Primera Partitura

16 1 0
                                        

Esta no es una historia sobre hacerse fuerte, sino sobre no romperse del todo.

¿Alguna vez has experimentado la felicidad sin siquiera darte cuenta? Muchas personas lo hacen, y a menudo la base de esa felicidad puede ser algo tan variado como el dinero, el éxito, las posesiones materiales o una relación de pareja. Pero ¿qué ocurre cuando te arrebatan lo único que te hace feliz?

Es un hecho bien conocido que todo lo que sube tiene que bajar en algún momento. Mi historia de felicidad comenzó en un otoño que cambió mi vida para siempre y nunca olvidaré.

Cuando cumplí los doce años, acababa de concluir la primaria. La ceremonia de graduación, el típico acto académico, ya sabes cómo es. Pero ese mismo día la alegría de haberme graduado no duró mucho. Descubrí que iría a una escuela secundaria completamente diferente, donde ninguno de mis amigos estaría. "¿Estaré sola?", me pregunté. Pero eso no fue todo. También me cuestioné por qué esa escuela en particular. No estaba en mi lista de opciones, así que todo parecía carecer de sentido. Estaba enfadada. ¿Cómo iba a sobrevivir la secundaria sin mis amigos de la primaria? Empecé a odiar la idea de ir a esa escuela antes incluso de ingresar a ella.

Pasaron las vacaciones y mi padre me enseñó la ruta para llegar y regresar de la escuela, ya que, debido a los horarios de trabajo de mis padres, debía tomar el colectivo para ir. Eran al menos cincuenta minutos de viaje. ¿Intentamos cambiar mi destino a una escuela más cercana? Sí, lo intentamos, pero fue casi en vano. La única opción que tenía era asistir por todo un año en esa escuela, después se haría el cambio de secundaria y así podría reunirme con mis amigos nuevamente. No había otra alternativa, así que lo acepté.

Finalmente, el primer día de clases llegó, pero fue incómodo. Todos parecían conocerse, ya se habían formado grupos de amigos. Hablaban, reían y expresaban su suerte por haber quedado en la misma escuela y clase. "Debería estar haciendo lo mismo con mis amigos", pensaba enojada. Mientras observaba desde afuera del aula, intentaba encontrar un lugar donde encajar, pero solo había un asiento disponible en la parte trasera, cerca del centro, rodeado de personas desconocidas. "Esto es incómodo", me dije mientras me daba cuenta de que todos a mi alrededor ya se conocían y charlaban animadamente sobre sus asuntos. La situación se volvió aún más incómoda cuando irrumpí en sus conversaciones al pasar entre ellos y sentarme.

Al terminar las clases suspiré profundamente y comencé a guardar mis cosas. Me preparé para irme a casa, deseando alejarme lo más rápido posible de la escuela. Sin darme cuenta tiré el cuaderno de alguien.

—Oh perdón, no era mi intención. —me disculpé, levanté el cuaderno y lo puse en la butaca, pero no recibí respuesta. Sin ver a quien le pedía disculpas me fui sin más.

Así transcurrió parte de mi primer día, sin decir una palabra y sintiéndome observada por todos en el aula.

—No podré soportar mucho estar así. —Me decía mientras iba y venía de la escuela cuando ya había pasado una semana.

En un día caluroso, durante el receso, como de costumbre, me encontraba sola mientras disfrutaba de mi almuerzo. Nadie se acercaba a hablar conmigo, y yo tampoco me acercaba a nadie. Mientras sacaba mi almuerzo, escuché pasos acercándose a mí. Resultó ser uno de mis compañeros, un chico alto y delgado con cabello ondulado y unos ojos serios y apagados que lo hacían destacar como alguien fuera de lo común.

Honestamente, mi intención inicial era decirle que se alejara, pero para mi sorpresa, él hizo un comentario extrañamente amable.

—Tu mochila es muy bonita —dijo con una sonrisa claramente forzada.

—Sí, gracias —respondí, un poco desconcertada.

Esperaba que se fuera después de ese comentario seco, pero, en cambio, se quedó a mi lado durante todo el receso. Sin embargo, no dijo una sola palabra durante ese tiempo, simplemente se quedó sentado a mi lado.

—Te vi sola desde que entramos, así que pensé en hacerte compañía —finalmente explicó, aunque seguía sin decir mucho más.

Después de un rato, me levanté y me alejé abandonándolo en el lugar, preguntándome qué había sido eso. Sentí que era una situación extraña y decidí poner distancia entre nosotros. Sin embargo, en el siguiente período de clases, noté que ese chico se sentó en el extremo opuesto del aula, al menos dos filas de bancos nos separaban, lo que me hizo sentir aliviada.

Los días transcurrieron con normalidad, algunos estudiantes no prestaban atención en clase, otros dormían, pero yo seguía atenta a las explicaciones del maestro, incluso si no entendía del todo.

Cuando sonó la campana marcando fin de turno me apresuré a recoger mis cosas y salí del aula lo más rápido posible, deseando evitar otro encuentro incómodo con ese chico o con alguien más. Pero para mi sorpresa, él también salió apresuradamente y caminó a la misma dirección para tomar el mismo colectivo al que yo me subía.

—¿Me está siguiendo? —me pregunté nerviosa mientras subía al colectivo. Observé cómo él también abordaba el mismo autobús detrás de mí. Mi ansiedad aumentó cuando noté que me seguía, me limité a escuchar música con mis audífonos y esperar a llegar al lugar donde bajo.

—Es imposible que baje dónde yo también, ¿cierto? —Pero entonces, cuando me bajé, vi que él también lo hizo y además iba detrás mío.

Quise verlo, pero rápidamente desvíe la mirada, me puse aún más nerviosa, todo apuntaba a que era de verdad un acosador.

Comencé a caminar en dirección a mi casa y vi como él comenzó a seguirme, hasta que después de dos cuadras mi nerviosismo me ganó y volteé todo mi cuerpo para gritarle, pero antes de que dijera algo noté cómo se metía a una casa.

—¿Vive ahí? —me pregunté, algo confundida. Decidí no darle más vueltas al asunto y continué mi camino hacia casa, donde finalmente pude respirar aliviada.

Sin embargo, esa sensación de alivio se desvaneció rápidamente cuando recordé que esa casa estaba a solo dos cuadras de la mía. Una sensación de preocupación se apoderó de mí, ya que parecía que tenía un acosador en los primeros días de escuela. Intenté mantener la calma, pero era difícil; parecía imposible que viviera tan cerca de mí. 

Cuando La Música Se DetuvoStories to obsess over. Discover now