Entre tú y yo

By _mydandelions

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Porque su historia es muy linda como para tener un final. Sigue a Brenda y a Evan a través de los años. *Es n... More

Entre tú y yo
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05 II
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Lectores de Enya
Extra de edición - Capítulo 19
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By _mydandelions

 Evan sonrió, escuchando a sus hijas y esposa riendo en la habitación. Hacía años que no dormía en la habitación que fue de él desde que era un niño y ahora su familia se encontraba allí. Se miró al espejo, observando el esmoquin que su madre le había enviado y que Fabio y sus asistentes habían estado tocando por una hora entera. Al menos su cabello estaba relativamente normal.

Si estar peinado hacia el costado y con gel, como si estuviera en en la mitad del siglo veinte. A pesar de que no le gustaba, entendía que debía estar en condiciones para hacer el traspaso de corona. En este caso de banda.

Solo en Goldenwood.

Su traje era azul marino, su camisa blanca y el escudo de Goldenwood estaba bordado del lado de su corazón. Los colores implicaban que era parte de la familia real, pero no de la realeza en sí.

—¿Evan? —llamó Brenda—. ¿Estás bien allí?

Apenas si abrió la boca para responderle cuando ella apareció en el umbral, tan hermosa como siempre. Su cabello oscuro estaba recogido en un moño elegante y su cuerpo esbelto enfundado en un largo vestido dorado pálido. Era lo más formal que le había visto vestir desde que se conocían; ni siquiera el vestido de su boda había sido tan elegante como el que llevaba. Este tenía un corsé color hueso con flores bordadas en dorado fuerte que lo cubrían, y pequeños diamantes en el centro de cada una. De la cintura para abajo la falda caía suelta y era igual al corsé, salvo que estaba cubierta por una capa o dos de gaza crema. Había una cinta rodeando su cintura y atada atrás, lo que le recordaba a esas películas de princesas que alguna vez Jacqueline le había obligado a ver. Todo eso sostenido por dos finos tirantes que se agarraban de sus hombros esbeltos.

La curva de sus senos hacia su fina cintura estuviera tan acentuada, que a Evan le daban ganas de olvidarse de la ceremonia, quitarle el vestido y encerrala en su habitación. Sacudió la cabeza en su fuero interno. Luego habría tiempo para eso, y odiaba pensar en tener a su esposa desnuda cuando sus hijas estaban en la habitación contigua.

—Oye —musitó ella, acercándose hasta estar a unos centímetros de distancia. Llevaba una sombra plateada ligera y delineador en los párpados. Era tan extraño verla tan producida. Irónicamente, en ese momento lucía como si hubiera nacido siendo una princesa—. Pareces un poco perdido. ¿Te sientes bien?

Oh, él se sentía más que bien.

Tomó a Brenda por la mandíbula y bajó su rostro hasta que sus narices se tocaron. Aún no se había puesto los tacones para poder resistir más tiempo en la ceremonia y fiesta —sus palabras—, así que debía encorvarse ligeramente.

—Eres tan hermosa —susurró, negando la cabeza—. A veces me abruma, ¿sabes? Y estoy tan agradecido de que estés en mi vida. Sé que no suelo ponerme cursi, y sé que no te gusta escuchar palabras de miel todo el tiempo, pero debes saber que es inevitable cuando luces así.

Los ojos se Brenda estaban rasados y su grueso labio inferior se curvó de manera tenue. Sus manos delgadas se metieron dentro de su saco, que aún no estaba abrochado, y las colocó en su cintura.

—¿Es necesario que te pongas cursi minutos antes de salir a hacer esta... cosa, frente a miles de personas, miembros de la realeza de otras partes del mundo y cualquier persona que quiera verlo por la televisión? Eres tan injusto —resopló.

Evan rio. Si había algo que nunca le cansaría era el gran sentido del humor que ella albergaba. Incluso cuando estaba a punto de derramar algunas lágrimas a causa de la emoción sacaba esa insolencia a flote.

—Sí —afirmó—. Estuve pensando y he decidido que cuando terminemos de tener hijos renovaremos nuestros votos y tendremos una boda como Brenda y Evan Bourque a secas, no como Brenda y Evan los príncipes de Goldenwood.

Ella estalló en risitas.

—¿Lo has decidido así no más? ¿Acaso yo no tengo voz en esa decisión? Y ¿cuando terminemos de tener hijos? ¿Quién dijo que estaba dispuesta a tener más?

—Brenda, querida, si no querrías más hijos entonces ya habrías optado por algún anticonceptivo permanente. Sé que detestas los condones, así que si no querrías más entonces buscarías alguna otra opción para no tener que usarlos. —Se encogió de hombros—. Puedes negarlo todo lo que quieras pero te conozco mejor de lo que tú crees.

Brenda entornó los ojos y ladeó la cabeza, observándolo con detalle.

—Evan —dijo con tono de advertencia—, si me llego a enterar de que estoy embarazada en este año entrante, te cortaré el...

Él besó sus labios, callándola, y presionó sus labios sobre los de ella hasta que sintió que los relajaba y sonreía. Dejo un pico en su boca antes de separarse y reír. Había mantenido las malas palabras al mínimo desde que había nacido Gemma, y lo cómico de todo tema era que era él quien le provocaba soltar profanidades.

No le molestaba admitirlo.

Mientras Brenda se colocaba los tacones, Evan volvió al dormitorio, donde sus hijas estaban en una carriola doble. Ambas caminaban, teniendo uno y tres años de edad, pero su esposa no había querido correr el riesgo de dejarlas sueltas momentos antes de la ceremonia.

Y cuánta razón tenía.

Aunque Gemma era la más tranquila del par, se contagiaba de la locura de Sophia cuando jugaban juntas, y era peligroso cuando no había nadie echándoles un vistazo. Todos estaban demasiado ocupados como para ayudar, así que la carriola doble terminaba con el truco; podían jugar, pero no serían capaces de arruinar su atuendo o hacer algún desastre estando atadas.

Sus vestidos eran casi idénticos, salvo que el de Gemma era celeste y el de Sophia coral, con mucho tul y brillos, cosa que ambas parecían adorar. La mayor tenía una trenza cascada y sus resortes cayendo sobre sus hombros, mientras la menor aún era pequeña y no tenía el suficiente cabello como para que le hicieran algún peinado.

Brenda, Gemma y Sophia debían estar presentes por ser su familia, pero solo Brenda sería parte de la ceremonia oficial. Cuando todos se dieron cuenta de que en realidad no sería necesario, ella quiso escapar, pero Jacqueline decidió que compartiría la tarea con ella.

Richard y Lucinda harían el traspaso hacia Alaric y Lynn, Evan con Joël y Jackie y Brenda con el pequeño Mathias, quien solo tenía un mes de vida. Los miembros del Parlamento firmarían los papeles necesarios, y cuando la tiara de la reina estuviera en la cabeza de Lynn —luego de la que banda del rey cruzara el cuerpo de Alaric— los reyes de Goldenwood serían otros.

Y todo el proceso sería filmado y lanzado en televisión nacional.

Evan solo quería que todo pasara rápido para que las cosas tomaran su rumbo y el pudiera volver a estar en su casa con su esposa e hijas, y dejar de pasar tanto tiempo encerrado en el castillo. Ahora que Alaric sería rey tendría que lidiar con el Parlamento solo. Evan lo ayudaría como hasta ahora, pero nada más.

Se dedicaría a otros sectores de Goldenwood, como su padre y Alaric siempre dijeron que lo dejarían hacer. A Evan le importaba más cómo los sectores estaban divididos y que la poca gente pobre que había en su estado natal recibiera la ayuda necesaria para salir adelante.

Apartó el tema del trabajo de su mente cuando Brenda salió del armario y tomó a Sophia en brazos, lista para bajar y encontrarse con sus padres, quienes tendrían a sus nietas durante la ceremonia. Evan tomó a Gemma y salieron de su vieja habitación.

Luego de que Axelle y Erwan Thomas tomaran a sus hijas en brazos, Evan y Brenda las besaron y partieron hacia el lado contrario. Esta vez la gente invitada de Goldenwood era muy poca, teniendo en cuenta que todos lo podrían ver por la televisión, solo estaría repleto de gente importante de otros países.

Antes de entrar al salón en donde todo se llevaría a cabo, Evan se puso la banda azul con el escudo dorado de Goldenwood bordado en el centro, que usaba para los actos oficiales, y Brenda y Jacqueline tomaron una idéntica pero más pequeña, que representaba la que el futuro príncipe al crecer.

Ellos dos estaban sentados junto a Jackie, Lucinda y Richard en la zona izquierda, mientras Lynn, con Mathias en brazos, Alaric y Joël estaban a la derecha, dejando al juez que daría paso a la ceremonia en el medio y la vista de todos.

Evan no le prestó mucho a las palabras. Quería que todo terminara de una vez por todas, dejar que Axelle y Erwan se llevaran a las niñas a la casa del duque Morel como venían pidiendo desde hacía tiempo, llevar a Brenda a casa y hacerle el amor hasta que ninguno de los dos pudiera pensar.

Brenda entrelazó sus finos y pálidos dedos con los de él, y cuando Evan atisbó hacia su rostro se encontró con una pequeña sonrisa conocedora. Ah, ella sabía exactamente lo que estaba en la mente de su esposo. Él llevó sus manos hacia su boca y plantó un beso en el dorso.

La ceremonia parecía arrastrarse cada vez más, lo que hizo que la resistencia de Evan en el tema comenzara a agotarse. Su pierna empezó a saltar sin su permiso, y Brenda tuvo que darle unos toquecitos para que se quedara quieto.

¿Quién lo pensaría? Ella era la tranquila y él el impaciente en esta ocasión, cuando era usual que fuera al revés. Bueno, ¿qué más daba? Se quería ir.

Luego de lo que parecieron milenios el juez llamó a Brenda y a Jacqueline para que le cedieran la banda al pequeño Mathias. El rey Richard se levantó, tomó a su nieto de los brazos de Lynn y caminó hacia el medio, apartándolo todo lo que podía de su cuerpo para que las mujeres pasaran la tela por sus extremidades. Seguido de una reverencia sutil, Richard, Brenda y Jacqueline firmaron los papeles correspondientes y volvieron a sus lugares.

Las palmas de Evan estaban llenas de sudor cuando se despegó de la silla, y en ese momento se dio cuenta de que sentía nervios; todo el día lo había hecho. Quería dejar de ser un príncipe para tener una vida más tranquila, si tan solo para poder salir del país con su familia sin tener que ser perseguido por paparazzies, cuando al mismo tiempo ser un príncipe era lo que había conocido toda su vida.

Su sobrino, Joël, lucía incluso más nervioso que él. Miraba hacia Evan con sus ojos claros llenos de miedo. Sus rizos rubios habían desaparecido gracias al gel y no había rastros de chocolate en la comisura de sus labios como solía habituar. Portaba un traje blanco hecho a la medida. Joël ya era un príncipe.

Evan sonrió y se agachó, hubicando su mano en el hombro de su sobrino.

—No tengas miedo —susurró—. Los príncipes pueden comer chocolate sin pedir permiso y tienen permitido ingresar a las cuartos prohibidos del castillo.

Joël sonrió y largó una risita. Evan dejó de sentir nervios.

Se quitó la banda, le dio una vuelta para que quedara doble y la pasó por el cuerpo del niño, ocultando lo que sobraba para que no se viera. Él y Richard firmaro los papeles y volvieron a sus lugares, y la mano de Brenda encerró la suya apenas se sentó.

Le dio un apretón.

Llegó el turno de los reyes. Lynn vestía de dorado brillante, como si ella misma hubiera sido forjada en oro, mientras que el vestido de Lucinda era como el de Brenda: más sutil. Alaric llevaba un traje blanco, mientras Richard tenía uno azul marino como el de Evan.

Jacqueline cruzó la sala para tomar a Mathias en brazos, quien estaba dormido, y dejar a sus padres para que continuaran con la ceremonia.

El momento padre e hijo fue el siguiente y último, y hasta Evan sintió una gran emoción en su pecho. Richard le puso le banda y puso una mano en la mejilla de Alaric, dándole una sonrisa que solo podía indicar orgullo.

Lucinda se quitó la tiara, mientras Lynn doblaba un poco las rodillas y agachaba la cabeza. Su madre hizo el pase, y cuando su nuera levantó la cabeza compartieron una gran sonrisa. Lo que nadie esperaba, sin embargo, era que la anterior reina de Goldenwood se quitara el brazalete con los colores de su estado y lo pusiera en la muñeca de la nueva reina.

Estaba cediéndole la reliquia que pasaba de reina en reina. Estaba deshaciéndose de todo lo que alguna vez la había convertido en una soberana... y estaba sonriendo mientras lo hacía. Evan no pudo evitar sentirse orgulloso de su madre.

El salón explotó en aplausos y vítores por los nuevos reyes.

Horas después, cuando Brenda y Evan habían saludo a demasiada gente, tomado demasiadas fotos y bebido más champán del recomendado, se escaparon hacia su viejo dormitorio en el castillo. Sus hijas se habían ido hacia lo de su bisabuelo un par de horas antes y estaban seguros de que estarían bien en manos de los Morel por una noche.

Se estaban besando antes de que la puerta fuera cerrada por la espalda de Brenda y el torso de Evan estaba desnudo un segundo después. El problema nació cuando él quiso quitarle el vestido a su esposa, quien en ese momento parecía no ser capaz de detener sus carcajadas.

—Debes calmarte y deshacer los botones. No quiero que lo rompas.

Evan tomó una respiración para inhalar paciencia y desprendió uno por uno los botones del vestido, mientras Brenda se quitaba los tacones. Cuando las capas de tela cayeron libres del cuerpo de su esposa, él tomó los zapatos y la prenda y llevó todo hacia el armario, sin siquiera verla. No, sabía que si lo hacía la tomaría ahí no más y dejaría el vestido destruido por ahí.

Eso no era problema para él, pero tenía la certeza de que recibiría palabras no solo por parte de Brenda, sino por Fabio y sus asistentes por dejar que se arruinara. Demonios, seguro hasta su hermana se enojaría por estropear la pieza.

Así que se quitó los zapatos, las medias y el cinto en el armario también. Se metió en el baño, puso la cabeza en el lavabo y se quitó el gel de la cabeza. Después volvió con su otra mitad... Solo para detenerse en seco al encontrarla sentada delante del tocador, quitando varias horquillas de su cabeza y dejando que la hebras oscuras cayeran sobre sus finos y pálidos hombros.

Evan tenía la ligera impresión de que ella sabía que él la estaba viendo, pero no dijo nada. Se dejó seducir por los movimientos de Brenda, quien lo único que estaba vistiendo eran un par de bragas de encaje rosa pálido. Sus senos habían crecido desde el primer embarazo y parecían no querer volver a su tamaño original. Ella no hacía comentario alguno, pero cuando él la espiaba al vestirse, ella miraba la zona más de lo normal y sonreía.

Lo que quería decir que le gustaba estar así y poder volverlo loco con solo ponerse una camiseta ajustada. Evan la amaría de todas maneras, pues no fue de su cuerpo de quien se enamoró esos años atrás, sino de ella.

Brenda tomó el cepillo y lo pasó por su cabello. Él aprovechó el momento para quitarse el resto de la ropa. Cuando quedó en bóxer se dedicó a observar a su esposa: su nariz tenuemente respingada, sus labios gruesos y rosados, sus grandes ojos café, su piel cremosa y suave.

—Eres hermosa —murmuró, provocando que ella le regalara la más hermosa de las sonrisas y dejara el cepillo a un lado—. Sé que es la segunda vez en el día que lo digo, pero debes saber que desnuda te vez mejor. —Se encogió de hombros—. Solo declaro los hechos.

Ella rio en voz baja y se levantó, acercándose a él. Iba a besarla, a continuar con lo que habían comenzado al entrar a la habitación, pero Brenda tomó las manos de Evan, las colocó en su delgada cintura y después pasó sus manos por su cuello.

—Quiero que bailes conmigo —susurró.

La frente de Evan se arrugó.

—¿Ahora?

Seguro estaba bromeando.

No. Brenda sonrió su encantadora sonrisa.

—Sí. La primera vez que bailamos, que yo no tenía la más mínima idea de lo que estaba haciendo, tú eras un príncipe. La vez que lo hicimos en la fiesta de año nuevo yo era una princesa. Ahora ni tú ni yo lo somos, y yo manejo un poco mejor el baile. Hagamos esto y luego podemos hacer lo que tú quieras. —Meneó las cejas.

Evan tragó el seco y asintió.

Comenzaron a moverse lento, como si de fondo estuviera alguna canción romántica. Brenda se acercó a él hasta que cada centímetro de su cuerpo estaba tocando el suyo y la barbilla de Evan estaba sobre su coronilla.

Cuando él logró relajarse tomó una de las manos de su mujer y sus pasos se volvieron más naturales, como si bailar al ritmo del silencio fuera como en realidad se hacía. Un momento después, comenzó a tararear una melodía.

Estuvieron así algunos minutos y él llegó a darse cuenta del motivo de porqué Brenda lo había hecho hacer esto: no por alguna clase de baile representativo en su relación, sino porque quería que dejara toda la noche y su significado detrás, que se enfocara en ella, en sus hijas, en su futuro.

—Te amo —susurró él.

—Y yo te amo a ti —respondió ella en el mismo tono.

La mano de Brenda que él no estaba tomando bajó desde su cuello, acarició su hombro, su pectoral y parte de sus abdominales; se coló por debajo de su brazo y se metió por su espalda, bajando lento hasta dar con el borde de su ropa interior. Separó la tela de su piel y quitó la prenda, dejándolo en su traje de piel.

Evan la imitó, recorriendo la longitud de su espalda antes de quitar la pequeña prenda que la cubría.

Cuando ambos hubieron quedado desnudos, Brenda comenzó a guiarlo hacia la cama, aún bailando. Sus labios mullidos estaban sobre los de él apenas la cama tocó la parte trasera de sus rodillas, y la lengua de su esposa se introdujo en su boca mientras él era impulsado a sentarse hasta tenerla a ella a horcajadas.

Al final fue ella quien lo montó a él, acariciándolo y susurrándole cosas al oído que nadie más tenía el derecho de escuchar. Fue lento, liberador, lleno de pasión y amor. Y, probablemente, la mejor experiencia sexual de Evan.

Rato después, cuando su cabeza estaba sobre los senos de Brenda y sus finos dedos recorrían su fuerte espalda, se dio cuenta de que ella le había extirpado la memoria de la ceremonia y de los nervios con su baile, sus besos y amándolo con su cuerpo.

—Tienes razón —murmuró ella, sacándolo de sus pensamientos.

—Razón ¿en qué?

Un suspiro.

—Sí, quiero tener más hijos —admitió.

Evan sonrió y besó su esternón.

Sí. La vida seguiría siendo bastante dulce.

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Holiiiis. No me maten, habría escrito toda la escena XXX si no fuera porque estoy que me caigo del sueño. Espero que les guste esta partecita :3 No sé de qué será la próxima, tengo algunas cosas anotadas pero prefiero sorprenderlos. 

Me despido doradas y dorados (?) jajajaj xD

Besines,

Enya 

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