Capítulo 1: La sangre de los vivos

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El suelo parecía crujir con cada paso que dábamos. El único que intentaba forcejear todavía era Esteban. Podía percibir sus gemidos y su respiración acelerada a través de la mordaza y de la bolsa que había sobre su cabeza, una que todos teníamos. A donde sea que nos estuvieran llevando, se aseguraron de que no viéramos el camino. Escuché que el tipo se detuvo y lo arrojó a la tierra. Creo que lo golpeó con ese bastón de gran grosor que sujetaba al principio. Bastaron tres tundas para que el chico se quedara callado y volviera avanzar pero esta vez arrastrando los pies.

- Ya estamos cerca - advirtió el hombre que me sometía.

Tener la vista totalmente bloqueada entorpecía mi andar, y mis muñecas atadas delante del abdomen, sumaban a la inseguridad que me hacía temblar y perder el equilibrio. Entonces caí de lado con el hombro izquierdo aterrizando sobre una roca amorfa que sobresalía del suelo. Gruñí del dolor.

- Arriba, ¡arriba! - ordenaba el hombre con puntapiés. Me asió de los cabellos y avanzamos unos metros más hasta que me lanzó con violencia hacia un terreno libre de maleza. Corrí para sostenerme con el cuerpo arqueado, pero el peso terminó por vencerme y volví a caer. Di unos cuantos giros y mi cara se estrelló de lado contra el suelo que ardía. El aire caliente que expulsaba humedecía la bolsa.

- Son suyos - dijo la voz de un tercero. Había contado seis cuando aparecieron.

Sentí una presencia adicional, una que empezó a caminar por mi costado, paraba e iba alejándose de a pocos. Paraba por unos segundos y luego volvía a alejarse. Era como si estuviera olfteándonos, sintiéndonos, como si fuera un sabueso de gran tamaño.

- ¿Son todos? - en esta ocasión, fue una mujer la que habló.

- Sí, son todos.

- Es curioso... - manifestó la misma mujer -. Aquí sólo cuento a cuatro. El trato fue por cinco chicos.

- Solamente son estos imbéciles - respondió -. Si tu informante hubiera hecho mejor su trabajo sabría que solo iban a ser cuatro los que iban a llegar.

- ¿Qué hicieron con el quinto?

El tipo rió.

- ¿Te atreves a cuestionarme?

- ¿Hicieron que se escapara? Tal vez deberían aplicar más el convencimiento con las palabras y no con la fuerza bruta.

- No me digas cómo hacer mi puto trabajo, Sheri. Cumplimos con el pedido. Sólo dennos lo que acordamos y nos largaremos de aquí.

- 500 por ellos.

- Murian prometió el doble.

Dio unos pasos, iban hacia al sujeto.

- 500 por ellos.

Resopló.

De pronto, ese mismo hombre se acercó a mí, me agarró de los cabellos nuevamente y me levantó. Mi espalda chocaba con sus piernas. Aún permanecía de rodillas. El sonido de una hoja afilada se deslizó por mi oreja hasta alcanzar mi cuello.

- Entonces no hay trato - exclamó retando a su contraparte -. Sé que no les sirven de nada muertos, no sin antes hacer sus numeritos.

- Estas jugando con fuego, muchacho. Nosotros nos encargamos de eso.

La navaja estaba muy en contacto con mi piel. Sentía que en cualquier instante la pasaría con tanta velocidad que haría que toda mi sangre estuviera en el suelo en cuestión de minutos. Mordía la mordaza con enjundia queriendo hacerme para atrás y derribarlo, pero me sujetaba con resistencia.

- 1000 por ellos - enfatizó.

Graficaba sus caras en mi mente. El tipo estaba muy convencido de hacerlo, demasiado si no le daban lo que pedía. Sin embargo, ¿qué garantías de sobrevivir tendría para después de ser "entregado"? Si morir era la única maldita opción para ser libres de una trampa que se había empezado a coser meses atrás, meses atrás cuando nuestra ingenuidad sobrepasaba sus propios límites, entonces que me degollaran. Sé que el miedo que experimentaba los sentían los demás, estaba muy seguro que les corroía la piel y se les erizaban los vellos del cuerpo. También estaba seguro de que me odiaban, o se odiaban ellos mismos por haber cedido ante su consciencia.

Despuésde lo que habíamos pasado no aprendimos nada. Solo yo logré escuchar algo que quizá los relacionaba, y nunca lo dije. Nunca lo mencioné en el momento en que debía. Y ahora me odio por eso, porque pudimos evitarlo. Pudimos evitar partir.

La Morsa - Pesadilla Viral: Parte TresStories to obsess over. Discover now