Jovenes, valientes e inseguros nuestra pareja de superhéroes adolescentes deberá aprender a convivir con sus pasados para poder crear un mejor futuro juntos.
Aprendiendo que tu familia no define quien eres y que tus miedos solo te hacen más fuerte.
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Julio 31
La parada de bus se presentaba ante los ojos inexpresivos de Artemisa en tonalidades grisáceas, triste y melancólica de la forma que solo una parada de bus podría ser, a su mente de forma frecuente venía el pensamiento que su vida era la obra de teatro de un director deprimido que se desahogaba en el guión que escribió para ella o un mal comediante cuyo público disfrutaba de las desventuras ajenas. Esperaba pacientemente por su madre envuelta en una chaqueta más bonita que cálida mientras hacía un repaso mental de lo que había sido su vida hasta ese momento y por un futuro demasiado incierto, siendo la mejor metáfora no sólo por los colores que se perdían en la gran ciudad, el lugar donde estaba hasta ese momento su vida había sido una parada de bus esperando por que todo cambiase, que alguien lo cambiese a que llegara una ruta que la llevase lejos muy lejos a una nueva vida sentía que no poseía las palabras suficientes para expresar sus frustraciones internas así pasó casi una hora desvariando e interconectando cada situación hasta el lugar donde se encontraba sintiéndose insatisfecha con ella misma y con todo el mundo a su alrededor con un gran deseo en su interior por un plan que le dé un giro de ciento ochenta grados a su vida.
El bus de la ruta 27 que hacía su ruta desde Bludhaven hasta Gotham se estaciono enfrente de ella, de él bajó una mujer adulta de apariencia cansada de ascendencia vietnamita y en silla de ruedas ambas se miraron fijamente apreciando los rasgos de la otra. Una ola de sentimientos que Artemisa no esperaba la invadieron al ser consciente que era su madre la mujer que la trajo a este mundo y también la persona a la que no había visto en seis años palabras de resentimiento que se había abstenido de escribir en las cartas que sin falta mandaba semanalmente se acumulaban en su garganta como dagas queriendo salir dañaban su interior.
—¿Eres tú, Artemisa?— preguntó la mujer mayor con lágrimas en los ojos memorizaba cada cambio en la apariencia de su hija desde todo lo que había crecido como se había convertido en una señorita y como su cabello rubio siempre se mantenía largo hasta llegar a la cadera.
—Hola, mamá — saludó con una sonrisa nerviosa.
—¿Dónde está tu padre?— la mujer mayor empezó a buscar con la mirada a su esposo. Si, su padre el hombre le daba un fajo de billetes de forma despreocupada antes de dejarla sola por meses sin supervisión, Artemisa nunca había expresado con nadie lo sola que sentía durante todo el tiempo en que padre no estaba a la par suya.
—Le recordé que era hoy pero... — no sabía cómo continuar la oración no quería ser muy directa buscaba las palabras adecuadas aunque no estaba segura de que estas existieran.
—Lo entiendo— aliviada y apenada por no poder explicarle a su madre la ausencia de su padre le ayudo con lo que cargaba y juntas se dirigieron al apartamento donde después de tantos años siguen viviendo. El camino fue incómodo lleno de un silencio que ninguna de las dos sabía cómo llenar, también hubo miradas indiscretas de los vecinos incluso tuvieron que pararse para hablar con un par de ellos muy segura que su repentino interés en acercarse a su madre era por morbo y no porque estuvieran genuinamente interesados en el bienestar de alguna de los dos busco ser ella la que contestara y terminar las pláticas lo más pronto posible sin importarle lo grosero que terminará siendo esto último. Al llegar mientras su madre acomodaba sus cosas ella se dirigió a preparar la cena no era una experta cocinando sabia lo necesario como para no terminar envenenada o es lo que dijo su padre la primera vez que ella le cocino, Artemisa sospechaba que le gustaba más su comida que lo que él mismo estaba dispuesto a admitir ya que él siempre se terminaba su plato y se levantaba para servirse una segunda porción, se tardo un poco más de lo necesario preparando la cena y evitando lo más que podía la mirada de su madre que no había apartado sus ojos de ella desde que salió de su habitación, le incomodaba mucho que la mirara de forma tan fija.