Sinopsis

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Llegar fue lo más sencillo para Lily. Nadie la notó en la terminal hasta que llegó la hora de subir al micro que la alejó de todo lo que conoció por diecisiete años. Cuando llegaron a la terminal de esa gran ciudad, ya no había rastros en su cara de lo roto que tenía el corazón. Ninguna persona se le acercó y hasta se sintió un poco agradecida con el destino por no tener una persona desconocida a su lado en el trayecto. Pudo pensar en paz, mientras la música llegaba a sus oídos por los auriculares. Ahora en su destino, con un bolso a sus pies y la mochila en su espalda. Estaba rodeada de un grupo de turistas que, como ella, apreciaban la vista desde el puente.

No estaba segura cómo terminó ahí, solo buscaba alguna excusa para hacer tiempo mientras pensaba en el siguiente paso y la mujer que le ofreció un boleto para esa excursión solo se apareció frente a ella como por arte de magia.

Respiró hondo y se agarró con fuerza la chaqueta, el viento del rio era helado aunque el frío que sentía por dentro tampoco le agradaba. Contempló con calma las vistas, paseando su atención por los edificios a la distancia, preguntándose por cuál de todas esas calles estaría la persona que la llevó a decidir estar en ese lugar.

Bajó la vista y observó las olas furiosas que parecían querer comerse los cimientos del puente.

-Hazlo-

El susurro muy tenue de una voz angelical que venía desde su interior instaló la idea en su cabeza por varios segundos, llevándola a imaginar. Imaginarse lo que sentiría, el viento en la cara, esa sensación inexplicable en el estómago, el abrazo del agua que le llenaría los oídos y la aislaría del mundo, para siempre. Una vibración la devolvió a la tierra, era su teléfono por la llamada entrante de su madre. La foto en la pantalla, las mostraba a ellas juntas, abrazadas, sonrientes. Dejó que siguiera vibrando, estiró la mano con la que lo sostenía más allá del límite de la baranda y lo soltó.

Levantó el bolso del suelo con la misma mano y poco a poco comenzó a alejarse del grupo de turistas sin ser vista. Todos tan preocupados por sus cosas, por la emoción de conocer la gran ciudad de New York. Tal vez, si le hacía caso a la voz, nadie se habría dado cuenta hasta que ya fuera demasiado tarde.

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La mujer de traje color gris golpeó impaciente la puerta del auditorio 483. Su día venía siendo muy rutinario y era lo que más amaba de su trabajo. Hasta que se presentó una joven de largos y ondulados cabellos negros que intentaba esconder con una capucha, llevando un bolso enorme y pidiendo hablar con un estudiante. Un joven, de mirada clara y sonrisa dulce, que estaba sentado a mitad del auditorio repleto y con la atención puesta en tomar nota de cada palabra del profesor.

-¡Stump!- gritó el profesor apenas recibió el recado de la secretaria.

El joven levantó la mano asustado, jamás había recibido un llamado de atención, jamás pasaba nada relevante en su vida luego de haber experimentado todo lo que una gran ciudad y la universidad podían ofrecerle.

-Lo buscan en la entrada- le explicó la secretaria cuando él estuvo lo bastante cerca.

La siguió sin pedir explicaciones, a pesar de que las dudas se acumulaban. Solo podía pensar en un selecto grupo de personas capaces de hacer eso sin intentar contactarlo a su teléfono. Pero ninguna de ellas se parecía a la chica de pie frente al gran recibidor de la universidad.

-¿Lily?- preguntó él y ella dejó de contemplar la majestuosidad del lugar para verlo directamente a los ojos.

-¡Patrick!- exclamó, olvidó por completo el bolso y el lugar y se arrojó a sus brazos. –Necesito tu ayuda. No sabía cómo ubicarte hasta que recordé que estudiabas aquí- comenzó a explicar hasta que sus lágrimas no la dejaron seguir.

-¿Qué haces aquí?- le separó un poco sosteniéndola por los hombros para verla al rostro.

-Necesito tu ayuda- volvió a decir y se secó las lágrimas.

-Explícate-

Intentó hablar, sin embargo, los recuerdos de esa mañana, la emoción de haberlo encontrado y el miedo de que las cosas no salieran como ella deseaba, le arrebataron su voz. Patrick la abrazó con fuerza y dejó que se desahogara.

Ya tendrían su momento para hablar, pensó, mientras ignoraba la mirada de los demás que observaban al pasar. Solo estaba seguro de dos cosas, algo grave le sucedió a su prima y no volvería a la clase ni entraría a la siguiente.

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