De nuevo llegó la hora de dormir, otra vez ese delicioso e innegable placer qué el cuerpo cansado exige al acabar el día ajetreado. De nuevo llega la hora en la que se debe dejar en pausa todo lo demás y es momento de meterse a la cama, para soñar, para descansar, para dormir.
La hora que muchos esperan con ansias después de un día arduo de trabajo o de estudios, lleno de rutinas, estrés.
También es la hora que los niños esperan con muchas ganas para que mami o papi se acuesten con ellos a leer un cuento antes de comenzar a soñar.
Es la hora del viaje al país de los sueños para todos; para todos menos para mí.
Se preguntarán ¿por qué?
Para mí la hora de dormir no es más que el preludio hacia la desesperanza y el miedo que araña y desgarra mis entrañas con ímpetu hasta hacerme temblar sin control.
Pero eso es algo que yo no controlo a mi antojo ya que es una necesidad fisiología que el cuerpo demanda para reponer energías.
Así pues, luego de resignarme y colocarme el pijama y de haberme despedido de mis dos hijos pequeños camino hacia mi recámara me detengo en el umbral, me sostengo del dintel como queriendo aferrarme sin éxito alguno a algo que no vendrá en mi auxilio; miro hacia el frente donde está mi cama.
Suelto un largo y agotado suspiro y no me queda más qué meterme en ella.
"Dios mio", pienso al correr las sábanas para meterme y cobijarme con ellas.
Ahora costado dando vueltas hacia un lado y hacia el otro, sin poder encontrar la postura más cómoda para conciliar el sueño, trato lo más que pueda de acomodarme y es que ahora sí, necesito dormir.
.!Lo necesito más que nunca!
Ya llevo dos semanas sin poder pegar un ojo, me paso todo el tiempo despierto con el sueño que se apodera de mi cuerpo pero mi subconsciente no quiere, no me deja dormir.
E intentado tomar de esas pastillas que te hacen conciliar el sueño y si cumplen su cometido. Más ahora, así que antes de entrar en la cama me tomé una pequeña píldora para poder dormir.
Doy una última vuelta hacia la izquierda, cierro mis ojos e intentó vaciar la mente para que el sueño finalmente caiga sobre mi cuerpo.
Me siento como en una espiral oscura dando vueltas, lentamente voy cayendo en los preciosos brazos de Morfeo.
¡Ah! al fin el sueño invade por completo mi ser. Estoy a punto de quedarme completamente dormido cuando de pronto...
¡Otra vez!
¡No puede ser!
Nuevamente ese extraño sonido debajo de la cama.
Un quejido; un lamento prolongado acompañado de un extraño sonido que me hacen imaginar unas enormes garras.
Mi cuerpo se despoja del sueño para ser invadido esta vez ¡Por el miedo!
Un frío espectral que me hiela hasta la sangre se introduce en toda la habitación. El sudor frío comienza a recorrerme de pies a cabeza, y mi respiración se vuelve más y más pesada y ni hablar de los latidos de mi corazón que late sin control, siento que se me va a salir por la boca en algún momento.
¡Ni si quiera puedo pensar!
Mi cuerpo pesa, mis manos pesan, y mis pies pesan. Todo de mi está bajo el control del miedo.
Quiero moverme pero me es imposible. Y aunque pudiera hacerlo creo que no tendría el valor de levantarme.
¡Ahí está! ¡Nuevamente! El lamento del monstruo.
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El Monstruo debajo de la cama
Mystery / ThrillerUn relato corto de terror. No se aceptan plagios ni adaptaciones. Todos los derechos reservados.
