Perdóname mamita, no quería desobedecerte de verdad que no quería, pero el Señor necesitaba ayuda.

Luba la ignoró, entonces la niña agarró unos de sus brazos. De repente, la mujer se volteó y le dio un golpe esta le atino en su cachete, sin siquiera dirigirle la palabra.

Ahmena no comprendía por qué ese golpe; se limitó a agarrarse la mejilla y fue a dormirse con lágrimas en los ojos. Sabía que lo merecía, pero jamás pensó que Luba lo hiciera. Al final, pensó que cuando estuviera menos enojada hablaría con ella.

Luba salió y se quedó en la entrada de la cueva llorando y diciéndose:

—Dios mío perdóname, sé que lo que le estoy haciendo a mi niña no está bien y me duele más a mí que a ella, pero me siento tan incapaz de protegerla, siento que no puedo hacer nada. Hermano Athenois, quisiera que estuvieras aquí en estos momentos, tú siempre tenías solución para todo, tu sabrías como manejar esta situación. Porque yo siento que no puedo, no puedo. Cuanta falta me haces.

Luba lloró esa noche, se acostó a dormir y ella se durmió en el otro lado de la fogata.

La noche paso ya era de mañana el día ya había llegado, Lubadine despertó por los gritos de Poupi.

—Hermana despierta.

—¿Qué sucede Poupi?

—Muñequita mal mui mal

—¿De qué hablas?

—Ven, ven.

Luba se levantó y siguió a su hermano con el ruido de sus pisadas, se acercó junto a Ahmena y escuchó que ésta estaba respirando con dificultad, le tocó la frente y asustada dijo:

— Ahmena está hirviendo en calentura, no puede ser Ahmena está muy mal.

—Muñequita.

—Poupi, tráeme unos trapos mojados tenemos que bajarle la fiebre.

—Chi, chií muñequita.

Poupi fue por los trapos, Luba estaba muy preocupada, tocó sus ropas y se dio cuenta que eran las mismas de anoche; la niña había pasado toda la noche con la ropa mojada.

—Aquí está hemana.

—Por favor ropa, trae otras ropas para Ahmena, durmió con la misma ropa mojada de anoche.

——Chi, está bien.

Luba le ponía trapo tras trapo mojado, pero la fiebre no cedía, ella no tenía ninguna clase de yerba ni siquiera el suficiente dinero para llevarla a un doctor al pueblo, Poupi le dijo que la maleta con las ropas de la pequeña se había mojado igual puesto que olvidó meterlas.

Luba estaba furiosa.

—Poupi no puede ser que hayas olvidado, meter la valija con nuestras ropas.

—Perdón.

Pero su enojo se disipo al escuchar sus quejidos de su pequeña.

—Ya no importa, tenemos que ver ahora como bajarle esa fiebre tan alta que tiene

Y Poupi, al verla tan asustada le preguntó:

—Hemana ¿Qué pasará con muñequita? si no deja de estar caliente, ¿Llevaremos a pueblo?

—Si sigue así de mal no me quedará más remedio

El tiempo siguió pasando, pero no había mejoría en la niña, se había puesto peor, y Luba no dejaba de sentirse tan culpable, ya que se culpaba por haberla ignorado, ya era de tarde, Luba se desesperó y tuvo que tomar la decisión de llevarla hacia el pueblo, aunque sabía que no tenía lo suficiente como para pagarle al médico, haría cualquier cosa por ella y sabía que si no hacía algo pronto la niña podía morir y no se lo perdonaría nunca. La tomó entre sus brazos y le dijo a su hermano Poupi;

—Vámonos al pueblo, sino Ahmena morirá.

—Chi, hemana muñequita no morir.

Poupi sabía de sobra que era la muerte y entendía lo que su hermana Luba le decía. Los dos se subieron a la carreta y fueron directamente al pueblo. Al llegar, Luba bajó rápidamente con Poupi, que llevaba a la niña en sus brazos. La gente ahí presente empezaba a verlos mal, ya que tenían ropas gitanas y además tenían defectos de nacimiento, no quisieron ayudarlos y comenzaron a portarse hostiles con ellos, cerrándoles las puertas en la cara.

Luba decía desesperada:

—Por favor ayúdenme, necesito un doctor.

Todas sus súplicas fueron inútiles, no podía hacer nada y su amada hija estaba muriendo.

—Por el amor de Dios necesito ayuda.

Ellos caminaron hasta que se toparon en un establecimiento médico, pero el doctor les dijo que, si no traían el suficiente dinero para pagarle mejor que no se acercaran a él, Luba suplicó, pero también fue en vano.

No tuvieron más remedio que ir al mercado, que era pestilente, y se adentraron, muy cansados, a un callejón donde se sentaron; no podían caminar más, y aún no habían encontrado ayuda para Ahmena.

Luba le pidió a Poupi le entregara a Ahmena; cuando la tuvo en brazos, la apretó fuerte, y lloró pidiendo fervientemente a Dios no se la quite.

Poupi, al ver como su hermana lloraba, dijo:

—Hermana yo ayudar.

Pero Luba no lo escuchó, y éste salió de nuevo a pedir ayuda.

Ahmena, quien estaba inconsciente, despertó y dijo:

—Mamá Luba, perdóname por desobedecerte, no quiero que estés enojada. Te quiero mucho.

Luba le respondió:

—Ahmena no estoy enojada, no te rindas por favor mi niña, no te rindas ya verás que muy pronto vas a estar bien, vas a jugar y a correr de nuevo, pero no te rindas no lo hagas...

Poupi fue hacia la plaza y en la desesperación que éste tenía, entró a la tienda de perfumes del lugar y se abalanzó amenazando a un Señor acaudalado que estaba ahí y quitándole los francos que este tenía colgando en su cinturón, el cual Poupi vio que le serviría para salvar a la pequeña Ahmena, y salió corriendo del lugar y decidido llevárselo a su hermana, mientras que el Señor decidió no quedarse con las manos cruzadas y lo siguió con otros dos tipos que eran sus guardianes.

Poupi regresó con ambas, y le entregó las monedas a su hermana.

Luba le preguntó:

—¿De dónde sacaste esto?

—Lo traje a muñequita, se pondrá bien con eso.

Poupi también amaba mucho a Ahmena, y no podría soportar que algo le pasara.

—Con esto podremos curar a Ahmena hermano, vamos rápido, cárgala.

Ellos se encontraban caminando por el callejón, cuando de repente el hombre al que Poupi había quitado sus monedas y sus sirvientes les cerraron el paso.

—Hasta que te encontré maldito, ¿dónde está lo que me robaste?

Luba se asustó mucho, no entendía por qué esa persona le reclamaba a su hermano y le dijo:

—¿Quién es usted y de qué habla?, ¿qué le robo mi hermano?, nosotros no tenemos nada.

—Ese miserable me robó mi dinero y quiero que me lo regrese ahora mismo.

Luba comprendió que el Señor le dijo la verdad, pero no podían regresarle las monedas, ya que a pesar de que era robado lo necesitaba y mucho y le dijo al hombre:

—Nosotros no tenemos nada.

—No estoy jugando, denme mi dinero si no quieren que los meta a la cárcel por ladrones o me desquite con la niña que esa bestia carga, regrésenmelo ¡ya!

—No tenemos nada.

—Me están haciendo enfurecer, no me dejan otra opción.

El hombre desenvainó su espada y lanzó el primer golpe hacia ella; Poupi se interpuso y le jaló su espada y éste en el forcejeo le atravesó las costillas, él lo golpeó con las pocas fuerzas que tenía y lo tiró al suelo; Poupi cayó al piso y le dijo a Luba:

—Humana corre, corre.

Luba, al escuchar las palabras de su hermano, empezó a correr y el hombre logró lastimar más a Poupi, cortándole el abdomen. El tipo gritó a sus sirvientes:

—¿Por qué se quedan ahí parados? vayan tras la mujer y la niña

Los hombres corrieron tras Luba, ésta se adentró más en el lugar junto con la niña, estaba aturdida, no sabía ni podía saber en dónde estaba, seguía corriendo hasta que los hombres la rodearon.

El hombre a quien Poupi le había robado le dijo:

—Creíste que ibas a escapar de mi maldita.

—No por favor déjenme, mi niña se está muriendo, se está muriendo.

——Eso no me conmueve, dame mi dinero maldita gitana.

El hombre sacó su espada, dispuesto a matarla, pero de repente, algo golpeó sus manos, y el impacto fue tan fuerte que le quebró la mano izquierda. El hombre gritó de dolor.

Una voz varonil, pero completamente desconocida, dijo:

—Que cobarde es atacar a una pobre mujer y una pequeña niña.

El hombre, herido, preguntó:

—¿Quién eres tú?

El hombre que las había salvado respondió:

—Eso es lo que menos importa, no permitiré que un cobarde como tú se atreva a dañar personas indefensas, pelee como hombre con la única mano que te queda, dejaré que la recojas.

El hombre no lo dudó y recogió su espada con su mano buena y le gritó:

—Te arrepentirás de haberme dejado tomar mi espada.

—Será lo contrario, miserable.

Empezaron a pelear ferozmente, pero los sirvientes de aquel hombre se metieron a defender a su Señor. El hombre misterioso peleaba con todos a la vez, y terminó aturdiéndolos a todos. Los derrotó más rápido de lo que parecía

—No puedo creer que no puedas pelear sin tus perros, pero ahora estamos solos.

—Claro que yo solo puedo, pero te acabare más pronto con la ayuda de ellos.

Pero el hombre de nuevo logro derrotarlos, el hombre se aterrorizó, soltó la espada y salió corriendo y sus guardaespaldas se levantaron e hicieron lo mismo.

El hombre misterioso les dijo:

—Espero jamás vuelvan a cruzarse en mi camino cobardes.

Éste se acercó hacia Luba y le dijo:

—¿Estás bien?

—¿Quién es usted? ¿Acaso piensa hacerme daño a mí y a mi hija?

—Por supuesto que no, yo sólo quise ayudarles.

Luba, al escuchar las palabras de ese hombre le dijo:

—Yo estoy bien pero mi hija Ahmena y mi hermano Poupi no.

—¿Ha dicho Ahmena?

El hombre misterioso se asustó al escuchar el nombre de la pequeña, ya que él era aquel hombre borracho que Ahmena había ayudado.

Luba le respondió:

—Es el nombre de mi hija

—Esla pequeña que anoche me ayudó estando yo ebrio. Permítame ayudarle con ella.

El hombre extendió sus brazos para que Luba le entregue a la niña. Luba al sentir los brazos del hombre, con tal de salvar a su pequeña, se la entregó y él la sostuvo.

Éste preguntó:

—¿Qué es lo que tiene la pequeña?

—Anoche estaba muy molesta por que ella salió sin mi consentimiento a ayudarlo y toda la lluvia le cayó encima; no me percaté que no se quitó su ropa mojada al sentir que tenía fiebre y no me respondía. Salí con mi hermano desesperada para este pueblo y nuestra carreta se averió y a mi hermano lo lastimaron esos hombres.

—Entonces es culpa mía que este así, vamos muy cerca de aquí está mi caravana.

—Disculpe, pero no puedo dejar a mi hermano y la carreta.

—No se preocupe, mi gente irá por su hermano y su carreta... Espere un momento.

¿Qué es lo que pasa?

—Veo que vienen la Señora Jabibi y su hijo Abu con su carreta.

—¿Cómo sabe que es mi carreta?

—Porque yo no tengo ningún carromato parecido, y ni siquiera venimos en alguna y si la dejó abandonada la Señora Jabibi la tomó por cortesía

—Pues creo que si debe ser la nuestra.

—Ahí viene ella.

Jabibi se acercó al hombre y le dijo:

—Hola Señor.

—Jabibi, veo que te encontraste esta carreta.

—Estaba abandonada y al parecer una de sus ruedas se salió, pero mi hijo Abu la reparó.

—Como le dije Señorita... ¿Cómo se llama?

—Me llamo Lubadine, pero me dicen Luba.

—Muy bien Luba, tenemos que ir por su hermano.

—Señor no le he dicho además de la carreta, encontré a un hombre mal herido, está atrás.

— ¿En dónde lo encontraste?

—Muy cerca de aquí.

—Señorita, creo que es su hermano.

Luba se asustó.

—¿Dónde está él?

Jabibi le respondió.

—Aquí en la carreta, suba, para ver si lo reconoce.

Luba le pidió que le dirija, explicándole que era ciega, aunque el hombre ya se había dado cuenta de ello.

El hombre dijo:

—Jabibi, por favor cuida a la niña mientras ayudó a subir a Luba.

Jabibi abrazó a la pequeña.

El hombre que las salvó tomó la mano de Luba y la ayudó a treparse en la carreta, con mucho cuidado.

Luba, arriba de la carreta, escuchó la respiración cerca de ella, y acercó sus manos, y enseguida reconoció subió a la carreta y en seguida el hombre acerco sus manos al rostro de su hermano esta lo toco y enseguida reconoció el rostro de Poupi.

El salvador preguntó:

—¿Es su hermano?

Luba, con alivio respondió:

—Es él, gracias a los cielos que lo encontraron.

—Entonces marchémonos inmediatamente. Jabibi, llévanos por favor.

Jabibi asintió y dijo:

—Al orden jefe.

Ya en el camino, Luba sólo pensaba en el mal que le había hecho a su pequeña niña, y los remordimientos no la dejaban en paz.

El hombre la miró y preguntó:

— ¿Está bien Señorita?

Luba salió de su letargo y respondió:

—Estoy bien, no se preocupe

—Veo que está muy preocupada, no ha hablado en todo el camino.

— Lo único que me importa ahora es ver sana a mi hija.

El hombre tomó su mano y le dijo:

—No se preocupe, no permitiré que a ella le pase algo, nunca me lo perdonaría; gracias a ella estoy vivo y le debo un gran favor.

—Muchas gracias por sus palabras, ¿Puedo preguntarle algo?

—Claro Señorita Luba.

—¿Cómo es que me encontró y me salvó la vida? ¿Qué hacía por el pueblo?

—Bueno, anoche me puse muy borracho y su hija me llevo a mi campamento y me desmayé, pero me recuperé de la resaca, ya me sentía mejor, así que fui a comprar algunas cosas para mi gente y al salir del lugar escuché que alguien gritaba y solté las cosa para ver quién era, y la vi a usted rodeada por esos hombres, y no pude evitar acercarme, ya que nadie lo hacía, supongo por ser ustedes gitanos.

— ¿Entonces por qué usted ayudó a una gitana?

—Espero que no se ofenda con lo que le diré, pero usted no como no ve pues déjeme decirle que yo también, así como los míos, somos gitanos.

Luba se sorprendió bastante, ya que no lo había notado, y le dijo:

—Le pido una disculpa, ¿Su campamento queda muy lejos de aquí?

—Más que un campamento es el asentamiento de una caravana, hay alrededor de cinco familias viajando conmigo, y yo soy el encargado, como el patriarca. También viajamos de un lugar a otro, y hacemos todo juntos, como una gran familia, pero dígame, ¿A su hermano lo hirieron también esos hombres?

Luba suspiró y respondió:

—Sí; nos perseguían porque él, al verme desesperada sin poder hacer nada por mi hija, le robó a aquel hombre su dinero, pero lo siguieron y así pasó todo.

—Entiendo.

Luba, por alguna extraña razón, sintió una gran confianza hacia ese hombre y comodidad para expresarle lo que sentía en esos momentos. Y sin que él le pregunte, ella le dijo:

—Sabe, siento que lo lastimaron por mi culpa, porque si yo le hubiese devuelto su dinero, nada de eso hubiera pasado, Poupi estaría bien. Soy una mala madre y una hermana horrible.

Lubadine empezó a llorar; el hombre, al verlo, sintió mucha compasión y le dijo:

—No llore, no fue su culpa, usted sólo quería salvar a su hija, e hizo lo que cualquier madre haría. Y su hermano sólo hizo lo que nació de su corazón; sus heridas no son de gravedad, el estará bien.

—Gracias por sus palabras.

De repente, la pequeña Ahmena empezó a respirar con más dificultad.

Luba gritó:

—No mi niña, mi Ahmena, respira con mucho esfuerzo.

—Jabibi, al escuchar los gritos de Luba, le dijo a su hijo:

—Rápido Abu, cabalga la carreta lo más rápido que puedas, la niña necesita recibir ayuda urgentemente.

Abu obedeció a su madre, y corrió como alma que lleva el diablo.

El hombre misterioso felicitó al muchacho.

—muy bien Abu, da ti prisa, corre con fuerza con los caballos necesitamos llegar cuanto antes.

Luba con trabajo intentó acercarse donde estaba su hija, pero al ver que no podía por la rapidez con la que iba el chico, sólo gritó:

—Ahmena, mi niña no me dejes por favor.

El hombre no dejó de quitar la mano en el hombro de Luba, mientras está sólo lloraba y pedía a Dios que la salvara, que, si era necesario, tomara su vida, pero no la de Ahmena.

Llegaron donde estaba el campamento del salvador; éste ayudó a bajar a Luba, tres hombres se les acercaron rápidamente y él les dijo:

—Uno de ustedes, traiga rápido al médico por favor, es urgente, y los otros ayúdenme a bajar a éste hombre.

Los hombres asintieron, y pusieron manos a la obra.

—Lleven a este muchacho a mi campera, rápido. Y atiendan su herida.

Y así, los dos hombres que quedaron, cargaron a Poupi y lo llevaron donde el salvador había pedido.

Él se volteó y le dijo a Luba.

—Llevaremos a Ahmena a la campera de Jabibi.

Luba asintió, y el salvador la tomó de la mano, mientras Jabibi cargaba a la niña y la llevaban.

Al llegar a la campera, acostaron a Ahmena sobre un tapete en el piso, y Jabibi trajo ropa limpia y la cambió.

Luba no podía dejar de culparse a sí misma, y se sentía una inútil de no poder ayudar.

Cuando Jabibi quitó los zapatos a la niña, ésta tenía la pierna derecha morada; al parecer había sido picada por alguna alimaña venenosa, lo que hizo que su salud empeorara.

El hombre dijo a Jabibi casi en un susurro:

—Esta niña ha sido mordida posiblemente por una víbora, es un milagro que esté viva.

Pero Luba logró escucharlo, y se espantó aún más.

—¿¡QUEEE?! No puede ser, mi hija está envenenada.

Jabibi le pidió:

—Luba, por favor tranquila.

Ambos se dieron cuenta que Luba igual se veía débil y muy cansada, y le dijeron:

—Por favor descanse, sino usted también se enfermará.

Luba protestó:

—¿Acaso piensan que puedo dormir con mi niña en ese estado?

El hombre le dijo:

—Sé que está muy preocupada, pero sino descansa, no podrá apoyar a Ahmena en su recuperación.

Luba le dijo:

—Estaré bien para mi hija.

El médico entró a los aposentos de Jabibi en ese momento, y le explicaron lo que la niña tenía.

El médico respondió:

Ya veo, al menos al muchacho ya lo están atendiendo.

El matasano se acercó a Ahmena, y sólo dijo:

—La niña está muy mal, pero haré todo lo humanamente posible para salvarla. Les pido por favor se retiren para poder examinarla mejor.

Luba, enfurecida, dijo:

—¿Cómo me pide que deje a mi hija? ¡Ella me necesita!

Jabibi tomó su brazo y le dijo:

—Vámonos Luba, el doctor sabe lo que hace. Entiendo perfectamente tu posición, porque también soy madre y mi hijo se enfermó muchas veces, pero hay que permitirle al médico trabajar.

El hombre salvador, al ver la desesperación de Luba, tomó sus cálidas manos de color canela y le dijo:

—Por favor Luba, es lo mejor para la niña.

Luba, al escuchar sus palabras, accedió, aunque a regañadientes. 

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