Fiestas, Competencias, Karaoke...
La tranquila vida de Celeste Romero, fue inundada de ruido al tener a un peculiar vecino que realiza todo tipo de actividades en su casa cuando nadie esta en ella...
¿Pero quien será ese peculiar vecino?
• Un señor...
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¡Calor!Eso era lo que yo sentía esa tarde. Rodeada de papeles, cuadernos, libros y lapiceros. Encerrada en mi habitación que en ese momento parecía mas bien un horno.
Me merecía ese tortuoso castigo pues, había sacado las peores y más vergonzosas calificaciones de toda la secundaria.
Debido a eso, mis padres estaban furiosos conmigo. En especial, porque son profesores y se "supone" que yo por ser hija de dos profesores debo ser buena en los estudios. Cosa que, lastimosamente, no soy.
Claro, no soy tan mala. No siempre saco calificaciones tan bajas. Solo esa vez que me distraje en... Otras cosas.
En esa tarde, el sol cada vez calentaba con mas fuerza. Como hacía tanto calor y ya no soportaba estar tanto tiempo sentada, me levanté de mi asiento y me acerque a la ventana que en ese momento, tenia abierta. Y saque mi cabeza para sentir la suave y poco frecuente brisa que había afuera.
En cuanto disfrutaba de la poca pero deliciosa brisa, escuché una voz masculina. Aquella voz venía de la casa de al lado. Como mi habitación esta en el segundo piso y tiene vista hacia cierta casa, pude ver a quien le pertenecía esa voz.
La voz le pertenecía a un chico, cuyo rostro no pude ver. Su cabeza estaba tapada por la gorra de su oscura chaqueta.
Cierto misterioso chico estaba dando pequeños empujones al señor Miguel Muñoz. El mas viejo y mas simpático de mis vecinos.
Me pareció extraño, púes, el señor Muñoz no trataba con familiaridad al muchacho. Eso me hizo pensar que esa persona no era Esteban, el nieto de aquel señor.
Y sentí un feo escalofrío, al recordar que el señor Muñoz estaba solo en casa.
Esperaba que esa persona no se tratara de un ladrón o de alguien que le hiciera daño al pobre anciano.
Observe cuidadosamente a la persona, llena de inquietud con mi celular en mano. Dispuesta a llamar a la policía en caso de emergencia.
En ese momento, unas voces llamaron mi atención y provocaron que mi mirada se apartara del señor Muñoz y del muchacho.
Mis ojos se abrieron en totalidad, al ver que aquellas voces pertenecían a un grupo como de veinte personas. Todas ellas vestían de negro e iban caminando directo a la casa de los Muñoz.
Comencé a sentirme asustada y mi cabeza se llenó de preguntas: ¿Que querían esas personas del señor Muñoz o de los Muñoz? ¿Serán criminales? ¿Pero porque iba esa cantidad a asaltar o a robar o a secuestrar a un anciano?