un brujo de navidad

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El sol empezaba a ocultarse en aquel pequeño pueblo de marineros, la brisa marina inundaba todo el ambiente. La gente se veía alegre, comprando los últimos regalos en esa fecha tan señalada, 24 de diciembre. No tan lejos En la plaza del pueblo un joven se levantaba de su sitio en aquella pequeña cafetería

.-hasta pronto Héctor-. Le dijo la camarera

.-hasta la próxima-. Contesto Héctor, su visita se quedó clavada en el suelo y procedió a caminar sin un rumbo fijo, miro sus muñecas y se las tapo rápidamente. Ver tanta gente feliz le producía cierto rechazo

"¿Porque ellos si y yo no?" Se preguntaba mientras seguía caminado, sin darse cuenta había llegado aquel paseo marítimo. Ese paseo que en algún tiempo le había llenado de felicidad, entró a unas de las pocas tiendas que quedaban abiertas,se dirigió a comprar, se paseó por la tienda y compro una botella de vino

.-son 2 euros señor.- le dijo la dependienta

.-claro tome.- Héctor metió su mano al bolsillo y le dio cinco euros .- quédese el cambio yo no necesitaré más el dinero-. Héctor agarró la botella y salió caminando hacia aquel puerto, apenas ya no había luz, solo alumbraba la luz de la luna. Héctor la miró con hanelo, al llegar a aquel puerto se sentó en una piedra. Los pocos marineros que quedaban se despedían de el. No sabía cuanto tiempo había pasado, miro su teléfono 3:00 AM. Héctor miro esa botella y empezó a beber, de su chaqueta saco sus pastillas para dormir, esas pastillas que poco le habían servido.

Héctor recordaba la leyenda que su padre le había contado hacia años la cual decía que si el día de Navidad te adentraba en el mar y pedías un deseo este se cumpliria, Héctor con la poca fuerza que le quedaba y con la fé que Siempre había tenido se quitó los zapatos. Se dirigió hacia el mar y en voz alta dijo

.-1,2,3 un brujo yo quisiera ser-. Sus pasos se adentraban cada vez más y otra vez repetía lo mismo .-1,2,3 un brujo yo quisiera ser-. Su pelo negro ya se había mojado, Héctor se adentró por última vez y dijo.- 1, 2, 3 un brujo yo sere-.

Héctor se perdió en la inmensidad del océano.

A la mañana siguiente solamente un nombre había resonado en todo el pueblo

"Héctor"

En aquella cafetería de pueblo, el desconcierto seguía, hasta que la camarera dijo

.- parece que Héctor al fin logró su sueño de ser brujo.-

Poco tiempo después, las brujas de aquel pueblo levantaron una estatua a su nombre, estaba igual que la última vez que lo vieron, con su camisa de cuadros, sus vaqueros y sus rulos negros

En la estatua ponía

"La luna le concedió ser un brujo,

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