Jacob
Estaba en la oficina haciendo los planos que me correspondían. Pero no paraba de pensar en Jenni. Estuvimos juntos toda la noche. . . Di un gran suspiro. Sabía que el efecto del alcohol se nos fue, pero aún así seguimos sin parar.
Escuché como la puerta de mi oficina se abrió. Vi a Jennifer entrar. Se veía hermosa con un conjunto de una falda hasta las rodillas de color azul y una blusa negra. Su pelo estaba suelto y muy bien maquillada. ¿Quien iba a pensar que estuvimos juntos ayer en la noche? ¡Esa mujer es una fiera!
—Buen día, Robertson—saludó y se sentó en el sillón que quedaba frente a su escritorio.
—Hola. Me gusta el lunar que está al lado de tu ombligo —le guiñé el ojo. Ella hizo una mueca y miró algunos planos que había dejado.
—Eso solo fue anoche, estábamos ebrios —Esa mentirosa. No estábamos tan ebrios después cuando lo hicimos en su habitación.
—Lo hicimos en casi toda la casa, se nos fue el efecto del alcohol —recordé y ella levantó su vista.
—Fue un impulso, no sentí nada. Mo mal interpretes las cosas, además ni tan bueno eres.
—¿Qué diablos dices? ¡Soy el mejor en la cama!
Ella me miró y rió a carcajadas.
—Ese es el problema, Robertson. Crees que eres mejor en todo y no lo eres. He tenido mejor sexo con otros hombre —dijo con voz burlona.
—Jajaja —me reí con sarcasmo—. No me hagas reír. Si a hombres te refieres a tu ex-marido, te felicito, debió pegarte en las nalgas mientras hacían el amor porque si te pega en la mejilla y te trata como a una perra....—Se levantó de su sillón muy molesta y se acercó a mí.
—Por lo menos no sufro como tú por alguien que no existe —me dijo retándome.
—No me conoces para estar hablando cosas que no sabes —Traté de calmarme y de respirar profundo, pero no pude. Ella hablaba sin saber de mi vida.
—Ni tú a mí para que me estés hablando tanta porquería.
—¿Sabes lo que eres? Eres una perra que solo busca divert..—dejé de hablar cuando sentí la mano de Jennifer en mi cara.
La buena idiota se atrevió a darme una cachetada.
—¡A mí no me vuelvas a tocar!—La tomé por las manos y la puse contra la pared.
—¡A mí no me vuelvas a insultar, estúpido mal nacido! —me gritó en la cara.
—¡No me grites! —le grité más alto—. Eres una cualquiera, me emborrachaste para acostarte conmigo. Eso es lo que eres, una cualquiera —Me miró con ira.
—¡Eres un idiota que no sabe valorar a ninguna mujer! —gritó más fuerte. ¿Acaso cree que estoy sordo?
—¡Te dije que no grites! —le apreté sus brazos con fuerza.
—¡Me lastimas, estúpido!
—Grosera —la miré a los ojos.
—Egocéntrico.
—Feminista.
—Machista.
—¡Zorra! —En ese momento sentí un gran dolor en mi miembro. Me dio un rodillazo. Caí al suelo por el dolor.
Demonios, esto sí duele.
Jennifer
Miré como Jacob se retorcía del dolor en el suelo. Tomé mis cosas y salí de la oficina. Todos me miraban al igual que mi secretaria. Jacob salió molesto de la oficina y me miró.
—¡Sí, vete, cualquiera! —me gritó. Lo hacían intencional, para humillarme delante de todos, pero no soy así. No me dejo humillar más, no más.
—Y tú eres un maldito hijo de perra bueno para nada, inútil, arrogante, creído y cerdo —Todos se quedaron con la boca abierta.
¿Es qué nunca han visto a una mujer insultar?
Me acerqué a Jacob y le di otra patada en sus bolas. Lo voy a castrar al idiota. Cayó al suelo tomando su miembro. Caminé enfurecida por el pasillo y me topé con el señor Pérez.
—¿A dónde vas Jennifer? —me miró confundido.
—¡Me largo de aquí porque si me quedo con Jacob, lo mato! —Se quedó paralizado al escucharme hablar así y yo seguí caminando hasta irme de ese lugar.
Entré a mi apartamento y tiré mi bolso al suelo. Di un vistazo a toda mi sala y comencé a tirar todo al suelo. Me sentía tan molesta.
Jacob
Entré a la oficina, tiré todo lo que estaba en el escritorio de Jenni al suelo y luego tiré todo lo que estaba en el mío.
—¡Maldita, maldita mujer! —Agarré la silla de visitantes y la tire contra la pared.
—¿Qué diablos pasa, Jacob?—Entró el señor Pérez a la oficina—. Ya me contaron la discusión con Jennifer. ¿Por qué diablos discutieron?
—Porque es una cualquiera —Me senté en mi sillón con mi respiración agitada.
—¿O estás así porque esa mujer se parece a Julie?
Lo miré a los ojos. Eso me molestó más.
—¡Julie está muerta, déjame en paz con eso! —Me levanté del sillón y salí de la oficina.
Jennifer
Estaba llorando en el sofá, eso me pasa por decidir divertirme. ¿Por qué diablos tuve que tener sexo con él? Estaba tan furiosa conmigo misma.
Escuché como la puerta de mi apartamento se abrió y miré hacia la entrada.
¿Qué hace mi familia aquí?
—Jennifer, cariño. ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?—mi madre se acercó a mí y me abrazó.
Loré, quería llorar, desahogarme, sacar toda mi furia.
—¿Ese desgraciado de Lucas te tiene así? —preguntó mi hermana mayor.
—No, Josie —Traté de calmarme.
Se acercaron a mí.
—¿Por qué no nos llamaste, hija? Esto se trata en familia, tenías que decirnos —Mi padre dijo, preocupado.
—Si no estás así por Lucas. ¿Por qué entonces?—me preguntó Jannet, mi otra hermana.
Mentir es lo que me queda ahora.
Luego de mentirle a mis padres, ellos se fueron en búsqueda de un lugar para dormir mientras mis hermanas me miraban. Josie, mi hermana mayor, una mujer de pelo rubio, sexy figura y ojos azules. Jannet, menor que Jenny, mayor que yo, tenía pelo castaño, ojos azules y un tremendo cuerpo. Como pueden darse cuenta soy una mezcla de las dos.
—Di la verdad —Jannet me miró con una sonrisa
¿Tanto me conocen cuando miento?
—Discutí con mi compañero de trabajo, estuve con él —le dije sin prestarle atención.
—¡Jennifer Monroe! —exclamó Jannet.
—Este día será eterno. . . .
Jacob
—Es una zorra. Me humilló delante de todos —le grité a mi amigo que me miraba con toda naturalidad.
—Es una mujer que se deja respetar, por lo visto tiene habilidades de boxeadora —dijo con una sonrisa, pero luego volvió a estar serio—. Creo que no debiste hacer ese espectáculo, fue innecesario.
—Ella. . . Ella es tan distinta a todas. Demonios —di un golpe en la mesa de aquel bar.
—Por eso no la puedes dominar. Ahora me vas a escuchar, Jacob. No todas las mujeres son iguales, todas son diferentes y eso las hacen únicas.
—Ellas son iguales, son putas y ¿sabes qué? Voy a buscarme a una mujer mejor que Jennifer, por eso estoy en búsqueda del amor —dije desesperado.
—¿Qué debo hacer para que entiendas que el amor no se busca? Diablos, Jacob. Buscaste el amor hace años y tu amor fue una puta que se acostó con su jef. . . —No iba a permitir que insultara a Julie de esa manera. Le di un puñetazo en la cara haciéndolo caer al suelo.
—¡A ella no la insultes! —le grité molesto.
—¿Sabes cuál es tu problema, Jacob? Que piensas que puedes controlar a las mujeres, crees que puedes obligarlas a amarte pero no es así —me dijo enojado y se fue molesto.
Oh, claro ahora soy yo el malo.
Pedí otro vaso de whisky. ¿Jennifer y Julie iguales? No, definitivamente no.
¿Cómo buscar a una mujer perfecta para mí?