RELATO ÚNICO
Después de que la gran guerra explotara, los pocos sobrevivientes que quedaron en la tierra tuvieron que someterse al mandato de inteligencias artificiales para poder subsistir.
Han pasado cincuenta años y las cosas parecen ir cada ve...
Este relato fue creado para el concurso de Dioses 2070
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Delos 2070, cincuenta años después de la guerra
—Es muy arriesgado, ¿estás seguro de querer continuar con la misión?
El comandante suspiró pesadamente. Sabía que era algo arriesgado, pero toda su vida lo habían entrenado para este momento.
—Lo estoy, capitán —dijo con un asentimiento seguro—. Esta noche Nereida se infiltrará en el estanque y cargará el virus que retrasará el sistema. Es el mejor momento para hacerlo.
El viejo Iturbide, el último ser humano en sobrepasar los cincuenta años, se inclinó hacia adelante para intentar mitigar el dolor que le provocaban los ataques de tos. El comandante lo sostuvo, sobando su espalda, impotente por no poder hacer nada por él.
—Debes irte, muchacho. Los falsos dioses han estado alerta desde el incidente de Dion-2GW.
La mención del falso dios lo inquietó. Aún podía recordar el desastre que provocó su activación: el cielo tornándose de un rojo purpúreo tan intenso que lo oscureció todo y la risa escandalosa que enloqueció a las mujeres cerca de los parlantes. Pero, sobre todo, recordaba la masacre que vino después.
El comandante se despidió del viejo y salió de la madriguera. No quiso alargar esa despedida porque sabía que esa sería la última vez que lo vería. Aunque se repitió en muchas ocasiones que no debía hacerlo, le había tomado cariño al hombre. ¿Cómo no iba a encariñarse? El capitán era lo más cercano a un padre para él.
Mordió el interior de su mejilla y se prometió que no lloraría, no en ese momento tan significativo para él, para la humanidad.
Encendió su encendedor y alumbró su camino fuera de la madriguera. Odiaba tener que desplazarse por la oscuridad sin poder utilizar una de esas lámparas flotantes que tenían en la superficie, pero era arriesgado. Podrían rastrearlo, y entonces todo su plan se iría a la basura.
Levantó la coladera que usaban como entrada y, al salir, la cubrió con las cajas y laminas que la gente solía tirar de ese lado del domo. Cuando el acceso estuvo cubierto por completo, se dio la vuelta y caminó entre las callejuelas de los marginados.
El viejo le había contado que, antes de vivir encerrados en un domo, las cosas eran muy diferentes a cómo él las conocía. Existían máquinas que podían transportar a las personas por el cielo y llevarlas a cualquier parte del mundo. Se hablaban diversos idiomas y utilizaban automóviles para desplazarse.
Cuando era pequeño, pensaba que las cosas en el domo no eran tan diferentes. No existían los aviones allí, pero no eran necesarios. Delos albergaba a los quinientos mil habitantes de la Tierra y las estaciones de teletransportación facilitaban la movilidad, los pocos automóviles dentro del domo quedaron obsoletos con la incorporación de bus aéreo y, aunque aún había personas que conocían más de una lengua, estas quedaron en desuso para adaptarse al idioma universal.