Capítulo 2

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El horripilante sonido del despertador resonó por toda la habitación de Marie. Se levantó maldiciendo el día en el que compró aquel artefacto y se arregló. Se pasó toda la noche preparando el plan para hoy: ir a Omaha para ver a Beth. Sus amigas Charlotte, Grace, Savannah y Amber estaban dispuestas a ayudarle en esta delicada misión, ya que 1) si le viera alguien tendría que fingir que ella es Beth. 2) si le ven sus amigos, mal. 3) si le ve ella, peor que mal. 4) si la veía algún conocido, ¿qué haría?
Bajó a la cocina de su casa. Llevaba toda la semana sola, ya que sus padres estaban de viajes de negocios y su criada personal no llegaba hasta dentro de tres horas. Tomó una pieza de fruta de la nevera y decidió llamar a Charlotte, para que ya la vinieran a buscar. Cogió papel y bolígrafo para dejarle una nota a Greta, e indicarle que no iba a estar hasta muy entrada la noche. El timbré la sobresaltó. Era Amber.

—El resto están de camino en el coche de Charlotte.—dijo tecleando en el móvil.—La próxima semana, mi padre organiza una comida por la entrada de mi hermano en el negocio familiar, ya sabes, tradición de los Mitchell. Lamentablemente están invitados los Ford y los Thorne. Así que me estoy planteando huir de este dichoso barrio, separado del resto del mundo.

Ambas habían crecido juntas y se habían criado en Waterfall Park, una especie de barrio privado, ajeno del resto de la población de Lincoln, por lo que normalmente cuando iban al centro de la ciudad: o no conocían a nadie, o simplemente odiaban ver todo el rato caras nuevas.

El sonoro claxon del coche de Charlotte hizo que las dos chicas se taparan los oídos.

—Procura cuando estés en el coche con un tío no darle, lo más probable es que si le das, salga corriendo.—dijo Marie.

—Subid y callad.—dijo Charlotte zanjando el tema.

Marie se sentó en el asiento de copiloto para dar las debidas indicaciones y Amber se sentó junto a las otras dos chicas: Savannah Benson y Grace DiLaurentis.

Savannah y Charlotte habían vivido prácticamente juntas desde que nacieron ya que la madre de Charlotte había fallecido tras tenerla y el padre le hacía caso omiso desde lo ocurrido, por lo que Beatrice Benson se ofreció a cuidarla como una más de la familia. Luego estaba Grace, que Savannah y Marie la habían conocido en un castigo por llegar tarde. Marie recordaba perfectamente como había sido aquello: tenían que estar toda la tarde en un aula, estudiando o leyendo, vigiladas por un profesor y que aquello les hiciera reflexionar —aquello no ocasionó reflexión alguna— y así llegar temprano todos los días. Grace había llegado tarde al castigo y se había sentado junto a ella. La castaña se había dedicado a dibujar en los huecos en blanco que encontraba en las hojas de los apuntes de historia mientras que escuchaba Mirrors, la canción favorita de Marie, la cual había decidido hablarle y fruto de esa decisión, estuvieron todo el día hablando, lo que se transformó en algo diario y después en una amistad.

El trayecto se hizo eterno y cuando llegaron los estudiantes estaban saliendo de aquella universidad.

—Toma.—dijo Amber entregándole a la creadora del plan unas gafas de sol.

—Si no hace sol.

—Que te las pongas.—le espetó Grace.

Bajaron del coche y se pegaron disimuladamente a la pared que doblaba la esquina de la universidad.

—Buscadme.—dijo Marie.

—¿Qué?—preguntaron todas a la vez.

—Es igual a mí, solo que tiene el pelo un poco más corto. Y un estilo para vestir penoso.

Los minutos pasaban y por fin la vieron salir con un montón de gente. Podían distinguir a un chico con el cabello castaño oscuro y corto haciendo el tonto, a dos chicas castañas comiendo algo que seguramente compraron en la cafetería, una rubia abrazada a un chico musculoso que cargaba con una pelota de baloncesto, y otro chico musculoso —¿es que allí todos los chicos iban al gimnasio?—con una bandana en el pelo y un chico rubio hablando con una chica que parecía su hermana.

—Grace, querida, deja de mirar al cachas de la cinta en el pelo y atiende a Beth, anda.—le golpeó en el codo Amber.

—Anda que no eres una amargada.—espetó la otra como respuesta.

—¿Y que pensamos hacer? ¿Mirar lo que hace? Porque sinceramente, me es indiferente.—dijo Savannah.

—¿Por qué no vas a hablarle?—preguntó Charlotte.

—Hola Beth, soy tu gemela Marie, no te estoy espiando tranquila. Y quizá la próxima vez que la vea es en un hospital desmayada.—dijo Marie.

—Entremos.—dijeron Beca y Grace.

—Savannah Kate Benson Parker y Grace DiLaurentis Jones, volved aquí ahora mismo.

Pero ya era tarde, sus dos amigas ya estaban cerca de Elizabeth, y no había forma de detenerlas sin ser vista.

—¿Marie, Amber, Charlotte, que hacéis aquí en esta parte de Nebraska escondidas tras la puerta de la universidad de Omaha?—dijo una voz a sus espaldas. El problema número cuatro se había cumplido.


The Lying Game  ➞ EN EDICIÓN.Where stories live. Discover now