||Capitulo 1- Ecos del Pasado||

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El viento soplaba entre los árboles, susurrando secretos antiguos a través de las hojas que cubrían el sendero del Bosque de la Muerte. La luna, pálida y lejana, iluminaba débilmente la silueta encapuchada que se deslizaba entre las sombras. Silencioso. Letal. Como un susurro ahogado en la oscuridad.

Nadie se atrevía a pronunciar su nombre con ligereza.

Uchiha Itachi.

El renegado de la Aldea Oculta entre las Hojas.

El asesino de su propio clan.

El espectro que camina bajo la bandera de la organización Akatsuki, dejando tras de sí una estela de muerte y misterio. Su mirada, tan fría como el acero, era el reflejo de incontables batallas internas. El Sharingan ardía en sus ojos, rojo como la sangre que alguna vez derramó, y su arma más poderosa… el temido **Genjutsu**, capaz de quebrar la mente y dominar la voluntad.

Muchos lo odiaban. Muchos lo temían.

Pero había alguien… alguien que aún lo recordaba de otra forma.

—¡Tsk, tn! ¿Otra vez soñando despierta? —rió Naruto, sacándola de su ensimismamiento con un golpe suave en la cabeza.

—¡Auch! ¡Eso dolió, idiota! —gruñó ella, dándole un codazo mientras fingía molestia. Aunque por dentro, su mente aún flotaba en otro tiempo… en otra mirada.

Tn Nara era conocida por su carácter vivaz y su sonrisa contagiosa. Tenía una energía que iluminaba hasta el rincón más oscuro del hospital de Konoha, donde trabajaba como aprendiz de Tsunade. Siempre ayudando, siempre animando, siempre sonriendo… pero solo ella sabía que esa sonrisa a veces era una máscara.

Porque en su corazón… faltaba algo.

O más bien… alguien.

—“Itachi…” —susurró mientras miraba el cielo nocturno desde el tejado de su apartamento—. “¿Dónde estás?”

Habían pasado muchos años desde que lo vio por última vez. Aquel niño callado, serio, pero increíblemente amable que solía quedarse a entrenar con ella después de clases. Él fue su primer amigo real… su primer amor silencioso.

Hasta que una noche desapareció… y a la mañana siguiente, el Clan Uchiha fue hallado muerto.

La noticia sacudió a toda la aldea. Mari tenía apenas doce años. Lloró durante días, sin entender por qué alguien como Itachi, alguien que solía darle flores escondidas entre las hojas del campo de entrenamiento, sería capaz de algo tan atroz.

Desde entonces, no volvió a confiar completamente en nadie.

Aunque lo disimulaba bien.

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—Tn, el equipo de reconocimiento regresó. Encontraron rastros de un miembro de Akatsuki cerca del Valle del Fin —informó Kakashi, apareciendo a su lado repentinamente, como solía hacer.

Sus ojos se abrieron levemente.

—¿Quién era?

—Todavía no lo confirman… pero por el tipo de chakra residual, es probable que sea Uchiha Itachi.

El mundo se detuvo.

Su pecho dio un vuelco. La taza de té en sus manos cayó al suelo, estrellándose en mil pedazos, como su calma. Kakashi se acercó para recoger los restos, pero ella ya no estaba allí.

Había salido corriendo.

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—¡Tn, espera! —gritó Sakura tras ella, pero la joven ya estaba más allá del umbral de la puerta del hospital.

No podía pensar. No podía respirar.

Itachi.

Había pasado tanto tiempo imaginando cómo sería verlo de nuevo… que ahora, que la posibilidad era real, el miedo y la emoción se entrelazaban como espinas en su garganta.

No sabía si quería abrazarlo… o gritarle.

¿Sería el mismo? ¿La recordaría? ¿Se habría convertido en el monstruo que todos decían? ¿O habría algo aún del niño que solía sentarse con ella en silencio a ver las luciérnagas?

Horas más tarde, sola en medio del bosque, Mari se detuvo. Algo en el ambiente cambió.

Una energía helada y poderosa la envolvió. Su respiración se volvió pesada.

—No deberías estar aquí —dijo una voz baja, profunda, casi fantasmal.

Y entonces lo vio.

A unos metros frente a ella, entre los árboles… estaba él.

El mismo rostro, aunque más maduro. Más frío. Más distante.

La capa de Akatsuki ondeaba con el viento. Sus ojos rojos, el Sharingan encendido, la analizaban con la calma mortal de un depredador.

Pero… algo brilló por un instante en esa mirada. Algo… humano.

—Itachi —susurró ella. Sus labios temblaron al pronunciar su nombre, como si con esa palabra intentara convocar al niño que alguna vez conoció.

Él no respondió.

Solo la observó en silencio.

—¿Por qué… por qué te fuiste sin decirme nada? ¿Por qué no volviste? —preguntó, la voz quebrada—. Yo… yo te esperé. Siempre te esperé.

El corazón de Itachi dio un pequeño latido incómodo. Pero su rostro no lo delataba.

—No debiste hacerlo —murmuró finalmente.

—¡¿Por qué?! ¡Dímelo! —exclamó ella, dando un paso hacia él.

Entonces, en un parpadeo, todo se tornó negro.

El paisaje cambió abruptamente. Mari ya no estaba en el bosque. Estaba en un campo cubierto de sangre. Cuerpos del Clan Uchiha por todas partes. Y en el centro… Itachi.

—“Esto… no es real…” —jadeó.

Una ilusión.

Genjutsu.

Él se le apareció frente a ella, sin expresión.

—Esto es lo que soy ahora. ¿Aún puedes mirarme igual?

Pero Mari no se echó atrás. Aun entre la pesadilla, alzó su rostro hacia él.

—Sí —respondió—. Porque yo… no he olvidado quién eres realmente.

Itachi liberó el genjutsu suavemente. Mari cayó de rodillas, exhausta, pero sin apartar la mirada.

Él se dio la vuelta.

—Vete, tn. No quiero que estés aquí cuando llegue el momento.

—¿Qué momento…? —susurró ella. Pero él ya había desaparecido.

Solo quedó el eco de sus pasos… y un corazón que volvía a romperse.

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⏰ Last updated: Jul 30, 2025 ⏰

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