Parte Única

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Mark estaba muy asustado. Jamás se había acostumbrado a estar solo en ningún momento. De hecho, era algo de lo que siempre había tenido miedo y ni siquiera había podido formarse una razón del por qué. En casa, compartía su habitación con Johnny, su hermano mayor, quien dormía en la parte de abajo de la litera. En la escuela, tenía siempre a su mejor amigo, Renjun, atado a sí como si fuese otra extremidad suya. Y, para completar, todas las actividades de los boy scouts siempre eran en grupo y jamás le había sucedido una cosa como ésta: perderse en medio del bosque por quedarse atrás atándose los cordones de sus botas. El efecto de la transpiración comenzaba a arremolinarse en su frente, las gotas de sudor brillando sobre su nariz y las pecas de sus mejillas. Quizá lo mejor era regresar por el mismo camino donde hubieron llegado, pero el gran problema era que todos los árboles a su alrededor lucían exactamente iguales. Los troncos gruesos tan rectos como una varilla, irguiéndose tan altos como edificios. Las copas de los árboles rebosantes en hojas que cubrían casi toda la luz del día, ésta colándose únicamente por las pequeñas rendijas que quedaban entre el montón de hojas agrupadas. El bum bum de las palpitaciones retumbaba hasta en sus oídos y el nerviosismo se vertía dentro de sí como balde de agua fría. Solo tenía una opción para salir de allí. Debía intentar caminar y encontrar la salida y luego llamar a su mamá o a Johnny para que lo fueran a buscar, aunque luego tuviera que enfrentarse a un largo sermón y tener que ofrecer una interminable explicación con detalles de cómo, en primer lugar, fue que se separó del resto del grupo. Eso era lo único que abarcaba la mente de Mark, dando vueltas como un remolino una y otra vez. Se torturaba demasiado pensando en qué sucedería después, cuando ni siquiera tenía manera alguna de saber si llegaría a ese después o quedaría para siempre atrapado en ese maldito bosque con la infinidad de insectos picándole y las ronchas coloradas resaltando sobre la piel pálida de sus piernas.

Fue entonces cuando lo escuchó, la fina risilla extenderse a su alrededor y el eco retumbar como si estuviese dentro de una cueva. Todos los sentidos de Mark se pusieron en alerta y hasta los vellos de su nuca se erizaron en el proceso.

—Hola —la voz era más gruesa que las risas de hace unos segundos y mark se sobresaltó de tal manera que retrocedió varios pasos hacia atrás, tropezando y cayendo sentado en el suelo. Las hojas crujieron por el golpe y mark maldijo en un murmullo. Las risas volvieron a oírse a lo lejos, el eco propagándose y haciendo la burla más directa. El chico también rió y Mark alzó la cabeza con aquella mirada recriminatoria. Pero, al ver con detenimiento lo que estaba frente a sí, su ceño se relajó y las arrugas desaparecieron. El chico debería tener su misma edad (o eso parecía). Su cabello blanco y despeinado brillaba como si la mismísima luna se hubiese derretido sobre él. Su piel blanca, más que la propia de Mark, también resplandecía, aunque si lo mirabas bien un tono verdoso se notaba por sobre sus brazos y el contorno de su rostro. Sus orejas puntiagudas resaltaban en su físico al igual que la sonrisa dulce que extendió sobre sus labios.

—No se rían. Fue un accidente —la suave voz con la que hablaba aminoró la rapidez con la cual latía el corazón de Mark. Tenía miedo. Jamás había visto alguien o algo como eso. Y al pensar en lo que dijo, por un momento, Mark se confundió, pensando que estaba hablando consigo. Hasta un momento después cayó en cuenta que él le hablaba a alguien más, a las otras voces que se rieron de él un momento atrás.

El chico le extendió la mano para ayudarle a ponerse en pie, pero el miedo aún no abandonaba el sistema de Mark, así que él mismo buscó la forma de hacerlo sin ayuda. El chico seguía riendo en silencio y Mark volvió a mirarle, aún no entendía qué era tan gracioso, pero al hacerlo se dio cuenta de algo. El color de sus ojos era tan violeta como las uvas y no fue hasta que el reflejo del sol cayó sobre su rostro que Mark pudo notarlo. Había un atisbo de algo fantasioso y sobrenatural en ellos, pequeños hilos dorados bailaban cerca de su iris y, de un momento a otro, Mark sintió que podría sumergirse en ellos.

—Jeno.

Mark una vez más volvía al estado de confusión, pero entonces el chico se señaló a sí mismo y él entendió que ese era su nombre. No tenía idea de por qué iba a hacerlo y capaz era la decisión más tonta que había hecho en toda su vida, pero aquello era mejor que estar solo en el bosque, prefería sumergirse en esos ojos que susurraban palabras extrañas en su mente si se detenía a mirarlos fijamente antes que volver a atrás a la soledad del bosque infinito.

—El mío es Mark.

nymph | marknoWhere stories live. Discover now