Y ahí estaba. Oía su corazón latir más que su miedo, sentía el sudor caer por su frente. Frío, hiriente.
Percibió como ese vacío le quemaba en su interior. Miró dentro, dentro de su vacío y volvió a avistar esos ojos, más bien esa mirada que le sonreía maliciosamente.
Temía a ese ser, pero temía más el tener que volver a esa realidad que le había hecho desear estar en los ojos de esa mirada, que, pertenecía a esa criatura la cual decían, mejor dicho, que decía ser ella.
