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—Lilac, ¿A dónde crees que vas?—pregunto la señora Johnson cuando vio a su joven hijo cruzar hasta la puerta principal con su bella camara.

—¡Vamos!, Solo iré a el parque, volverá antes de la cena y te ayudaré a poner la mesa—sonrió en grande hacía su madre, una linda sonrisa a la cual la señora era vulnerable, no podía decirle que no a ese lindo rostro, ¡Argh! ¡Su hijo es tan guapo y sabe cómo usar esa belleza!.

—Bien—contesto volviendo a sus quehaceres con una gran sonrisa también, porque si, era vulnerable a su lindo rostro, tambien era vulnerable a su pasión por la fotografía, su hijo amaba salir a tomar fotos a el anochecer.

La verdad, es que lo había dejado por un tiempo, después de la sorpresiva mudanza no había tenido tiempo de recorrer su nuevo hogar y tomar fotos. Pero ahora no desaprovecharía el tiempo.

Una vez afuera el chico tomo su bicicleta y pedaleo lo más rápido posible hacia el parque.

Lo había visto cuan recién llegaron, estaba a punto de anochecer, iban en el auto, una cara aburrida pegada en el vidrio, una dulce voz que tarareaba las canciones de la radio, pero entonces pasaron por ese lugar que parecía mágico, un parque donde había toboganes viejos y columpios oxidados, un parque donde la puesta de sol era mágica, donde la hierva seca le daba un toque nostálgico pero hermoso, y él quería guardar esa hermosa imagen en la memoria de su cámara.

Una vez llego se bajó rápido de su bicicleta y corrió hacia la entrada del parque, estaba ahí, la hora perfecta, la hora mágica.
Apunto con cuidado, hizo un poco de zoom y cuando iba a disparar algo que no estaba antes, ahora está ahí, justo en frente de el, una silueta junto a una árbol que parecía darla un toque especial a su foto, su foto ahora era perfecta, disparó, la foto fue tomada, estaba orgulloso, iba a regresar hasta que ese silueta se dió la vuelta.

Corrió a esconderse detrás de unos viejos botes de basura, si lo veía sería problemático y más aún cuando lleva una camara, a ninguna persona le gusta ser fotografiada sin su consentimiento, ¿Cierto?.

Observó más a detalle, ese chico parecía una celebridad, su rostro era demasiado apuesto con facciones bien definidas, con un cuerpo bastante fuerte, y ni hablar de su altura, media tal vez ¿1.90?, ¡Uff! Era muy algo. Pero, también muy guapo...

Lilac sintió su cara arder, sus mejillas estaban rojas, al igual que sus orejas, estaba cautivado por toda esa belleza, alzó su cámara y apunto hacia el chico a unos metros, y tomo una, dos, tres, cuatro, cinco fotos, y hubiera tomado más si el chico no se hubiera puesto unos lentes y una gorra.

El chico después de eso solo camino en silencio hacia la entrada del parque y Lilac agradeció a el cielo que no lo haya notado en ningún momento, espero a que estuviera lo suficientemente lejos para salir y regresar a casa, observó las fotos tomadas y se preguntó, ¿Sería acaso posible volver a ver humanos tan lindos como ese chico?.

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Las clases comenzaron, era nuevo y no conocía a nadie, tal vez por eso fue tan incómodo entrar a el salón, no, esperen, ¿No debería ser incómodo?, ¿No debería ser el centro de atención por ser el chico nuevo y de otra ciudad?, ¡¿Entonces, por qué nadie lo veía en ese momento?!, Tampoco es que le gustará ser un centro de atención, pero definitivamente no era lo que esperaba. En lugar de lo que el esperaba todos estaba inmersos en sus celulares, algunas chicas gritaban muy agudo y eso despertó su curiosidad, ¿Qué estaba pasando?.

Se sentó junto aún chico, el único que no miraba su teléfono, en su lugar leía un libro sobre música, también era el único asiento libre, justo a el fondo de la clase.

—¿Por qué todos ven sus teléfonos?, ¿Siempre son así?—El chico observó a a Lilac y se rió.

—Tú, ¿No lo sabes?

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