Capítulo 11
Alex comenzó a saltar en la cama gritando y riendo.
-¡Alex cállate! Van a subir mis padres.
-¡Te ha hablado tía!
-Lo sé. Lo veo.
-Quiere algo contigo seguro.
-No seas boba. Seguro que tiene remordimientos por cómo me trató estos días. ¿De dónde ha sacado mi número?
Dani:
Ah, hola J ¿De dónde has sacado mi número?
Justin:
Cuando tu madre te inscribió puso 3 números, entre ellos estaba el tuyo. Iba a arriesgarme a darte el mío, pero creo que no me hablarías nunca, así que me salté ese paso.
-Dani, lo tienes en el bote. ¡Ataca!
-Alex, que no quiero nada con él. Cállate.-Dije riendo. Alex apoyó su cabeza en mi hombro leyendo lo que él me ponía y lo que yo le contestaba a él.
Dani:
Cierto, no creo que te hablase nunca.
Justin:
Eres cruel. Ahora mismo soy un pilar importante en tu vida, deberías apreciarme.
Dani:
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Justin:
No creo que quieras perderme ;)
Dani:
No vayas de sobrado. ¿Por qué me has hablado? ¿Remordimiento de conciencia?
Justin:
¿Remordimiento? No. Solo me apetecía hablarte. Te recuerdo que ya me disculpé contigo. Y sobre lo de sobrado: lo siento, pero pensé que te habías acostumbrado.
Dani:
Ni en un millón de años.
Justin:
Deberías irte acostumbrando.
Dani:
Creo que sin hacerlo, estoy bien.
Justin:
¿Les has dicho a tus padres lo que puedes hacer?
Dani:
No.
Justin:
¿Por qué?
Dani:
Te lo he explicado un montón de veces. ¿Me escuchas cuando te hablo?
Justin:
Claro, pequeña. Lo que no entiendo es por qué les haces sufrir tanto. Se estarán pensando que no podrás andar nunca.
Dani:
Ya, pero cuando llegue a casa por mi cuenta se van a quedar flipando.
Justin:
Pero se alegrarán sepan de tu mejoría ahora o no. Verás la bronca que te echan cuando sepan que no has querido decirles nada.
Dani:
El mal humor será opacado por la alegría de verme en pie. ;)
Justin:
Estás muy segura ¿no?
Dani:
Eso lo he estado aprendiendo de alguien últimamente.
Justin:
Ah, ¿sí? Y de quién. :O
Dani:
No sé. Tú sabrás.
Justin:
Seguro que es un chico alto, apuesto, con tatuajes y unos ojos marrones preciosos, aunque no tanto como su sonrisa.
Dani:
No, yo creo que más bien lo he aprendido de un médico chulo, prepotente con el ego por las nubes.
Justin:
Soy fisioterapeuta, por Dios, Dani.
Dani:
Lo siento ‘Señor ojos marrones preciosos aunque no tanto como su sonrisa’. Me estoy muriendo de sueño, y mañana tengo que estar a tope para mi hora con mi antipático FISIOTERAPEUTA. Quiero volver a andar, ¿sabes?
Justin:
Tu FISIOTERAPEUTA no tiene que ser tan antipático si te aguanta. A dormir, pequeña. Descansa. :)
-¿No le has dicho a tus padres que puedes andar un poquito?
-No
-¿Por qué?
-Porque quiero que cuando lo sepan, pueda andar sola. O al menos con una muleta. ¿Me entiendes?
Ella asintió y se me quedó mirando.
-¿Desde cuándo te llama pequeña?
-Desde hace unas semanas. ¿Por qué?
-Te llama pequeña. Le gustas, Dani.
-Joder Alex, cállate. Me lleva cuatro años, es imposible que le guste e ignorando ese hecho, me da igual si le gusto o no, es mi médico, no quiero nada con él.
-Eso lo dices ahora. Tal vez lo haces porque siempre has sido tú la que juega con los chicos como si nada.
-Independientemente de eso, lo digo ahora y lo diré siempre. No quiero nada con él.
-¿Sabes? Que niegues lo evidente, luego me va a dar la satisfacción de decirte un molesto ‘Te lo dije’ por semanas. Incluso meses. Eso depende de cuánto tardes tú en retractarte de lo que estás diciendo ahora.
-No. No vas a hacerlo porque lo que te estoy diciendo es la verdad. No quiero nada con él.
-Mientes fatal.
La miré molesta y le tiré una almohada a la cabeza.
-¡Duérmete! Mañana tienes que ir al instituto.
-Y tú mañana seguirás mintiéndote a ti misma.
-Voy a hacer como que no he escuchado nada. Buenas noches.
-Hasta mañana.-Soltó una risa divertida antes de darse la vuelta en la cama y apagar la luz desde su lado. Con el móvil aún en mis manos lo bloqueé y lo dejé en la mesilla escurriéndome en la cama para apoyar mi cabeza en la almohada. Me tapé y cerré los ojos, dándome cuenta que tenía una estúpida sonrisa en la cara que decidí borrar de inmediato.
-¡Oli!
-Hola enana. ¿Qué hay de comer? Muero de hambre. ¿Papá y mamá? ¿Te han dejado sola?
-Mamá dejó espaguetis hechos. Están trabajando.
-Oh. Pues Megan y yo venimos a hacerte compañía. Hoy no estás sola.
-Oh, muchas gracias, hermano.-Dije divertida.
-¿Qué tal Dani?
-Muy bien Megan. ¿Y tú? ¿Cómo has soportado esta semana a mi hermano sin matarle?
-Bueno, sé llevarlo.-Reímos las dos y Oliver nos dedicó una mirada fulminante.
-En realidad, en el fondo te amamos, Oli.
-Es bueno saberlo.
Comí con mi hermano y su novia y cada uno me contaron sus estresantes semanas de trabajadores adultos.
-¿Y tú enana?
-Bueno, en realidad nada nuevo. Mi fisio se enfadó conmigo y estuvo una semana sin hablarme hasta el otro día, que lo arreglamos.
-Ah ¿sí? ¿Por qué? ¿Os enfadáis? Sois médico y paciente. ¿Os enfadáis? ¿En serio?
-Sí Oli. Fue porque soy como una máquina de la verdad. No dejo de hacer preguntas y supongo que metí la pata. Pero eso es todo lo interesante en mi vida.
-Yo vi una vez a tu médico. Tiene pinta de ser agradable.-Dijo Megan recogiendo la mesa.
-Sí, bueno. Lo es.
La mitad de la tarde la pasé hablando con Megan de cosas sin sentido, mi hermano nos picaba a las dos, y decidimos ignorarle. Mis padres llegaron sobre las 6 de trabajar y Megan y Oliver se fueron de casa.
Alex vino y me recogió para llevarme a rehabilitación.
-¿No estás emocionada? Es la primera vez que lo ves desde que te habló por Whatsapp
-No, no estoy emocionada.
-Oh, vamos. ¿Ni un poquito?
-Ni un poquito.
Y en realidad mentía porque tenía un extraño dolor en la barriga, un molesto movimiento dentro debido a mis nervios, pero es algo que no voy a reconocer delante de Alex. No después de la conversación de ayer.
Mientras Alex empuja mi silla desde atrás dando pequeños saltitos de alegría yo simplemente quiero hacerla callar de un guantazo, pero no puedo. Eso sería demostrarle que tiene razón y no quiero. Alex abre la puerta de la sala donde yo estoy recuperando mis piernas progresivamente y yo arrastro las ruedas de mi silla para seguir adelante.
-¡Hola! Yo te la dejo aquí, dentro de una hora vengo a por ella. No la canses mucho ¡Adiós!
La entrada de Alex fue tan entusiasta y repentina que Justin seguía con expresión aturdida y sorprendida. Tal como entró, se fue. Yo quise reírme pero si comenzaba a hacerlo sabía que no iba a parar.
Soy de las que se ríe cuando está nerviosa. Y si me río, no paro.
-¡Vaya! ¿Y el entusiasmo de Alex?
-Ya ves. Hoy ha tenido un gran día.
-Ya veo. ¿Qué tal tu fin de semana, pequeña?
-Bien. Aburrido como de costumbre.
-Pues si empezamos a trabajar posiblemente tus próximos fines de semana no sea tan aburridos. ¿Qué opinas?
-Opino lo mismo que tú.-Sonreí y acerqué mi silla a las barras.
Lo estaba haciendo, estaba llegando al final de la longitud de las barras, sin ayuda, yo sola.
Yo era la que podía hundirme.
Yo soy la que puedo sacarme adelante.
Y así era. No hay nada que no pueda hacer. Puedo hacerlo todo.
-¿Puedes volver a tu silla, pequeña?
-Puedo hacerlo.-Sonreí a Justin y comencé a darme la vuelta con cuidado entre las dos barras. Si me soltaba probablemente mis piernas no aguantarían mi peso mucho tiempo, pero era cuestión de éste mismo que no necesitase apoyarme en absolutamente nada. Muevo mis piernas, una detrás de otra, primero la derecha, luego la izquierda, pequeños pasos. Y ahora recuerdo lo que sentía cuando corría, lo que sentía cuando tenía que andar ligeramente rápido porque llegaba tarde a algún sitio, recuerdo el ardor de mis piernas cuando hacía ejercicio y no podía más, recuerdo el dolor de mis pies cuando me ponía tacones, y quiero volver a hacer todo eso, y tengo realmente claro que voy a poder.
Doy el último paso, me doy la vuelta y me dejo caer en mi silla. He ido, y he vuelto, yo sola. Y creo que no he utilizado 15 minutos para hacerlo. No creo que haya utilizado ni 10. Y me siento tan orgullosa de mí misma.
-Lo has hecho muy bien, Dani.
-Lo sé.-Dije sonriendo.
-Estoy orgulloso de ti ¿sabes?
-Lo estoy haciendo.
-Lo estás haciendo. Y quiero decirte que el día que estés recuperada del todo me pido uno de tus días para matarte a ejercicio. ¿Aceptas?
-¿Me estás llamando gorda?
Justin rio.
-Eres idiota, Dani.
Sonreí levemente.
-¿Qué vamos a hacer ahora?
-Vamos a sentarnos en una colchoneta y vamos a hablar.
-¿Hablar de qué?
-¿No puedes estar 15 minutos seguidos sin preguntar nada?
-No.
-Ya lo veo.-Me tendió sus manos y me puse en pie.-Vamos a andar hasta las colchonetas.
-Pero no es lo mismo. Voy a caerme.
-Haz lo que puedas.
Y le hice caso. Una pierna, después otra y así hasta que sentí que mis manos estaban demasiado sudadas para agarrarme a las suyas, que su apoyo no era el mismo que el de las barras y que una de mis piernas, falló y si no es por él, casi me caigo al suelo.
Su mano rodeó mi cintura tan fuerte que del impacto se escuchó un leve golpe. Su cuerpo chocó con el mío, una de mis manos estaba en su bíceps y él volvió a ponerme de pie.
Nos quedamos parados. Estábamos tan cerca… Sentí su aliento chocar contra mi cara y un escalofrío recorrió mi cuerpo.
-No pasa nada.-Me dedicó una sonrisa.-Has hecho más de lo que pensé que podrías.
-Me subestimas.
-Creo que a veces lo hago.
Me cogió por detrás de mis rodillas y nos acercó a los dos hasta las colchonetas, me dejó de pie y me cogió de las manos dejándome caer levemente hasta que estuve sentada en la colchoneta. Él se sentó en frente.
-Pensé que ibas a tardar más en llegar hasta aquí.
-Me subestimas.-Dije de nuevo y sonreí.
-Lo hago.-Respondió como hace un minuto y me devolvió la sonrisa.
-No es porque crea que no puedes, es que a veces tienes una actitud totalmente negativa.
-Pero es hacia ti, no hacia mi rehabilitación.
-Ya, pero eso la entorpece, listilla.
-Oh, vamos. Tampoco es para tanto.
Elevó su vista hacia mí y sonrió de nuevo.
-Que te recuperes tan rápido quiere decir que pronto vas a irte.
-Lo sé. ¿Y?
-Te he cogido mucho aprecio, pequeña.
En mi interior, estaba haciendo acrobacias, dando botes de alegría.
-Espera, espera. ¿Puedo grabarlo? Quizá luego pueda ir enseñándoselo a todos tus ligues y darles envidia. Pongo la mano en el fuego a que no le has dicho eso a ninguna.
-Estás en lo correcto.-Rio.-Pero es en serio, Dani. Ya que no sé, tienes mi número, no me gustaría… dejar de verte porque ya no soy más tu fisio.
-Eh, me caes mal, ¿recuerdas?
-Acéptalo, no lo hago.
-Sí, y más en el plan en el que te estás poniendo ahora. Ya van 5 patadas que quiero darte. Te las voy a dar seguidas en cuanto pueda. No voy a tener misericordia. Quedas avisado.
Justin sonrió y me miró a los ojos.
Alex no mentía, no mentía en absolutamente nada.
Es guapo, es guapísimo, tal vez le gusto, al menos me ha dicho que me tiene aprecio, y me gusta, claro que me gusta, me gusta hasta tal punto que si sigue mirándome así voy a parecer un tomate.
Sus ojos se clavan en los míos tan intensamente que siento que esto es jodidamente íntimo, el calor invade mis mejillas pero no puedo apartar mi vista de sus preciosos ojos marrones, realmente no puedo.
Es… es… íntimo. Es como si se comunicase conmigo, es como si él me gritase cosas que no puedo descifrar y sé que yo le estoy desmintiendo todo.
Claro que me cae bien, claro que yo también le estoy cogiendo aprecio, sin él probablemente no estaría aquí, y seguiría deprimida en casa lamentándome por esto el resto de mi vida. También sé que mis ojos no ocultan absolutamente nada, y que a él le resulta fácil apreciarlo, también sé que le da igual.
Sonrío y miro el suelo. Estoy roja, estoy completamente roja, lo sé. Mis mejillas arden.
-Es la segunda vez que te has puesto roja en estos meses. Cuando entraste por primera vez aquí pensé que lo harías más.
-Ya, porque eres irresistible.-Dije irónica.
-Exactamente por eso.-Seguía mirándome y pude notarlo.
-¿Puedes dejar de mirarme así?
-¿Por qué?
-Porque me pones nerviosa. Para, en serio.
-Eres adorable, pequeña.-Soltó una leve risa. Me volví a poner roja, y él lo notó y rio más fuerte.
-Vale ya, Justin. Voy a matarte.
-Ni siquiera puedes mirarme a los ojos ahora, no creo que puedas matarme.
Y eso era para mí, un reto. Y odio perderlos. Levanté mi mirada y le miré fijamente a los ojos, realmente molesta.
-Para ya, en serio.
-De acuerdo.-Miró su reloj de muñeca.-Creo que es hora de irse. Alex estará al llegar.
Asentí. Justin se levantó y me acercó la silla, luego me ayudó a sentarme en ella.
Minutos después, Alex llegó y Justin se despidió de las dos realmente contento.
El hecho de hacerme sonrojar le divertía, y le odiaba por eso.
****
Jejejejeje, aquí tenéis el siguiente capítulo.
Justin es un descarado, y va a seguir siéndolo el resto de la novela con ella, no se corta un pelo.
Bueno, como veo que no comentáis ni vitáis pues no voy a volver a decirlo
De todas formas espero que os guste, y mil gracias por leer.
Emily.