Hinata nunca había experimentado un sentimiento tan grande y puro como lo es el amor, no sabía que era enamorarse ni que alguien se enamore de él. Conforme crecía se dio cuenta que en realidad no le parecía tan interesante el tener esos sentimientos...
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— Shoyo-kun!! —exclamó una chica, zarandeando a su mejor amigo, quien se estaba quedando dormido— te estaba contando algo súper importante y osas dormirte en mi cara! —le llamó la atención muy indignada.
Un pequeño Shoyo Hinata de trece años se encontraba en su salón de clases en pleno descanso, junto a una chica de pelo castaño, más bajita que él y muy ruidosa, ella se encontraba contándole sobre el chico que le gustaba, a lo que Hinata sin mucho interés, colocó una cara de máxima concentración pretendiendo escucharla, pero realmente estaba pasando por su mente un vídeo de "top 100 jugadas más impresionantes de vóleibol en el mundo" que se había quedado viendo por la computadora hasta casi las tres de la mañana y, sin darse cuenta, comenzaba a cerrar los ojos lentamente debido al cansancio.
— Oh... perdóname Hanna-chan... —dijo desparramandose en el asiento— Pero es que estoy muy, muy.... —bostezó con descaro tapándose la boca— cansado —terminó frotándose los ojos.
— Últimamente te veo así siempre —comentó mirándolo con un poco de desconfianza— es por los entrenamientos? Deberías denunciarlos, parece que te explotan ahí.
En realidad, Hinata se auto exigía tanto que llegaba a quedarse más tiempo entrenando en secreto, con la excusa de ordenar el gimnasio, recoger las pelotas y guardar los implementos para el día siguiente, aunque se sentía muy solo todo el tiempo, además que le daba mucha vergüenza decirle a alguien que le ayude a colocarle el balón, para practicar sus remates.
— No, no es eso —dijo removiendose incomodamente en su silla, enderezandose por completo— el equipo tiene un horario de entrenamiento, es solo que me quede mucho rato anoche viendo vídeos —los ojos comenzaron a brillarle, como siempre cada vez que hablaba de voleibol— ¡Fue increíble! —comenzó a explicar emocionado— Vi un remate tipo señuelo, donde el armador hacía una finta, fingió que iba a pasar el balón al otro lado, confundiendo a los bloqueadores... ¡Pero en realidad le colocó la pelota a su rematador y este corrió hacia la net y...!
—, Ay no, ¡Ya empezamos! —dijo Hanna tapándose las orejas de modo divertido para fingir que no lo escuchaba, a Hinata le recordó a un dibujo de un monito que le colocaba a su hermana en la televisión para que se entretenga— Shoyo-kun, no te ofendas pero... Creo que deberías comenzar a fijarte en alguna chica, toda tu cabezota se resume en voleibol, voleibol y voleibol! —dijo dándole pequeños golpes con una lapicera que había agarrado de la mesa de su compañero, este soltando pequeños quejidos al sentir los golpecitos en su coronilla— Sigo pensando que mientes, que en realidad te metiste al club de voleibol por alguna chica, ya... Dime enserio ¿Quién te gusta?
— ¡No me gusta ninguna chica! —exclamó sonrojado ¿Porqué todo el mundo desde que se metió al club pensaba eso?— ¡Simplemente me gusta el voleibol, es todo! ¿Acaso es raro que a un chico le guste un deporte que en su mayoría lo juegan mujeres? -comentó, todavía acalorado.
— No dije eso —dijo Hanna con suavidad, tratando de apaciguarlo— simplemente que se me hace raro, llevamos mucho tiempo siendo amigos, desde los nueve años para ser exactos y ¡Jamás me has dicho algo sobre una chica! A veces pienso que si el voleibol fuera una persona de verdad, estarías detrás de ella día y noche, ¿Ah que sí?
— No digas tonterías —musitó, desviando la mirada hacia la ventana, donde el cielo despejado dejaba ver un tono celeste muy vivo, mientras se perdía en sus pensamientos.
De cierta manera, lo que decía Hanna tenía razón, jamás se había fijado nunca en una chica, su mente solo pensaba en las jugadas, las tácticas, los mejores equipos y jugadores de la liga, siempre le decían que al llegar a la adolescencia sentiría mas curiosidad por esas cosas, pero hasta ahora nunca se le había pasado por la cabeza ese escenario de él y una chica agarrados de la mano, dándole besos en la mejilla o yendo al cine juntos. Eso es totalmente normal, no quiere decir que nunca va a interesarse en alguien ¿Verdad? Todo tiene un momento, tiempo y un lugar, no era tampoco que le disgustára el hecho de enamorarse de alguien, simplemente no lo tenía como algo a lo cual aspirar en esa etapa de su vida.
—...luego nos fuimos a casa y él... ¡Me dio un beso en la mejilla! —Hanna, tan metida en su relato, no se dio cuenta que otra vez Shoyo no la escuchaba, se tapó la cara con vergüenza y movió sus pies emocionada—¡Ahhh! Fue tan mágico... ¡No volveré a lavarme mi mejilla derecha nunca! —su emoción cayó en picada al darse cuenta que su amigo no le prestaba ni pizca de atención— Shoyo-kun! —dijo y le propino un golpe en la cabeza con su cuaderno de matemáticas— ¡Deja de pensar un ratito en vóleibol!¡Por eso es que siempre desapruebas Inglés!¡Ton-to-Sho-yo-kun! —pronunció mientras que, con cada sílaba que decía le daba de cuadernazos en la cabeza.
— ¡De acuerdo, de acuerdo! —exclamó protegiendose del cuaderno de matemática—Empecemos de nuevo —dijo al ver que su amiga bajaba su arma y lo colocaba encima de la mesa— Sígueme contando...
—Ah... —musitó la chica al ver a su amigo tan "interesado"— Pues... luego de eso... Él me dijo que si quería salir al parque, fue tan lindo que sentía mi corazón y mi cara explotar, ¡Le dije que sí! Pero ahora no se como actuar, que ponerme o...
Shoyo ya no la escuchaba, otra vez.
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Hola, este es el prólogo de esta historia que comencé a escribir, espero sea de su agrado, me encantan los personajes y la química que tienen en el anime que es imposible no hacer un fanfic dónde sientan algo el uno por el otro. Shoyo chiquito hace temblar mi corazón jiji. Gracias por leer 💕✨