Me desperté desorientado, sintiendo el olor a humedad rozando mis fosas nasales. Mis ojos estaban vendados, y mis manos atadas en mi espalda. No sentía mis piernas, y mi cabeza dolía horrores por una razón desconocida. No sabía dónde estaba. Me concentré para tratar de recordar lo que había pasado, el por qué estaba ahí. Todo volvió a mí como una ola. Mientras volvía a casa desde la universidad, como todos los días, sentí como alguien me observaba. Lo ignoré por completo, pero cada vez se sentía más la presencia de otra persona siguiéndome. Miré nuevamente hacía atrás, cómo tantas veces ya lo había hecho, pero no vi a nadie.
Asustado, aceleré el paso hasta el punto de casi correr. En ese momento, escuché sus pisadas detrás de mí. Hice todo mi esfuerzo para que no me alcanzara, pero fue en vano. Era mucho más rápido que yo, y además estaba agotado por el movimiento que había tenido hoy mi día. Sentí sus brazos rodearme, forcejé para que me soltara, pero él tenía más fuerza que yo. De un momento a otro, no recuerdo más nada. Quizá a eso se debía el dolor de mi cabeza.
De repente escucho el chirrido de una puerta ser abierta, y el mismo al ser cerrada. Pasos. Ligeros, lentos, como si esa persona tuviera toda la paz existente al caminar. Sin darme cuenta estaba temblando. Sentía la humedad de la venda debido a las lágrimas que salían de mis ojos. Escuché su risa burlona retumbar en mis oídos, lo que me dio una gran impotencia, que aun así, fue opacada por la adrenalina que recorría mis venas.
─ ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?─ Su voz se oía tranquila, pero me transmitió todo lo contrario. Sabía que él había sido quien me llevó allí.─ ¿Por qué no hablas? Aún no te he cortado la lengua para que no puedas hacerlo.─ En ese momento, inevitablemente, mi llanto se intensificó. Traté de calmarme, pero era imposible. No sabía por qué estaba allí, y lo que dijo no me daba siquiera un destello de luz para poder resolverlo.─ Deja ya de llorar, me das jaqueca─ Respiré hondo nuevamente, y esta vez sí pude calmarme.─ ¿Cómo te llamas niño?─ Los segundos pasaron, y yo no encontraba mi voz para responderle.─ Te hice una pregunta, y será mejor para ti que me contestes cuando las hago.─
─ T-obías.─ Mi garganta ardió al pronunciar mi nombre.
─ Tobías… okey Tobías, vas a escucharme atentamente porque no lo volveré a repetir, ¿Si?─ Asentí despacio.─ Bien. La cosa es así. No vas hablar a menos que yo te lo pida, mucho menos gritar. Porque te juro que si lo haces, te descuartizo en lo que tu corazón deja de latir en tu puto cuerpo. Mi idea no es matarte, pero si no me dejas más opción lo haré. No vas a ir al baño, y vas comer lo que te dé sin refutar. Mejor para ti si haces todo lo que digo.─ Sin más salió del lugar con la misma calma con la que había entrado.
En ese momento me desmoroné. Lloré lo más silencioso que podía para no causar problemas. Sabía que si lo hacía iba a ser peor. No sabía porque mierda estaba ahí metido. Nunca hice algo malo para merecerlo. Quizá estaba pagando en esta vida lo que cometí en otra. No tenía ni puta idea, pero quería que todo acabase en ese momento. Tenía que pensar en una forma de liberarme antes de que pudiera hacerme algo. Dijo que si lo obedecía no iba a matarme, pero si no lo quisiera hacer ¿Para que me había secuestrado entonces? No lo entendía, y tampoco quería hacerlo. Sólo quería salir de allí lo más pronto posible. Finalmente, sin poder evitarlo, me dormí.
°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°
─ Ya has dormido demasiado, despierta─ Sentí mi mejilla escocer por la bofetada que me había dado para que despierte.
─ Mgh…─
─Te traje la comida del día, y no pienso darte de comer como si fueras un estúpido bebé. Te soltaré una mano para que lo hagas tú mismo. Intenta algo y verás las consecuencias.─ Sentí como la soga que ataba mis muñecas era desajustada para poder sacar la mano. Luego volvió a ajustarla, pero esta vez solo en mí muñeca izquierda.─ No alces la vista, ni intentes verme.─
YOU ARE READING
Hostage - O.S
Short StoryMe desperté desorientado, sintiendo el olor a humedad rozando mis fosas nasales. Mis ojos estaban vendados, y mis manos atadas en mi espalda. No sentía mis piernas, y mi cabeza dolía horrores por una razón desconocida. No sabía dónde estaba. Me conc...
