No confíes...
No aceptes...
No mires...
No susurres...
No pidas...
No desees...
No gruñas...
No ordenes...
No copies...
No hagas nada que sea igual a ella, sólo te va a llevar a tú mismo sufrimiento.
Esas habían sido las palabras que alguna vez escuchó aquella chica ruda e irrespetuosa y de las que jamás logró sacar de su cabeza.
No eran más que una pila de palabras que no paraban de rondar en su pequeña mente.
A la edad de sólo quince años, aprendió la gran lección de su vida: "Nunca meterte con alguien más fuerte" y no porque ese alguien más fuerte le ganara en pelea (algo que ya sucedió en ese momento), si no porque era alguien más fuerte mentalmente y podía soltar un gran veneno, que dolía hasta el alma.
— ¡Eres la peor hija que pude tener! —dijo aquel hombre que alguna vez fue su padre, porque en ese momento ya no lo era más, no después de escuchar esas palabras y de ser golpeada por este mismo— ¡Por un momento piensa en lo mal que nos dejas quedar!
¿Era verdad?
¿Dejaba quedar mal a su familia?
Y si era así ¿Debía importar le?
Levantandose del suelo limpio la sangre de su nariz con la manga de su sudadera y limpió la tierra de su ropa para después acomodar su gorro y suspirar.
A pasos largos comenzó a alejar se de él y entrar a la casa, misma en la que su madre la miraba con lagrimas en sus ojos y murmuraba su nombre con dolor. Minutos atrás intento detener a su padre para que no discutieran como era de todos los días, pero esta vez no logró hacer su cometido.
De lejos miro a su hermano pequeño y sonrió, no quería que la viera así de débil y mucho menos si era débil por causa de su padre.
Subiendo por las escaleras hacia su habitación sintió las mejillas comenzar a mojarse, era la primera y última vez que lloraria. Ya que había tomado una decisión en ese mismo instante y esa era ir se de esa casa de una buena vez.
Tenía todo listo, las maletas, el dinero suficiente para poder estar al menos un mes en un motel y las ganas de largarse por esa puerta.
"Era una niña con mentalidad de adulto"
Azotando con gran fuerza la puerta de su habitación se lanzo a la cama y seco sus lágrimas. Dolía tanto pero no era el momento de estar triste, si no de actuar.
Se quito la sudadera y termino de limpiar la sangre de su nariz (la cuál aun no paraba de sangrar), se volvió a levantar comenzando a quitarse la ropa con la intención de dar se una ducha. Cuando de pronto su celular sonó dejando ver el nombre de Julie, quien era una de sus amigas que la invitaba a distintas fiestas casi diario, pero esta vez no estaba de buenas para ir a una, mucho menos lidiar con personas escandalosas.
Tiffany Armstrong era una chica totalmente fuera de casillas, se podría decir era la causante de cada problema que había en el vencidanrio y de los cuales tenía que lidiar su padre cada día, no había día en el cual ella no se metiera en problemas y si era así era porque tal vez estaba en la comisaria.
