— Respira, Respira —dijo Zan.
— ¡Duele! —dije hiperventilando— mucho —añadí. Me puse a tocar mi barriga, y el gran volumen que ocupaba. Era lo más horrible y hermoso que me había pasado nunca. Horrible porque parecía que me estuvieran matando del dolor y hermoso porque tenía en mi interior a una criatura que nadie, excepto yo podía tener.
— Sabes que puedo arreglarlo con solo tocarte cariño —dijo él.
— No quiero que lo hagas, esto es lo más humano que hay y deseo pasarlo —Zan podía quitar el dolor, era la capacidad que eligió, pero no quería que la usase en mi presencia. Yo no usaba mi capacidad, te obligaban a elegir una pero yo no quería usarla, no era natural, era inhumano, no éramos así.
Hace 6 meses...
— Cariño —dijo Zan— ¿Cómo te encuentras? —añadió preocupado.
— Estoy bien —extrañamente bien, el feto se desarrollaba normal y corriente y no había nada extraño.
— Tienes que reposar —dijo él.
— Quiero ir a trabajar.
— No, no te lo permitiré —replicó.
— Me encuentro perfectamente, no aguanto más estar aquí y además me necesitan en el trabajo, están habiendo problemas.
— No te voy a poder convencer, ¿Verdad?
— No —Zan sabía lo cabezota que era.
— Vale pero no vas a estar sola, mandaré a alguien que cuide de ti —desde que me dijeron que estaba embarazada, me tenían en observación las veinticuatro horas del día, era la primera mujer que le pasaba en muchos años.
— Uf, vale —dije enfurruñada. Llegué al trabajo y nada más llegar había una mujer con una bata y una libreta enfrente de mí, una especie de médico.
— Hola —dijo— Soy Rizi, cuidaré de ti mientras estés en el trabajo.
— Hola —respondí seca. Estaba enfadada, no necesitaba ningún médico que cuidase de mí. En los últimos meses, sin ninguna explicación la gente comenzaba a enfermar, e iban decayendo sin que nadie pudiera pararlo hasta la muerte, cuantos más médicos hubieran más rápido encontrarían la cura.
Pero había un equipo de médicos que se ocupaba especialmente de mí, un grupo de unas cien personas, solo ocupadas en que tanto yo, como el ser que lleva dentro estuviéramos lo mejor posible. Me daba rabia, mucha rabia, habían personas muriéndose y ese grupo de gente se ocupaba de mí. Pronto encontré a Ellis para que me informara de lo ocurrido.
— Menia —dijo él— ¿Qué haces aquí? —Ellis no era solo mi ayudante, si no también mi amigo, nos llevábamos muy bien, como si fuéramos hermanos.
— Ellis no aguantaba más —respondí— me tienen retenida todo el tiempo estaba demasiado agobiada y estoy perfectamente, además me necesitáis más aquí.
— Es cierto, te necesitamos pero...—le interrumpí.
— Ellis déjalo, infórmame sobre lo acontecido, sé que hay problemas pero no sé cuáles son, nadie me informa.
— Esta bien — él sabía que no me cansaría hasta saberlo, así que no tuvo más remedio que contármelo— el problema es grave, Menia —dijo— El proceso de nacimientos ha empezado y ha habido un gran desastre. Los niños... —dijo y después se calló, como si le costará decirlo.
— ¿Qué? ¿Qué pasa? —me estaba alarmando. Nunca había visto a Ellis así.
— Los niños han nacido con la capacidad ya en sus genes y la enfermedad les está afectando también a ellos.
— ¿Qué? —no lo podía creer— ¿En qué sector?
— Menia...
— ¡¿En qué sector?! —grité histérica, mientras la mujer me observaba y me decía que me calmara.
— En todos —respondió. Mis ojos se abrieron como platos compungida por la situación.
— Esta bien —dije— a la cabina 0.
— ¿La cabina 0? pero esa es la de máxima alerta.
— Lo sé —fuimos hacia dónde estaba la cabina, en el piso más bajo del edificio. Después de varios minutos esperando a que se abrieran todas las puertas de seguridad, entramos. La cabina era más grande de lo que pensaba, no había entrado nunca allí, aunque también nadie lo había hecho. La maquinaria era igual a todas las demás cabinas excepto por una cosa, había un aparato que informaba a todos los lugares del enorme edificio. Decidí usarlo.
— A todos los empleados, soy la encargada general del departamento de gestaciones. Estamos en máxima alerta, todos los niños se trasladarán a la penúltima planta —esa era una planta aislada, y nadie podía entrar allí— Todo él que entre en el edificio deberá llevar los trajes aislantes y se instalará un dispositivo en la puerta del edificio, que se ocupará de que todo aquel que esté enfermo, no entre en él. Sólo un grupo de cien personas se encargarán de entrar en contacto con los niños. Los demás nos encargaremos de encontrar la solución.
6 meses después...
Durante una temporada conseguimos que los niños sobrevivieran, pero después de un tiempo, todo volvió a recaer. Apenas quedábamos personas con vida, y nos acercábamos a la extinción. En ese instante estaba en una sala con unos diez médicos que se habían especializado durante mi embarazo en saber atender un parto como antes se solía hacer, como yo quise que se hiciera.
— Quiero estar a solas con mi pareja —conseguí decir entre gritos de dolor mientras Zan sujetaba mi mano.
— Pero...—dijo un médico.
— Por favor —respondí. Entonces me hicieron caso y uno a uno salieron de la habitación.
— Zan —dije.
— ¿Qué cariño? —dijo él.
— Prométeme que si no sobrevivo, no le pasará nada —no quise que averiguaran, que era mi bebe, tan solo una máquina les decía que iba correctamente y estaba completamente sano.
— Sobrevivirás —dijo empezando a sollozar.
— Prométemelo.
— Te lo prometo —respondió mientras una lágrima caía por su mejilla. Estuvimos un rato en silencio, excepto por los gritos de dolor que a veces salían por mi boca. Tras unos breves segundos algo ocurrió. Varios utensilios de operación antiguos que había por ahí comenzaron a moverse en el aire— amor, no creo que sea el momento de empezar a usar tu capacidad ahora —dijo Zan.
— No soy yo —dije con los ojos como platos observando la escena. Era imposible, es cierto que en los últimos meses los niños nacían con las capacidades, pero no antes de nacer y ni mucho menos sus capacidades coincidían con la de los progenitores— ¡Ah! —grité— ¡Ya viene! —entonces los médicos entraron a la habitación y empezaron el proceso.
— Empuja —dijo el que me atendía, después de todo el proceso de preparación. Hice lo que me dijo y un fuerte dolor hacía que me estremeciera mientras híper ventilaba— empuja más — volvió a decir. Este proceso se repitió durante una hora y después el niño salió— "Por fin" —dije para mis adentros.
— Enhorabuena — dijo sonriente el doctor— Es un niño — se dispusieron a lavarlo y a prepararlo mientras mi pareja y yo nos sonreíamos, había acabado, o eso pensábamos. Una mujer, se encontraba en una sala aparte conectada a esta y controlaba lo que ocurría en el proceso con una pantalla proyectada— ¡Doctor! —dijo gritando— Venga aquí — añadió mientras Zan y yo nos mirábamos preocupados. El doctor acudió allí y desde dónde estábamos lo oíamos decir— no puede ser, el niño está ahí, ya lo hemos sacado— tras varios minutos volvió y nos dijo— Señores, parece ser que van a tener dos criaturas hoy.
— ¡Qué! —exclamé. Casi no me aguantaba del dolor, mi cuerpo no soportaría el proceso otra vez. El doctor volvió a su sitio anterior y volvimos a empezar. Todo salió igual que antes, pero me estaba empezando a marear y lo último que oí fue— Es una niña...
— ¿Había muerto? ¿Era eso lo que se sentía? No podía moverme, y me costaba respirar. No, estaba aún viva, era sorprendente, pero lo estaba— pensé.
— No te muevas —era la voz de Zan. Me reconfortaba oírla.
— ¿Cuánto tiempo he estado así? —pregunté. Parecía haber estado así varios días.
— Has estado en coma dos semanas —respondió. Me quedé sorprendida, pero después del enorme esfuerzo que supuso todo, era lógico. Intenté moverme, estaba inquieta, quería ver a mis hijos.
— Quiero verlos —dije adormilada.
— Estate quieta —dijo— aún no.
— Quiero verlos —entonces alguien entró y pasó una especie de luz por mi cara y quedé dormida al instante. Después de un tiempo en observación y recuperación pude verlos. Eran preciosos, estuve varios días con ellos, pero sabía que dentro de toda esa alegría que sentía sabía que había algo que me ocultaban.
Lo sabía por el semblante de Zan, se pasaba todo el día serio. Pronto descubrí que los niños eran diferentes, especiales. Ambos habían heredado mi capacidad, aunque también tenían cada uno una propia, eran los únicos en este planeta capaces de eso, aunque no estaba orgullosa de ello. Alguien vino casa. Era Cysa.
— ¡Cysa! ¿Qué haces aquí? —pregunté mientras sujetaba entre mis brazos a la niña. Cysa se encargaba del departamento de supervivencia.
— Hola Menia, ¿puedo pasar? —dijo ella.
— Sí claro, ¿cómo estás? ¿Cómo está Ezian? —pregunté.
— Estoy bien. Ezian también, hace tres días que cumplió cinco años —respondió con un gesto triste.
— Y bien, ¿Qué haces aquí?
— Tengo que hablar contigo —no sabía que quería decir eso, pero por su gesto no era bueno. Nos sentamos todos en el salón— Veréis, han encontrado una solución a la enfermedad. Como ya sabéis, los microchips implantados están dejando de funcionar, causando que las personas se apaguen poco a poco, como si fueran máquinas, al igual que todos los aparatos, dispositivos eléctricos, etc. Se apagan. La atmósfera está desapareciendo poco a poco, al igual que todo y que todos. Pero hemos encontrado una solución, se trata de una especie de piedra protectora que evita que el chip deje de funcionar.
— Entonces, ¿Está todo solucionado? —pregunté contenta y aliviada.
— No, en el proceso de creación de dichas piedras, un gas mortal se expandió de una de las máquinas, haciendo que todos los trabajadores y toda la maquinaria desapareciera. Pero conseguimos salvar dieciséis.
— ¿Y eso qué quiere decir?
— Justamente, ese es el número de los únicos niños supervivientes, incluyendo a vuestros dos hijos —dijo mirando a los dos bebés. El semblante de mi cara cambió, no entendía nada.
— ¿Y qué van hacer con ellos? tarde o temprano todos aquí desapareceremos y ellos morirán igualmente —dijo Zan. Él lo sabía todo esto antes que yo, por eso estaba tan mal, pero parece que no del todo.
— Tienen una oportunidad de sobrevivir.
— ¿Qué oportunidad? —pregunté.
— Veréis es algo difícil de explicar.
— Inténtalo —dijo Zan.
— No somos la única tierra que existe, aún queda una. Y también nos queda una nave.