Sonido estatico

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-por favor, deja de llorar, me estas reventando los oídos- suplique con la fría y ronca voz que desde la pubertad se había permanecido de esa manera.

-yo... Bfff...¡no puedo más!- sucumbió ante el llanto nuevamente, la estética del teléfono deterioraba su voz tan aguda y dulzona, al menos se había suavizado con el paso del tiempo.

-lo has soportado desde años, ¿por qué tan sensible ahora?- el viento de la ventana desarregló con sutileza los mechones que caían sobre mi frente, acaricio sigilosa mi nuca desnuda, libré de cabello.

-ya había roto una costilla...bff... P-pero ahora no fueron solo golpes...- su garganta era un hilo tan delgado como la línea entre el y la noche, sus concurrentes sollozos fueron callados por mis gruñidos de molestia; pero su voz mostraba más tranquilidad que ese llanto que estallo en mis tímpanos justo al tomar el teléfono.

-no me digas que te...

-¡NO... Q-quiero decir... BffgEl...El...- como bajando de un puente, sus palabras iban de paso en paso cayendo hasta callarse, incluso sabía desde esa cama donde en el cansancio me abrasaba, sabía que había desviado la mirada, y rozado sus manos al sentir en el la timidez tan típica y tierna.

-... No por completo...- susurro. Escuche por un momento el único sonido del teléfono, tan estático y tranquilo.

-entonces, ¿ya no puedes más?- pregunte alejando la tela de la cortina que cubrió mi cara en una fuerte y elegante ráfaga de viento que entro por la ventana.

No respondió, se quedo de nuevo ese silenció corrompido por el sonido tan retocado de la bocina de ese aparato; simplemente se calló, algo tan impropio de el, la luz lejana del amarillento foquillo se hacía más tenue fuera del escudo frágil del vidrio en forma de gota, resaltando los pequeños hoyos y rasgaduras de la pared color hueso, en la lejanía de aquella luz tan serena, la luz de la luna parecía tan débil como el cuerpo de Izar, alrededor de informales algodones que se desvanecían entre las estrellas, tocaba mi rostro entre la oscuridad y las formas indivisibles de esa parte de la habitación, fría y sin color.

-hey...Yosiel...- su voz se había apagado por completo, era en si apenas un susurro que se callaba en el aire, apenas audible, apenas vivo.

-que quieres- mi brusco modo no era lo que mi corazón interpretaba.

Era tan claro.

-creo que ya...creo...yo...- empezaba a romperse.

Sólo CÁLLATE

-habla de una vez-

no... Lo termines...

-¿sabes... Cuanto te quiero Yosiel?- la glotonería de su garganta emitía un sonido tan dulzón que mi corazón se aceleraba incuestionablemente.

-no empieces con cursilerías-

No me hagas decir la verdad.

-siempre conmigo, aunque no tenga muchos amigos.... Es culpa de este estúpido cuerpo...-

¿Por qué me haces presenciarlo?

-¿sabes? No es normal que un chico tenga una cintura tan pequeña, y aún así... ¿Por qué mi cadera es más ancha?, ¡ soy una burla de la naturaleza, un fenómeno!- esa dulzona voz que empezaba a hacerse aún más golosa, subía de tono convirtiéndose en un rasguño contra la suavidad de una cobija.

-¿¡por que soy tan pequeño?! ¡ aún teniendo 16 años! ¿,por que mi voz es tan estúpidamente chillona?!, ¿Por que... Por qué...?...- de nuevo se rompió...

-... ¿ por qué a pesar de eso.. Tengo este pedazo de carne colgando de mi?- susurro ante mis oídos; por un momento, sólo un segundo,apenas una migaja de tiempo, la estática del teléfono, había desaparecido.

-...¿y qué harás?- no quería, no deseaba siquiera que terminara; al decir esas palabras tan desinteresadas, mi estómago dio un vuelvo tan violento que mi rostro despojó ese sabor que por tanto tiempo había atado: la indiferencia

-... Yosiel...- el hilo tan delgado de su voz... ¿Podía escucharlo una vez más?

- iza...- el sonido lejano del plomo estrellarse... No... El... Ah... ¿Tan pronto?

Ese momento del que tanto había dependido mi vida, el pesar de ese acto de suprema paz había disminuido sin dolor con el tiempo..pero ahora... Ahora era más pesado que en el instante que lo supe. Ahora era simplemente el vacío de un espacio roto.

La luz amarillenta del foquillo parecía alejarse, se alejaba de las lágrimas tan hipócritas que se deslizaban por las mejillas y oídos... ¿Por qué sentí un sabor amargo en mi garganta tan cerrada? Retire el teléfono que emitía un sonido de bip tan recurrente, sofocada en las palabras que nunca pude liberar....

¿Sabes una cosa, izar?...

No creo que seas un fenómeno... No creo que lo hayas sido.

Sonido estáticoWhere stories live. Discover now