🗻CAPÍTULO VEINTISÉIS🗻

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CINCO LLAMAS

LIBRO I

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Capítulo XXVI - El Tiempo y la Sangre

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- KALHAN -

La cueva de Orin había dejado de parecerme un lugar extraño días atrás. O quizás habían sido semanas. Había perdido la noción del tiempo allá arriba, en las montañas, donde el sol salía y se ponía sin que yo pudiera verlo desde las profundidades de piedra donde Orin me obligaba a sentarme durante horas, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados, sintiendo el latido de algo que no era mi corazón.

La sangre.

Mi sangre.

La sangre de un dios que no había pedido ser dios, que no había pedido engendrar una hija, que había respondido a una súplica desesperada de una mujer que quería recuperar su trono y de un hombre que no podía dárselo porque era estéril y porque su amor por ella era más grande que su orgullo, que su linaje, que todo lo que había conocido hasta entonces.

Aeric.

Pensar en él todavía me dolía. No como al principio, cuando cada recuerdo era una puñalada directa al pecho, cuando cada vez que alguien mencionaba su nombre sentía que me arrancaban un trozo de piel. Ahora era un dolor más sordo. Más profundo. Más parecido a la nostalgia que a la herida abierta. Pero seguía ahí, latiendo en algún rincón de mí que no quería visitar pero que no podía ignorar.

-《Hoy es diferente》-dijo Orin a mi espalda, con esa voz suya que parecía venir de todas partes y de ninguna al mismo tiempo. Hacía días que habíamos dejado la entrada de la cueva; ahora Orin me entrenaba en la cámara más profunda, donde la luz de las antorchas apenas llegaba y las sombras se movían en las paredes como si estuvieran vivas.-《Hoy no vas a entrenar.》

Abrí los ojos. Mis manos, apoyadas en las rodillas, dejaron de brillar con esa luz blanca que había aprendido a controlar -no del todo, pero sí lo suficiente para no quemar nada- y volvieron a ser solo manos. Manos de veintiséis años. Manos de mujer. Manos de algo más.

-《¿No voy a entrenar?》-pregunté, incorporándome con una lentitud que escondía el dolor de las horas en la misma postura. Las piernas me hormigueaban y la espalda me crujía en tres sitios diferentes, señales de que mi cuerpo todavía no se había acostumbrado a la disciplina que Orin exigía.-《¿Entonces qué voy a hacer? ¿Tejer?》

-《Alguien viene a verte.》-Orin se sentó en su piedra plana, la que parecía haber crecido del suelo de la cueva, y cruzó las piernas con una facilidad que yo envidiaba.-《Alguien que lleva años esperando este momento. Alguien que no debería estar aquí, según las leyes de los hombres, pero que nunca ha obedecido las leyes de los hombres.》

-《¿Quién?》-mi voz salió más tensa de lo que pretendía, y mis manos, que habían dejado de brillar, se cerraron en puños sobre las rodillas.

-《Dos alguien.》-Orin sonrió, y fue una sonrisa críptica, vieja, cargada de secretos que no tenía intención de revelar hasta el último momento.-《Uno que conoces. Uno que no. O quizás sí lo conoces, pero no sabes que lo conoces. El tiempo, Kalhan Mireth, es una línea que se dobla sobre sí misma. Y hay quienes pueden caminar por sus pliegues.》

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