- Tengo que olvidarme de él.

- Cariño, ¿si fuera tan fácil no crees que lo hubieses hecho ya? ¡Si ni te has tirado al cañón de Sergio por él! - Dice enfatizando. - Mía, ¿no crees que deberías afrontar todo esto de cara de una vez?

- ¿Y para qué, Samuel? Sé que nada podrá hacer que confíe en él. Tienes la propia prueba de que no va a cambiar en que mientras yo no podía ni liarme con otro, y menudo otro, él se ha tirado a toda la que ha podido. Voy a prestarle más atención a Sergio y no quiero saber nada más de Alex.

- Tú sabrás lo que haces, a fin de cuentas el destino te pondrá donde realmente debas estar.

- Ya estás poniéndote místico. - Intento quitarle hierro al asunto.

- ¿Y Gala? ¿Vas a hablar con ella? - Otra jarra fría para la buena resaca.

- Me dijo que había estado viendo a Marco, por eso discutimos. 

- Me lo imaginé ayer al ver tu reacción, me extrañó mucho que no fueses a pedirle ninguna explicación.

- Con mi hermano no quiero ni hablar. O sea, no te imaginas la bronca que me echó por liarme con Alejandro mientras él estaba haciendo esto con mi mejor amiga, ¿se puede ser más hipócrita? Le va a hacer daño, Samu, sé como es Marco y Gala se ve tan ilusionada de nuevo...

- Ya pero tú no puedes hacer nada, es lo que quiere, si se equivoca ya se dará cuenta ella misma. - Suspiro ante su comentario e intento asimilar que tiene razón. - Hablando del rey de Roma... Me acaba de enviar un mensaje: "¿Qué tal la noche?"

Samu le contesta y le pregunta a ella, esta le miente y le dice que estuvo de cena con unas compañeras del trabajo. Mi amigo se indigna al ver que no está por la labor de contarle nada acerca de Marco, así que sigue indagando, "¿donde cenasteis? ¿por dónde salisteis después? ¿qué tal el ambiente?" El cabroncete va un poco más allá y le dice lo mucho que le hubiese gustado el sitio en el que nosotros estuvimos ayer, un súper chiringuito de lujo y encima con barra libre. Gala ya no contesta ese mensaje, y Samuel con toda su impaciencia no puede evitar decirle de una vez: "Bueno creo que sí que te gustó, aunque no sabía que tu compañera de trabajo media más de 1,80 y tenía polla". Estamos seguros de que lo ha leído pero no quiere contestar, probablemente no sabrá que decir. Por un lado me da pena que se cree este mini mal rollo en el grupo, pero no está bien que nos haya mentido de esa manera. 

Después de toda esa charla de rayadas generalizadas, en la que también se cuela Christian, el rollete de mi amigo: le gusta muchísimo pero el muchacho parece empezar a dejar ver que quiere algo más y a Samu la palabra monogamia le produce un repelús tremendo, nos quedamos tirados en el sofá sin dar palo al agua y viendo una película de esas inquietantes de antena tres. A eso de las seis de la tarde recibo un mensaje de Sergio muy conciso: "¿Cenamos?". Admito que le doy bastantes vueltas a la invitación, pero siendo fiel a la promesa que me he hecho unas horas antes termino aceptando. 

Samu se marcha poco antes de que me meta a darme una ducha y tranquilamente empiezo a "arreglarme" (me parece un término muy poco adecuado) para esta noche. Tampoco me complico demasiado la cabeza, un vestidito veraniego y unas cuñas bastante cómodas, me dejo el pelo suelto aún mojado y me maquillo lo justo para tapar las secuelas de la noche anterior. Preparo las cosas que necesito en un bolsito de hombro y Sergio no tarda en llegar muy puntual.

- Si te soy sincero tenía pocas esperanzas de que aceptases venir. - Me dice una vez que ya estamos sentados en la mesa del restaurante y con las copas llenas de agua. Él pobre ha insistido en beber lo mismo que yo y mi hígado no está para tonterías.

- Yo tampoco sé que hago aquí, la verdad. - Bromeo y ambos reímos.

- No, ahora en serio, después de todo lo que sucedió anoche no me queda muy claro cuales son mis posibilidades. 

- Si lo dices por Alejandro, - digo sin encontrar manera de escabullirme de este tema - no tienes nada de lo que preocuparte. Y si no lo dices por él... ya te dije que ahora mismo soy algo inaccesible, emocionalmente hablando. No busco una relación con la que complicarme la vida.

- Me encanta que seas tan sincera. 

- A veces también es un defecto, créeme. 

- Bueno entonces creo que yo también debo serlo. Mía, sabes que me gustas; eres preciosa y encima tienes una personalidad arrolladora, me parece genial ese punto de dejar a un lado las relaciones formales. Aprovechemos y disfrutemos cada momento. - Propone alzando su copa, invitándome a brindar.

Cenamos muy a gusto, poniéndonos un poco al corriente de la vida del otro e intentando conocernos un poquito mejor. También charlamos acerca de temas de actualidad e intercambiamos opiniones teniendo una conversación bastante fluida. Todo marcha realmente bien, si tuviese que poner alguna queja quizá solo podría hacer mención a una excesiva educación. Después de la cena decidimos tomar una copa en su casa y tengo bastante claras cuales son las intenciones ocultas. Es un ático pequeño pero con unas vistas preciosas y una decoración sofisticada, muy al estilo de Sergio. A penas hay artículos o algún objeto personal ya que lo alquiló justo cuando vino de Madrid y a penas ha tenido tiempo de prestarle algo de atención. Nos tomamos esa copa, bueno yo creo que no soy capaz ni de beberme la mitad, en la terraza, la cual, pese a estar casi vacía, es bastante bonita. Empiezo a observar a un Sergio más acaramelado y adulador, y cuando se acerca para meterme un mechón de pelo tras la oreja sé lo que viene buscando. Él me besa y yo me dejo besar, lo hace bastante bien y decido establecer este como nuestro primer beso y dejar a un lado los supuestos de la noche anterior. Me sorprende con una actitud bastante cañera y pasional, hace un recorrido completo con su lengua por toda mi boca y cuando se separa me mira intensamente invitándome a entrar dentro. Me sienta sobre la mesa de comedor, que es lo que más cerca le pilla, y vuelve a besarme con ímpetu. Yo le recorro los brazos con mis manos, apretando sus definidos músculos, mientras me involucro en la intensidad del beso. Sergio lleva sus manos a mis pechos y comienza a masajearlos, así está un rato hasta que una de ellas empieza a descender y busca colarse bajo la tela de mi vestido. Cuando llega al lugar idóneo me pide permiso con la mirada y yo se lo doy, necesito apartar a todos mis demonios y dejarme llevar de una vez. A pesar de estar un poco fría al principio, enseguida sus dedos hábiles y juguetones logran llevarme al punto que necesitaba y consigo relajarme y entrar en faena casi al cien por cien. - Puto Alejandro, vete ya de aquí. - Cuando deja su miembro a la vista me hace un gran favor, es grande y voluptuoso, no me lo pienso mucho antes de agarrarlo con la mano y empezar a acariciarlo con gracia.

- ¿Prefieres que vayamos a mi dormitorio? - Me pregunta entre labios, lenguas y dientes.

- Aquí también me vale. - Contesto bastante excitada ante tal monumento.

- No te imaginas las ganas que te tengo. 

Le hago callar apresando sus labios con los míos y dándole algún que otro bocado, le quito la camisa de una y él saca un condón de la cartera que llevaba en el bolsillo de los pantalones. Se lo coloca rápidamente y con cuidado, algo a lo que no estoy muy acostumbrada, va introduciéndose poco a poco en mí. Una vez más comparo esto con el sexo con Alejandro y pongo todo mi esfuerzo en sacarlo de mi cabeza mientras le pido a Sergio que intensifique el ritmo. Me hace caso y el placer que siento me ayuda a dedicar mis cinco sentidos solo a este preciso momento.

Sergio me empuja hacia atrás, dejando mi espalda pegada contra el tablero de madera e incrementando la profundidad de la penetración. Se inclina sobre mí esparciendo besos por mi estómago y mis pechos y yo me aferro a su cabellera. Cuando vuelve a ponerse recto comienza con una sucesión de estocadas frenéticas que por poco me hacen delirar. Siento un placer indescriptible y veo que Sergio se aproxima cada vez más a su fin, bajo una de mis manos a mi punto más sensible y me toco haciéndome llegar al orgásmo, seguida muy de cerca por Sergio, que se corre en el preservativo de una manera brutal.

Después del polvo, Sergio se echa una copa más y yo me termino la mia de antes, que ahora sí que entra de maravilla. Seguimos charlando un rato en el sofá y pasamos un rato increíblemente agradable y cómodo. También nos reímos bastante ante las ocurrencias del otro e intercambiamos unos cuantos besos. Finalmente acabamos de nuevo teniendo sexo, esta vez sí, en su cama y después, alrededor de las tres de la mañana, Sergio me lleva a casa.

Caigo rendida en la cama y menos mal porque al día siguiente, a las diez y media de la mañana, alguien comienza a tocar el timbre de mi apartamento sin parar.

Con las ganas.Where stories live. Discover now