parte única

48 5 3
                                        

—Baila conmigo, lolito.

—¿Uh?

La repentina petición de Mangel le había tomado por sorpresa, dejándolo desconcertado.

¿Había oído bien a Mangel o tantas horas de trabajo ya le habían afectado?

Paró la pluma con la se encontraba escribiendo, colocándola sobre el tintero, y el papeleo acumulado hace tres semana que tenía pendiente como Alcalde de Karmalad, lo apartó a un lado del escritorio.

—¿Que quieres bailar... conmigo?—. Preguntó completamente anonado, apuntándose con el dedo índice.

—Sí—. Confirmó—. He oído por el pueblo que eres un gran bailarín. Me ha sorprendido no saberlo.

—Umm... realmente no lo creo tan así—. Rascó su nuca un tanto avergonzado al ser descubierto—. Pero déjame busco algún disco—. Se dirigió a los cofres a buscar algún disco que juraba haber encontrado alguna vez en una de sus visitas a la mina. No lo admitiría pero le había creado ilusión aquella propuesta de Mangel. Bailar con su querida pareja. Un sueño. Solo rogaba encontrar algún maldito disco y no perder aquella valiosa oportunidad que no siempre se daba.

—¿Qué te parece éste?— el pelirrojo volteó, viendo como Mangel le enseñaba entre sus manos un disco rosado.

Wow... ¿Ya lo tenía todo preparado?

—Claro. El que tú quieras. —El más alto le entregó el disco y Lolito fue directo a colocarlo en el toca discos.
La melodía comenzó a sonar y el alcalde se tomó unos segundos en apreciar la pieza musical. Era una balada en dónde el piano y el violín se hacían resaltar. Le gustó, aunque no le sorprendió, conocía demasiado bien a Mangel para saber que amaba la música clásica y que era algo similar a un calmante para él.

Se acercó a Mangel, quién se veía algo apenado.
A unos paso de distancia de el, inclinándose levemente llevó la mano derecha a su corazón mientras que la otra la extendía pidiendo la izquierda del contrario. —¿Me concedería ésta pieza de baile, joven Miguel Ángel?—El mencionado soltó una pequeña carcajada. Un deleite a los oídos de Lolito.

—Con mucho gusto, caballero—. Le entregó su mano y Lolito dejó un gentil beso en ella–provocándole una sonrisa y un leve sonrojo al más alto–, para luego tomarla con delicadeza. Sujetó con su izquierda la cintura de Mangel y éste posó su mano derecha en el hombro de su chico.

Verde y un profundo azul oscuro se encontraron en una fugaz mirada, otorgándose luego la más sincera sonrisa de amor, que provocó incontables emociones en su interior.

Y así, comenzaron un suave vaivén de pasos de baile, cortos y al compás de la velocidad de la música que inundaba con su melodía cada rincón de la habitación.

Los pasos de baile de Lolito eran limpios, concisos, de todo un experto. En cambio los de Mangel eran un poco más enredados y torpes. Más de una vez pisaba a su pareja sin querer.

Por parte de Lolito, si hubiera sido otra persona ya se habría cabreado y enviado a la mierda, pero se trataba de su niña y moría de ternura por su torpeza al bailar.

La melodía lentamente se tornaba más intensa, los pasos de baile combinados se volvieron un poco más largos y rápidos, llevándolos a deslizarse por todo el salón.

Una, dos y tres vueltas para Mangel y tres más para Lolito. Un poco más de baile y otras tres vueltas más para dar.

En algún momento ocurrió un pequeño roce de labios y sus mejillas se colorearon de color carmín. pequeñas gotitas de sudor cubrieron ambas frentes, sintiendo como el clímax de la balada casi llegaba.

Sus cuerpos ahora se movían sincronizados, sin despegar la mirada del otro, pudiéndoles importar menos la hora, el trabajo o los deberes que tenían pendientes. Porque en ese momento solo eran ellos dos. Dos personas enamoradas, disfrutando el momento e uniéndose en el mayor placer de todos: la danza compartida.

La música acabó y ambos terminaron en la misma posición en la que empezaron; sus respiraciones eran agitadas, estaban algo acalorados pero les había encantado.

Lolito ejerció un poco de presión para atraer a Mangel hasta juntar ambas frentes.

—Lo siento mucho. Te distraje de tu trabajo—. Mangel fue el primero en romper el silencio.

—¿Crees que me importa?— Susurró contra sus labios.

—Debería. Eres el alcalde—. Pasó saliva nervioso de tener tan cerca al contrario. —A-además, y-yo... lo hice pésimo ahora y...y

Fernández frunció levemente su entrecejo, posó ambas manos sobre sus mejillas, obligándolo a mirarle.

—No lo has hecho mal, cariño. Solo te hace falta un poco de práctica y verás que te convertirás en todo un profesional—. Corrió algunos mechones de su frente que le impedían apreciarlo mejor. —Y te prohíbo sentirte culpable. Yo he decido bailar contigo y lo he disfrutado no sabes cuánto—. Con el dedo pulgar limpió algunas lágrimas que caían con insistencia de aquellos ojitos que tanto amaba. —Por más trabajo que tenga, siempre haré un tiempo en mi agenda para bailar contigo o pasar el tiempo.

—Te amo tanto, Lolito—. Completó Mangel para romper en llanto, lanzándose a abrazarlo, escondiendo su cabeza en el cuello del mayor para ocultar su vergüenza.

—Yo te amo más, mi niña—. Correspondió su muestra de cariño al instante.

Ninguno de los dos dijo más nada: Lolito le permitió a Mangel llorar en su hombro, a oír sus disculpas que luego le reprocharía que eran innecesarias; de las cuales estaba seguro que estaban relacionadas a su última discusión hace un par de semanas, un tanto estúpida pero había sido una de las más fuertes que tuvieron.

Y todo porque mangel dejó caer una miserable mina en el jardín del chico pelirrojo, lo que había causado la cancelación de su boda y que este perdiera completamente la confianza en su pareja, llevándolos a la ruptura.

A pesar de que ambos se disculparon días después, el ambiente entre ellos aún se sentía incómodo y los rumores del pueblo le vinieron como anillo al dedo a Mangel para romper el hielo que se había formado.

Sí, habían vuelto a ser pareja. Porque, sencillamente, no podían estar lejos el uno del otro.

Se extrañaban. Anhelaban tocarse, besarse, abrazarse y sentirse el uno al otro.

Era una necesidad.

Lolito no pudo evitar soltar alguna que otra lágrima, disculpándose a la par del menor, prometiéndose no volver a discutir de aquella forma.

A pesar de que todo había comenzado como un plan de Mangel para reparar su relación, esa tarde habían descubierto algo maravilloso; habían descubierto el placer de bailar juntos, de la mano, con sus corazones latiendo desenfrenados y ambos cuerpos sincronizados, acoplándose al ritmo de la música que tanto amaban danzar...

El amor.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Feb 08, 2021 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

Dancin With Me - mangelito - os [sin corregir]Stories to obsess over. Discover now