Avril - 1998

By XochyAM

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¿Qué pasaría si te dijeran que realmente no estás loca? Que en realidad la voz que has escuchado en tu cabeza... More

***
Book Trailer y Portadas
1. 1998
1998 (pt.2)
2. El Primer Día
El Primer Día (p.2)
El Primer Día (p.3)
3. Sospecha
4. El Sótano
5. La Chica del Cabello Rojo
6. El Abuelo de las Rosas
7. La casa
8. Corazón de Lobo
9. La Habitación Blanca
10. Los Faure-Dumont
11. Verdad
Verdad (pt. 2)
12. Culpa
13. Entrenamiento
Entrenamiento (pt. 2)
14. Partición
15. Conciencia
16. Cazadora
Cazadora (pt. 2)
17. BSS
18. Camila
19. El sueño
20. Alicia

El Sótano (pt. 2)

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By XochyAM

***

Estaba debajo de la cama de Will tapando mi boca para no hacer ruido. Will me había tumbado de la cama para que el guardia no me viera, pues nos meteríamos en muchos problemas si se enterase que yo estaba ahí. Vi unos pies justo en la puerta, parecía que el guardia solo estaba hechando un vistazo. Debió habernos oído hablar y por eso vino. Will fingió que hablaba dormido para tratar de arreglar el problema, tengo la idea de que eso lo tranquilizó y se fue.

—¡Will! —murmuré furiosa mientras sacaba la cabeza debajo de la cama— ¿por qué me tiras? Me dolió.

—Perdón, fue un impulso —susurró riendo.

—Ambos sabemos que lo hiciste a propósito— lo miré enojada.

—Tal vez —alzó los hombros.

—Ahora tenemos que salir de aquí —dije caminando al balcón.

Escuché un ligero quejido detrás de mí, me di media vuelta y por lo poco que podía ver, me di cuenta de que Will seguía envuelto en las cobijas. Los ojos le brillaban con la poca luz que se filtraba a través de las cortinas del balcón, y no se le veían intenciones de levantarse. Arqueé ambas cejas y sacudí la cabeza.

—Aún no sabemos donde está el sótano —se volvió a acomodar en su lugar.

Había sido solo una excusa.

—Por supuesto que sabemos, lo acabo de deducir —abrí la puerta hacia en balcón.

—¿Cómo? —se incorporó confundido.

Lo miré resignada. Apreté los labios y comencé a explicar.

—Arrancaron toda una sección del sótano incluyendo donde está la entrada llevándose un pedazo de la primera planta —sonreí presuntuosa—, y supongo que ahí está la puerta. No eran muy inteligentes.

—¿Qué pedazo es?

—La vieja sala de ballet —sonreí.

Will abrió los ojos como platos. Le mostré a Will como bajar por el árbol y salimos de la habitación aferrándonos al tronco como monos. Para entrar de nuevo en el edificio, entramos por la ventana a uno de los pasillos y nos dirigimos sigilosamente a la sala de ballet. Yo tuve que guiar a Will ya que el no sabía siquiera de su existencia, mucho menos de su ubicación. El pasillo a la sala era más obscuro que los demás. Caminamos por él a tropezones y entramos en la sala. Encendimos la luz sin preocuparnos que alguien fuese a notarla por qué aquella sala no tenía ventanas por ningún lado. En la parte alta de la habitación podían notarse algunos espacios donde antes habían estado las ventanas, pero ahora estaban totalmente tapadas por concreto. Parecía que por algún motivo habían clausurado este lugar, pero entonces, ¿por qué Denisse me lo había mostrado a mí? Cada pequeña cosa que me parecía rara despertaba más mi curiosidad por este lugar, lo que no era bueno para nadie, y mucho menos para mí, porque si llegaran a descubrirme tendría muchísimos problemas.

—Aquí solo veo espejos y barras —dijo Will rascándose la cabeza—. En serio no me había dado cuenta de que teníamos una sala de ballet ¿Tú como lo supiste?

—Aquí tengo mis clases, Denisse dice que los espejos funcionan como un portal y sospecho que la entrada está detrás de uno de ellos. Además, ¿para que construirían una sala de ballet en una escuela cómo está? Presiento que solo necesitaban una excusa para cubrir las paredes sin que fuera sospechoso —comencé a golpear cada uno de los espejos levemente con los nudillos de mis dedos—. Tal vez ella sin saberlo me dio la respuesta a una pregunta que ni yo ni ella sabíamos que buscaba.

Recordando libros, series, películas e incluso anime, puse en acción mis habilidades sacadas de ahí. Si estaba en lo correcto alguno de los espejos tendría un sonido diferente a los demás. Adiviné. Golpee un espejo con un sonido diferente, un sonido hueco.

Will se acercó y trató de moverlo. Lo deslizó suavemente a la derecha . El espejo se metía lentamente detrás del otro. Dejando al descubierto una puerta de madera polvorienta.

—Sospecho que este sótano tiene más entradas —dijo él.

—¿Por que lo dices? —pregunté.

—Esta puerta se ve que no se ha abierto en años.

—¿Tu crees que tenga como entradas secretas?

—Cabe la posibilidad —sonrió.

Su curiosidad comenzaba a despertarse.

Pensé en como podría abrir la puerta. Muchas opciones vinieron a mi mente, pero la más loca y más imposible fue abrirla como lo había hecho Tenshi, una de los protagonistas en Angel Beats. Pero a diferencia de ella, yo no tenía una espada que apareciera en mi muñeca a voluntad, por lo que opté por mejor darle una patada. Me preparé y en el momento exacto en el que lance la patada, Will me jaló por la cintura para alejarme de ella, evitando que la golpeara.

—¿Qué crees qué haces? —murmuró Will al soltarme.

—Voy a abrirla —contesté apuntando la puerta con el ceño fruncido.

—Eres una detective a medias, ¿sabes? —Will sacudió la cabeza— Tienes el cerebro pero te falta la técnica. Descubres todo esto pero no te puedes dar cuenta de que esta puerta, ni siquiera esta bajo llave —la empujó suavemente con un dedo.

Sonreí apenada, la verdad no supe que decirle. Él tenía razón, yo era muy precipitada. Caminé hacia ella, posé mi mano sobre la deteriorada madera y la empujé lentamente, provocando que rechinara a abrirse más. Cuando la puerta se abrió reveló unos polvorientos escalones inclinados hacia abajo, estos escalones llevaban solamente a la negrura de la oscuridad.

—¿Quién demonios escribió eso? —exclamó Will asustado. Su piel se tornó pálida y el sudor comenzó a saltar en su frente.

Seguí su mirada y noté que sus ojos estaban posados en un letrero escrito con pintura negra, sobre la pared de las escaleras, decía «Hell».

—Ay Will, tranquilo, los fantas... —me detuve a contemplar mi error—. Olvídalo, estaba a punto de decirte que los fantasmas no existen pero creo que sí, aunque no creo que puedan escribir y si pudiesen no andarían por ahí grafiteando ¿O sí?

Miré a Will, quien tenía aún la cara blanca y los ojos bien abiertos.

—No lo sé, pero no me gustaría averiguarlo.

Era cobarde, pero leal.

Comencé a bajar las escaleras con Will siguiéndome sigilosamente el paso, y pisándome constantemente los talones. Todo estaba obscuro y no teníamos una lámpara. Era una completa tontería que no hubiésemos llevado una lámpara, pero así fue, bajamos sin poder ver nada.

—Will muévete me estás pisando —murmuré.

—Lo siento —contestó tímidamente y con la voz entrecortada.

Avance un par de pasos más y me detuve al chocar suavemente con una superficie dura y fría. A mi parecer había sido algo hecho de metal, o tal vez madera. No sería raro que la madera se sintiese así de helada, cuando el solo ambiente ahí abajo se sentía muy húmedo.

—No veo nada —dije tontamente —, creo que no traer una lámpara fue torpe de mi parte.

—¿Ay en serio? —se burló Will—. Me traes a un escalofriante sótano en la madrugada y no traes una lámpara —dijo con sarcasmo—. No te preocupes, es normal, me pasa a diario.

—Cállate Will —reproché—. Oye, ¿que no eres un mago de mana?

—Sí ¿por qué?

—Y el mana brilla, si no me equivoco.

—Sí, estás en lo correcto —dijo Will.

No podía ver su expresión por la oscuridad pero supongo que aún no entendía lo que quería decirle. Era muy tonto.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué? —dijo confundido. Agaché la cabeza y sude la gota gorda—. Oh ya entiendo, quieres que encienda una bola.

—¡Pues claro! —sonreí aliviada. Había estado apunto de decirle que era un estúpido.

De repente una pequeña bola de mana azul se hizo presente en la mano de Will iluminando todo a nuestro alrededor. Will tenía una cara estúpidamente triunfal. Nunca había visto el mana en vivo, solo en videojuegos y caricaturas, pero era hermoso y diferente a lo que imaginaba. Era un poco parecido al fuego, pero azul. Era una esfera luminosa, su consistencia se veía algo liquida aunque no perdía su forma, y lanzaba pequeñas chispas y pequeños rayos a su alrededor.

Me pregunto, ¿cómo una cosa tan llamativamente linda podía ser tan destructiva?

—Es hermoso —dije alucinada.

—Sabes—hizo una pausa—. Cada vez que veo mi mana me acuerdo de ti —esbozó una traviesa sonrisa.

—¿Y eso por qué? —pregunté.

—Porque es azul como tu ojo —rió entre dientes—. Diría ojos, pero solo tienes uno azul.

La respuesta de Will fue tan divertida que no pude aguantarme la risa y ambos reímos como bobos.

—Dejemos de perder el tiempo —dije y le di un ligero golpe en el hombro—, vamos por lo que necesitamos.

—Mi pregunta es, ¿cómo sabremos dónde están esas hojas? Si es que están aquí —dijo Will—. Siento que solo estamos perdiendo el tiempo en suposiciones.

—Muy fácil, basándonos en la historia —arqueé una ceja—, está decía que los ancianos más importantes habían escondido su sabiduría en el sótano de la academia.

—¿Y quién escribe eso en un libro y lo deja en librería pública? —se quejó Will desconfiado.

Él tenía un buen punto.

—Eran como creencias, se dice que no es verdad —sacudí las manos.

—De nuevo, ¿estamos confiando en «creencias»? —arqueó ambas cejas—. Esto no me da buena espina.

—Tranquilo, yo siento que es verdad —esbocé una sonrisa, y entre un pequeño murmullo escuché un «eso esta aún peor». Pero decidí ignorarlo aunque tenía ganas de partirle la cara—. Ahora busquemos la sabiduría, ahí deben estar las hojas faltantes.

Dije con un ánimo fingido y comencé a caminar, pero me detuve al no escuchar los pasos de Will tras de mí.

—¿Y me puedes decir cómo luce la sabiduría? —preguntó Will—, no sabía que era tangible.

—Por supuesto —me di media vuelta y extendí los brazos— ¡Libros!

Will abrió la boca pero no salió ni una palabra, la cerró nuevamente y esbozó una amplia sonrisa.

Caminó detrás de mí. Había muchas cosas en aquel sótano, algunas eran tan extrañas que hasta daba miedo tocarlas. Había arañas en cada esquina, todas tenían sus redes llenas de raros insectos, e incluso algunas ratas correteaban por la oscuridad. Por fin llegamos a un pequeño librero polvoriento que estaba repleto de libros, y yo y Will nos dispusimos a buscar las hojas faltantes o cualquier cosa relacionada con Lauren Pierce, la medium.

Estuvimos ahí un rato, y no podíamos encontrar nada, pero entre más libros hojeaba, me sentía más cerca de mi objetivo.

—Mira esto, es un libro de mana —dijo Will hojeándolo y frunciendo el ceño —. Dice que le perteneció a un tal Esteban.

—¿Qué Esteban? —pregunté curiosa.

—Solo dice Esteban —contestó Will y torció la boca—, creo que lo llevaré conmigo.

Asentí con la cabeza. Seguimos en la búsqueda de las hojas faltantes del libro. Will y yo hojeamos muchos de los libros en aquel librero. Entonces, encontramos una delgada caja que estaba acomodada como si fuese uno de ellos. La caja se veía muy vieja, incluso tenía algunos agujeros y la curiosidad fue demasiada. La abrí y esta estaba llena de papeles, entre ellos las hojas faltantes del libro de mapas. Will tomó un bonche de hojas yo tomé otro y comenzamos a observar cada uno detalladamente. Las hojas estaban duras y amarillentas pero aún podía apreciarse la información que había en ellas.

La decepción invadió mi mente cuando me di cuenta que en ninguna de las hojas estaba lo que buscaba.

—No hay nada acerca de Lauren —dijo Will mirándome con decepción.

—Lo sé —dije con una mano sobre la frente—, tampoco acerca de Dominique.

—Yo vi donde vivía Dominique —Will metió las manos entre la caja—, mira.

Saco una de las hojas y me mostró donde antes había vivido Dominique. La hoja parecía pertenecer a un mapa del vecindario, donde alguien había escrito nombres de varias personas sobre él. Lamentablemente la hoja estaba algo húmeda y tan gastada, que los nombres de las calles no se podían apreciar muy bien. Esto no era lo que había esperado encontrar, pero era algo de ganancia. Después de todo no todo lo que había hecho había sido en vano. Ahora solo tendría que figurar donde estaba ese lugar en la actualidad, pero no sería muy difícil porque no había sido demasiado tiempo atrás, y aún sin el nombre de las calles el pueblo no podía haber cambiado tanto.

Seguí mirando algunos libros. Will se levantó y empezó a caminar un poco, observando cada objeto extraño a su paso. Al parecer estaba satisfecho por el libro que había encontrado y tal vez estaba mirando si había algo más que le ayudara a mejorar sus habilidades con el mana. Estaba tan entretenido viendo cosas que sin pensarlo terminó dando vuelta en una pared que separaba el sótano en dos partes.

Lo cual me hizo bufar ya que me había dejado a oscuras.

—¡Avril! —susurró fuertemente—, mira esto.

Su tono había sido tan preocupante que hizo que me levantara rápidamente y que a tropezones acudiera a su llamado. Tenía la cara pálida y los ojos tan grandes como dos tazas de café, en sus ojos brillaba una chispa de miedo y preocupación. Y para mi sorpresa, mi reacción fue exactamente igual a la de él. No podía creer lo que estaba viendo. En verdad me había metido en un lío gordo, y lo peor es que había arrastrado a Will conmigo.

—Que demonios —tragué saliva—, ¿está... muerto?

—No lo sé —Will sacudió la cabeza.

Un hombre estaba recostado en el suelo de una celda. Parecía muerto. Tenía una chaqueta café y jeans del mismo color, Will y yo por más que lo intentábamos no podíamos apreciar bien sus facciones por la oscuridad que lo cubría. Preguntas y más preguntas revoloteaban en mi cabeza como bandadas de pájaros, y mis sentimientos se encontraban en tal choque que al final ya no sabía ni cómo me sentía.

¿Qué se hace en un momento así?

La otra parte del sótano tenía más pinta de calabozo que de un sótano normal. Celdas y más celdas en línea recta por el tenebroso pasillo alumbrado por unos pequeños focos amarillentos, cubiertos de polvo grisáceo que dejaba pasar solo la más mínima cantidad de luz. Su luz era tan débil que ni siquiera los habíamos notado. Los escalofríos me invadieron. Sentía la necesidad de ayudar pero no sabia si debía hacerlo. Tenía que haber una fuerte razón por la que él estaba ahí encerrado, o eso quería creer, pero... ¿en realidad merecía estar ahí?

—Oye ¿estás bien? —dije en susurros acercándome a los barrotes de la celda.

—¿Qué haces? —dijo Will deteniéndome por el hombro.

—Quiero saber si está bien —contesté sacándome de su agarre.

—Deberíamos irnos, ya es tarde —dijo Will con la voz entre cortada—, y esto es demasiado peligroso.

Asentí con la cabeza. Él tenía razón.

Di un paso atrás, me di media vuelta y salimos corriendo del sótano. Will aún tenía el libro de mana recargado a su pecho y yo tenía la hoja con la «dirección» de Dominique hecha rollito en mi mano. Cerré la puerta y Will volvió a recorrer el espejo hasta su lugar.

—No debimos venir aquí —me dijo preocupado—. Esto estuvo mal, muy mal.

—Perdón —tartamudeé—, yo te traje aquí.

—No es tu culpa, yo decidí seguirte.

Nos vimos en silencio a los ojos por un momento. Ninguno de los dos teníamos palabras para explicar lo que sentíamos.

Salimos de la sala de ballet muy asustados por lo que había pasado. Recorrimos de regreso los pasillos a oscuras y Will salió por una de las ventanas para regresar a su habitación, trepando por el árbol. Yo seguí caminando normalmente, el guardia de los dormitorios de las chicas seguía durmiendo en su silla a la entrada. Pase a su lado como si nada y el ni siquiera se dio cuenta. Subí las escaleras hasta el tercer piso, y entré en mi habitación muy lentamente, teniendo cuidado de no despertar a Amber, quien todavía yacía entre las cobijas con su cabeza recargada a un oso de peluche.

¿Quién era aquel hombre? ¿Por qué estaba ahí? ¿Quién lo había encerrado y por qué?

Aquellas preguntas sin respuesta no me dejaron dormir toda la noche. El reloj marcaba ya las 4:00 de la mañana, y yo aún estaba con los ojos abiertos. Las cosas que me preocupaban iban aumentando, creí que el venir aquí sería una buena forma de mantenerme alejada de asuntos cómo estos. Pero no era así, los problemas me seguían a todos lados. Yo era como un imán para ellos. Ahora sí que le estaba haciendo honor a mi apodo de cuando era niña. Después de un corto tiempo de ausencia volvía recargada la «señorita problema».

Espero la disfruten. Saludos. 🖤✨

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Siguiente capítulo:
La chica del cabello rojo
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