"No reniego de mi naturaleza, no reniego de mis elecciones, de todos modos he sido un afortunado. Muchas veces en el dolor se encuentran los placeres más profundos, las verdades más complejas, la felicidad más certera. Tan absurdo y fugaz es nuestro paso por el mundo, que solo me deja tranquilo el saber que he sido auténtico, que he logrado ser lo más parecido a mi mismo que he podido."
—Frida Kahlo
Capítulo 41: Like A Stone
Axl
Llegamos muy pero muy tarde al aeropuerto por suerte Alan intervino y logramos conseguir que el avión no despegará hasta que subiéramos en este. Ahora solo viajábamos en primera clase, aún recordaba los primeros vuelos cuando nos tocaba irnos casi con el equipaje en el culo del avión.
Como cambia la vida en un año, donde estábamos y donde estamos ahora, en todo sentido... no sabía si estaba mejor o peor que antes, no tenía la certeza.
En todos los malditos controles de migración me detenían por mi piercing, era graciosa la reacción de la gente al verlo y no me arrepentiría jamás de habérmelo hecho aunque dolió como la mierda.
Nos fuimos directo al festival del que haríamos parte este año junto a bandas como Iron Maiden, Metallica, Scorpions, Megadeth, entre muchas más, era un evento inmenso, se podría decir que el concierto más importante que se realizaba en Inglaterra cada año, tocaríamos mañana pero queríamos ir a ver el ambiente del lugar y compartir un rato con las demás bandas, fue en algo que coincidimos por primera vez en mucho tiempo.
Atrás del escenario había una gran zona verde con carpas donde habían lugares para descansar, tenían mucha comida y sobretodo bebidas. Christina no había querido venir, sus clases iniciaban la próxima semana y al parecer tenía cosas que hacer, al final ella era la que se lo perdía, no me quede con la duda y le pedí a unos hombres que deje encargados que la vigilarán discretamente, cuando yo estaba en casa no había problema porque ella estaba conmigo, pero ahora no podía irme y dejarla sola, sin saber que haría o con quién se vería, simplemente no podía.
Tal vez ella tenía razón, yo me imaginaba que se comportaba como yo lo hacía cuando estaba lejos de casa, a lo mejor de ahí venía la desconfianza.
Pasamos un día increíble aquí, era divertido estar en ese ambiente cuando ya estábamos al nivel de los demás, cuando compartíamos escenario, fans y fama. Fue muy bueno para integrarnos como banda también, no se hace cuanto tiempo no hablaba con Slash o Duff, siempre me andaban evadiendo, con Steven me la pasaba peleando todo el tiempo así que prefería ignorarlo y pues Izzy, él estaba en otro mundo donde la adicción se lo comía a pedazos, yo veía como intentaba salir de eso pero volvía a caer. Era un círculo vicioso.
Después de irnos toda la noche de fiesta al mejor club de toda la ciudad, fuimos a divertirnos con unas mujeres jodidamente sensuales y atrevidas, era el sueño de muchas jóvenes acostarse y ser las groupies de los actuales dioses del rock, era como una meta lograr coger con uno de cada banda. Yo siempre tuve suerte con las chicas antes de la fama y ahora era mucho mejor. Por fortuna, el bar tenía sus propias habitaciones así pudimos ahorrarnos el trabajo de llevarlas al hotel aparte de que estaba plagado de fotógrafos y paparazzis la entrada de este, si Christina se enteraba que volví a mis andadas probablemente me castraría.
Los tuve que obligar a que nos fuésemos a la madrugada, de lo contrario jamás se despertarían para el ensayo que era a mediodía, yo sabía que nos la estábamos pasando de maravilla pero teníamos compromisos que cumplir y yo realmente quería deslumbrarlos a todos con nuestro espectáculo, demostrarles por qué nos catalogaban como los mejores.
—Axl tienes una entrevista después del ensayo —me informó Alan cuando nos estábamos acomodando en el escenario para iniciar con el ensayo.
Puse los ojos en blanco y me giré mirando el inmenso parque vacío, más tarde esto estaría a reventar. El clima era un asco, siempre estaba oscuro pero podría jurar que hoy llovería, el escenario tenía techo así que por nosotros no había problema pero el público si se mojaría en caso de que cayera una tormenta. Estábamos en un gigantesco parque de la ciudad que era además de grande muy lindo pero si llovía no me quería imaginar cómo se pondría.
Tocamos todas las canciones que tendríamos en el set list de esta noche, la periodista de la revista me estaba esperando en el backstage, sin mucho ánimo ni tiempo accedí a que me hiciera las preguntas en el recorrido de vuelta al hotel.
—¿Y que se siente ser un sex symbol? —siguió leyendo sus preguntas mientras grababa sus respuesta en la máquina pequeña en su mano.
Reí soltando el humo en mi boca. —No lo sé, supongo que es bueno por tener éxito con las chicas.
—¿Entonces te gusta que las chicas estén a tus pies? ¿Disfrutas de la compañía femenina? ¿No tienes alguna novia o una chica especial?
Christina me había aclarado abiertamente sus pocas ganas de pertenecer a este mundo, era por eso que jamás solía responder estas preguntas.
—Siguiente —pedí.
—Solo debes responder, si o no. Es sencillo.
Si decía que si, medio mundo se me vendría encima para saber quién era "la afortunada", decir que no era la opción más sencilla.
—No.
—¿Algún día piensas casarte, tener una familia y retirarte de Hollywood?
—Si, obviamente...
—¿En qué tanto tiempo veremos eso?
—Unos años espero que sea más pronto de lo que espero igual no estoy seguro de que quiera retirarme del todo de la música... es mi pasión, una parte importante de mi vida.
—Oh, pero mantener una familia y ser una estrella de rock no es algo sencillo, ¿crees que lo lograras?
—Por supuesto.
Ya comenzaba a hartarme su voz acusadora y fastidiosa.
—Me quedan unas preguntas... la siguiente es.
La interrumpí, —La última pregunta.
Ella asintió al ver mi determinación y se quedó unos segundos pensativa sobre lo que preguntaría.
—¿Estas enamorado de alguien?
—Si.
—¿Quién...?
—No —la callé— y esa era la última pregunta. Adiós puta.
Me bajé del auto caminando hacia la entrada evadiendo los paparazzis. Me di una larga ducha, fume un poco de hierba y salí arreglado para el concierto. Calenté mis cuerdas vocales antes de salir al escenario, me solía tardar un poco en eso, pero no me gustaba desafinar así que prefería retrasarme en ocasiones.
Estaba cayendo una maldita tormenta afuera, me sorprendió e impacto de sobremanera que las personas estuvieran allí afuera tullendo del frío completamente empapados de pies a cabeza con la única intension de vernos tocar, eso era tener mucha lealtad y pasión hacia una banda.
Tocamos como nunca sin importar la lluvia, pero no solo estaba descontrolado el cielo sino también el público, un trueno cayó muy cerca, lo escuché retumbando en mis oídos, di un brinco asustado sin dejar de cantar, de repente sentí más y más gritos que provenían del público, sobretodo del de un lado, no podía ver bien así que me asomé, me alarmé al ver que se había roto una de las pantallas de video a un costado, había caído sobre las personas que estaban frente a ella, la gente alrededor asustada corría, o al menos lo intentaba, de repente la multitud enloqueció por completo, esto parecía una batalla campal, se estaban yendo unos contra otros, todos histéricos por salir del lugar.
Los de logística eran insuficientes para todos los heridos que habían y menos eran capaces de controlar la multitud exasperada. Estaba allí arriba en shock, tampoco era mucho lo que pudiese hacer, solo sentía los latidos de mi corazón golpeando contra mis oídos aturdiéndolos con todo el alboroto de fondo, los demás siguieron tocando, tal vez el show debía continuar y así podía calmar de paso un poco la situación.
Mientras seguía cantando las últimas canciones pedí que se calmaran repetidas veces, me tenía de los nervios ver cómo se tiraban al piso unos a los otros completamente inundados por el pánico.
No podía seguir viendo esto, los maldije a todos por ser unos idiotas que se estaban matando unos con otros, lancé el micrófono contra el suelo y salí completamente irritado. Nadie se entrometió ni me detuvo, todo el mundo estaba impactado con lo que sucedía, yo solo me quería largar de aquí. Pedí un auto que me llevará al hotel, para mi sorpresa no había nadie en la entrada acosándome, pude seguir directo hacia mi habitación sin problema.
Pedí mi comida al servicio y me di un relajante baño, el teléfono sonó, contesté creyendo que era ella.
—Señor Rose, habla con Rick, hay algo que debo informarle.
—¿Qué ocurre?
Por su tono podía percibir que no era nada bueno y yo que estaba comenzando a sentirme mejor.
—La señorita se ha estado viendo con un hombre en los últimos días, han salido a tomar un café, pareció algo muy casual y no quisimos alarmarlo, pero ella siguió visitando la casa de su amiga, la señorita Angelina, en donde él se está hospedando, pero hoy...
Gruñí, —¿Hoy qué?
—Hoy entró al departamento con ese hombre, ella entró en su auto, él entró minutos después de ella por la portería, estuvieron alrededor de dos o tres horas, sacamos varias fotografías...
—Voy a tomar el primer vuelo para LA.
Agarre el teléfono en mis manos y lo arroje con fuerza hacia el suelo, lo pise repetidas veces hasta que quedó destruido, tenía la cabeza hirviendo de furia, jamás antes me había sentido así, tan fuera de mi, ni me moleste en preparar mi maleta, solo tomé mis documentos y salí a la recepción pidiendo un auto que me llevara al aeropuerto.
Sentía que no podía respirar con normalidad, algo estaba trancado en mi garganta, si ella... si ella me había engañado con ese idiota le iba a doler y a pesar por el resto de su vida tanto como me estaba jodiendo esto ahora a mi.
Compre el primer vuelo privado, habían aviones donde llegabas en la mitad de tiempo y aunque costará una fortuna era eso lo que necesitaba, llegar allí cuanto antes. Me escondí de algunos reporteros que habían, fue gracioso viajar con algunos diplomáticos del Reino Unido que iban hacia mi país a resolver el hambre mundial o una falsedad parecida.
Cuando aterrice, habían miles de periodistas que se me abalanzaron encima con tan solo verme preguntándome sobre el suceso en el concierto que para ellos era una tragedia, los guardias de la entrada me escoltaron hasta el auto donde me estaba esperando mi chofer, por suerte Evan era un especialista conductor para evadir las camionetas que nos perseguían cual si fuéramos criminales, logramos dejarlos atrás y para cuando llegamos a casa estábamos solos, se quedó en frente esperando.
Subí en el ascensor presionando insistentemente el botón, azote la puerta entrando, escuche su voz proveniente de la sala, camine despavorido hacia allí.
Se puso de pie al instante cuando me vio, su rostro lucía preocupado, tenía cara de ser una maldita perra culpable. —Escuche lo que pasó, lo siento mucho, yo me imagino cómo debes sentirte y...
La tomé del cuello haciéndola callar, frunció el ceño extrañada, su mirada solo reflejaba confusión. —Suéltame, idiota... ¿que te pasa? Me estás lastimando... yo estaba preocupada por ti.
Reí sarcástico. —Tan linda pero no necesito que te preocupes por mí, con que no andes revolcándote en mi cama con otro sería suficiente —escupí, enredando su cabello en mis dedos halándolo haciendo que hiciera una mueca de dolor. —¿Quién era ese hijo de puta? ¿Fuiste tan puta para tirártelo en mi cama? Dime, ¿qué hicieron? ¿Cómo te lo hizo? ¿Fingiste sentirte tan bien como conmigo? —Con cada palabra me iba enfureciendo más, la estrujaba con más intensidad. —Eres una maldita perra desgraciada e interesada, solo quieres joderme, te voy a demostrar para que sepas que conmigo no podrás, no soy un idiota, no soy uno de esos burros que te siguen, mi amor, yo soy el rey de la selva, no debiste joder conmigo porque no sabes en lo que te metiste...
Me empujó pateándome la pierna, salió a correr de prisa, no me quede sobándome, la perseguí como un loco, alcanzó a cerrar las puertas del ascensor antes de que entrara, bajé como un endemoniado por las escaleras, cuando llegue a la portería no la vi, al parecer me había tardado menos que el maldito ascensor, así habría sido mi velocidad, me bote cabeza abajo por los escalones.
Me acerqué al auto que seguía allí, Evan me dijo que no había visto a nadie salir, de repente apareció corriendo mirando hacia todos lados desesperada, cuando me vio comenzó a alejarse más rápido.
Le grite de todo menos cosas lindas, todavía estaba invadido por la furia, ella corría buscando un taxi, me subí en el auto en la parte trasera.
—Sígala —ordene.
Él me obedeció no muy convencido, bajé mi ventana completamente mientras veía como el auto se movía siguiendo sus pasos, pisando sus talones, claro que ella seguía en la acera y el auto en la orilla de la calle.
—¿Te vas a ir a buscar a otro al que te puedas tirar? —Ella seguía caminando ignorándome pero todas las personas nos miraban por la escena que estábamos dando, a mi francamente me valía una mierda. —Eres una puta solapada, quieres hacerte la niña inocente pero no eres más que una serpiente venenosa.
—Vete a la mierda —me gritó dándome una breve mirada.
—Te voy a hacer pagar esto putita.
De repente corrió en la esquina en dirección opuesta, Evan se quedó dudando ya que nos meteríamos en dirección contraria si la seguíamos, ella aprovechó para correr y gritó, haciendo que un taxi se detuviera, se subió en este velozmente.
—Siga el puto taxi Evan —demande exasperado al ver que se alejaba.
—Señor pero es prohibido.
Me revolví el cabello irritado, —Me importa una mierda, hágalo.
Logramos quedar detrás del auto cuando el semáforo nos hizo detener, saque mi cabeza por la ventana sin dejar de llamarla y gritarla, Christina se encogía cada vez más, podía imaginar lo apenada y avergonzada que estaba.
No sé merecía menos.
Se dirigió hacia la casa de Angie, me bajé con el auto aún en movimiento persiguiéndola, cuando pago el taxi, este desapareció, intentó correr inútilmente hacia la puerta pero yo logré alcanzarla antes de que lo hiciera.
—¿Viniste a buscar a tu amante? —cuestione riendo con amargura. —En serio te pasas de zorra y cínica.
—Jódete idiota, eres un maldito loco y por más que te explique jamás vas a entender.
La tomé del codo haciéndola doblegar. —Llámalo y así puedo partirle la cara delante tuyo, para que sepa que nadie se mete con lo que es mío.
Ella gritaba intentando soltarse, de repente la puerta se abrió. Un tipo alto, moreno y flacucho salió, estaba lleno de tatuajes, su nariz de tucán era lo único que llamaba mi atención y su cabello largo, estaba muy fachoso para resultar demasiado atractivo, sin pensarlo me le lance encima a golpearlo.
Sentí como unas manos me apartaban, vi por el rabillo de mi ojo que se trataba de Angie. —Estúpido, suéltalo.
Estrelló un cuadro contra mi cabeza haciéndome caer débil al suelo. Christina me miró preocupada, una gota de sangre cayó resbalándose desde mi frente.
—Eres una maldita loca que solo busca separarnos, le estás guardando el amante en la casa pero ¿sabes que? Me las vas a pagar, no te conviene estar en contra mío.
Rió eufórica. —Ahora si estas completamente loco... ¿tú crees que este idiota es el amante de Christina?
—Me falto verlos casi cogiendo en mi propia cama, ¿quieres otra prueba?
Siguió riendo y quería hacerle quitar esa sonrisa de suficiencia y burla. —Es mi compañero, él es el director de mis obras, joder... eres un maldito psicópata, Christina va a actuar como una extra en nuestro cortometraje como las demás. fuimos a tu casa porque queremos hacer unas grabaciones allí, pregúntale al maldito portero o mira las cámaras y compruébalo, ¿acaso pensaste en hacerlo antes de armar todo esto?
Me quede sentado en el suelo pensativo.
—¿Por qué no me dijiste? —reclame aún molesto mirándola.
Bufó rodando los ojos. —Si atendieras el maldito teléfono.
Mierda, en eso tenía razón. En la recepción me habían dicho que tenía varias llamadas y mensajes de ella.
Me quede en silencio sin saber que decir.
—¿Ves como siempre te cagas todo? —reprochó enojada disponiéndose a pasar al interior de la casa. La detuve antes de que lo hiciera.
—Hablemos —suplique murmurando.
Se soltó empujándome. —Vete a la mierda... después de todo lo que me dijiste, te puedes ir al mismísimo infierno.
Arrepentido seguí reteniéndola. —Nena, perdóname.
—Estoy cansada de hacerlo Axl, francamente lo estoy.
La hice girar y en un movimiento rápido pegué mis labios a los suyos, gruñó empujándome y pegándome una bofetada.
—¿Tú crees que no escuche todo lo que me dijiste?
Tomé su rostro entre mis manos. —Eso es mentira, lo dije molesto, sin pensar, nada de lo que dije es verdad.
—Eso no significa que no duela.
Me alejó, de repente recordé como me había recibido, estaba preocupada, pero ¿por qué razón?
—¿Qué sucedió? ¿Que viste en tus programas de chismes?
Su expresión se suavizó y noté como se le dificultaba tragar. —Vi lo que ocurrió en el concierto, escuche que hubo un accidente y murieron dos personas espichadas por la multitud.
El aire abandono mis pulmones. —¿Cómo que murieron dos personas?
Asintió, podía imaginar el rostro que tenía, ella parecía angustiada por mi reacción.
—Si, murieron dos chicos aplastados por los demás, también salieron otros tantos heridos.
Me desplomé agarrándome la cabeza aturdido, estaba respirando agitado, esto no podía ser cierto, esto era una locura, no podía ser cierto... no...
Se arrodilló a mi lado. —Axl, ¿no lo sabías?
Abrí los ojos entrando en pánico.
—¡Yo los mate!
—Claro que no —negó de inmediato. —Fue un accidente, nadie quería que eso sucediera. Fue una tragedia pero no es responsabilidad de nadie.
—Yo alcé el trasero y me largue, no hice nada, no hice... pude haber hecho algo.
Estaba entrando en un ataque de pánico, comencé a hiperventilar, posó sus manos en mis hombros sacudiéndome y llamándome preocupada. Sentí algo frío en mi cabeza, luego las gotas resbalando por mi frente.
—Muy conveniente, Angie —solté volviendo a la realidad.
—De nada.
Me había lanzado un vaso de agua encima, miré mi camiseta empapada. Christina me miró con la frente contraída. —Ve a descansar.
—Quiero que vengas conmigo...
Me miró seria y sabía que no había forma de convencerla, una vez más, la había cagado. Me levanté tambaleándome y camine hacia el auto, Evan me ayudo a subirme, la miré lejano desde la ventana, seguía arrodillada en el suelo derrotada.
El auto arrancó y ella desapareció.
No sabía cómo lidiar con todo esto, era demasiado, simplemente era demasiado.
Entre en el departamento y desconecte el teléfono y la tv, no quería escuchar a nadie, no podía ni distraerme tocando, la música me hacía recordar a esos dos jóvenes que habían ido ilusionados a vernos y no salieron con vida de lo que ellos pensaban sería un increíble día.
Me quede sentado semidesnudo bebiendo de una botella de whiskey, necesitaba algo que matara mis sentimientos, el licor parecía ser lo más parecido a lo que buscaba. Entre divagación y divagación se pasaban los minutos, cuando alcé la mirada, la vi apareciendo frente a mi como un ángel, con una mirada apagada y una sonrisa triste se acercó abrazándome en silencio.
Ella siempre venía a rescatarme cuando estaba quemándome en el infierno, a ella no le importaba hacerlo una y otra vez, no parecía darle relevancia a las heridas y las quemaduras que le quedaban después de hacerlo, incluso ni terminaba de sanar cuando volvía a sumergirse en el fuego por mi, solo por mi... la piel de los ángeles es más delicada, más pura y se daña más rápido que la de los demonios, por eso es que ella se veía más deteriorada que yo.
Me abracé a sus piernas hundiéndome en ellas mientras lloraba, acariciaba mi cabello tranquilamente, logré liberarme un poco, su mera presencia me sanaba el alma.
—Esto jamás me lo voy a poder perdonar.
—No fue tu culpa —reiteró.
—No es solo eso, es todo, yo destruyó todo, a todos los que me rodean, empezando por ti.
Me miró pensativa. —Tú solo eres una víctima más...
—¿De quién? —me burle con amargura.
—Del destino, de la vida... todos lo somos, no eres el culpable y menos el único que lo sufre. Cada uno lucha sus propias batallas.
—¿Crees que haya algo de bueno en mi?
Sonrió besando mi frente con ternura. —Hay muchas cosas buenas dentro de ti, te esfuerzas por ocultarlas pero siempre terminan saliendo a flote.
La miré con devoción atentamente, —¿Tú eres?
—¿De qué hablas?
—¿Eres el ángel que me mando Dios para salvarme del infierno? Eres tú, tú eres mi Beatriz, me vas a llevar al paraíso pero antes debo atravesar mil infiernos y el maldito purgatorio.
Intentó ocultar una sonrisa. —¿Estas drogado, Dante?
Negué.
—¿Estas alucinando con la divina comedia?
Los dos reímos.
—Me leí el libro de camino aquí... tal vez sea eso. ¿Sabes que? Yo no necesito ningún cielo, ni ningún infierno, no necesito nada realmente, solo te quiero a ti, la vida y la muerte son tan subjetivos, si sigo vivo o muero espero hacerlo siempre a tu lado, por toda la eternidad.
Se estremeció temerosa. —No hables de eso, sabes que no me gusta.
—Algún día todos moriremos... tú tienes el cielo garantizado mi niña, no solo has ayudado a muchos, le diste lo mejor de ti a este incorregible demonio al que nadie podrá salvar jamás... pero yo, yo estoy condenado, es difícil encontrar las cosas buenas cuando mi vida esta plagada solo de malas... —reí con gracia. —¿Sabes que es lo peor? Que no me arrepiento de nada, por eso me quemare en el infierno.
—Basta, vamos a dormir y descansar un poco, la carga emocional de hoy fue muy fuerte.
Me llevó como pudo a la cama arrastrándome, yo no podía ni tenerme, se desvistió recostándose a mi lado, mi alma se relajó cuando lo único que podía escuchar eran sus palpitaciones y sus respiraciones, su piel cálida contra la mía.
Entre sueños y alucinaciones le susurré, —Tú eres la vida después de la muerte.
Sentí sus labios contra los míos, me deje caer ante los poderes del sueño y el subconsciente, seguía viendo esa realidad utópica donde solo existíamos ella y yo, nadie más, solo los dos, siendo felices y estando juntos por la eternidad. De repente una tormenta cayó, el paraíso en el que estábamos se inundo, destruyéndose, la tierra se partió en dos, alejándonos, yo quería saltar hacia su lado pero el abismo era demasiado grande, ella se despedía triste, yo no podía hacer nada, estaba paralizado, el miedo invadía mi ser al sentir que la perdía por siempre.
Me desperté agitado sudando.