A veces me despierto cansada, como si una gran masa me oprimiera, como si el silencio me ahogara y la soledad me desintegrara, y solo puedo pensar en todo un plan, un plan que por 4 años organicé, esperando a no ser descubierta...
Desde pequeña me gusta planear, con detalle cada paso que doy, que soy, que hice y que haré, como un reloj, mi mejor amigo, no me deja botada, pues el tiempo que pasa es lo único seguro, como la muerte que me acompaña, tan fría pero tan amena, alegra mis días, saber que algún día acabará pero en vez de mortificarme todos los días solo lo hago una vez por semana, para sentirme viva y apreciar lo que tengo; los 6 días restantes, me la paso pensando, esperando. Tengo una amiga, es mi compañera de cuarto, sabe que no me gusta el ruido, no habla mucho, a veces pareciera que no tuviera lengua, y es porque no la tiene, se la cortó, un día muy calmado donde la lluvia apenas tocaba el techo donde se acogía, en una iglesia abandonada , su madre la obligó a cortarse la lengua como parte de un ritual satánico para ser sierva fiel a lucifer, lugar en el que tiempo después su madre se suicidó, periódicos dicen que más de 27 personas se suicidaron en ese mes, en esa iglesia.
Todos los días a medio día almuerzo, suele ser poco, algunas veces quedo con hambre, pero a veces no importa, pues me encuentro con una mujer alta, robusta y de cabello color cobrizo, quien me cuenta una de sus muchas ideas, en la que muchos son víctimas. Cuando era pequeña todos la odiaban, aún no sabe por qué, ella era una niña normal, solo quería amigos, alguien que no la abandonara, pero todos los niños del barrio la volvían loca, le lanzaban piedras, la cargaban y lanzaban hasta los lagos más helados que pudiesen encontrar, la dejaban encerrada en graneros por la noche, y no dejaban de gritarle cada vez que la veían; solo tenía 10 años cuando eso pasó, se sentía tan mal, pero luego halló una forma para superarlos, comenzó a hacer un plan, todos los días después del colegio pensaba en qué hacer con ellos, aquellas 34 personas, que la seguian todo el tiempo pensando que era una rata muerta, sin sentimientos. Algunas veces, cuando tenía tiempo libre, se la pasaba al lado de un enorme acantilado donde le hubiera gustado ver caer a cada uno de ellos, con sus cuellos cortados, empapados de sangre saliendo por todas partes, haciendo una fila, una fila que no le llevaría mucho tiempo acabar, pero no era suficiente, los quería ver sufrir hasta el final. También almuerzo con otra mujer, un poco más vieja que yo, la verdad, bastante vieja, a quien las arrugas le brotan de la cara. Sus palabras iban lentas, ella sigue viviendo en un mundo falso, un mundo de ilusiones y tristeza. Un día que conoció a un hombre, Leinad, un chico amable, atento y carismático que conoció a los 15 años, un día simplemente le habló, y al solo escuchar su dulce voz la conquistó, voz de ángel, esculpido por los mismos dioses. Nunca había sentido algo así, pasó días buscando una manera de acercarse, pues era difícil de hablar con él, o bueno, para ella. Día a día se convirtió en una obsesión saber qué hacía, con quién estaba y dónde estaba. Ya tenía todo planeado: "nuestra primera cita, nuestro noviazgo, la boda color beige y dorado, la pareja de niños, la casa de 2 pisos con piscina y 4 habitaciones ya previamente distribuidas, la casa de campo para vacacionar, la escuela de los niños, las actividades que realizaría cada domingo, la cena de las noches" decía ella con un aire romántico y un poco tétrico, como si su vida fuese un cuento donde los personajes vuelan y se encuentran bajo la lluvia para finalmente besarse, cada maldito segundo invertido en eso, en una ilusión, una esperanza que por más que aquel chico la siguiera rechazando no se apagaba, estaba tan ciega, pero aprendió a perseverar, a buscar de cualquier forma una manera de hacerlo suyo, aprendió a manipular y acosar gente.
Pero se preguntarán, ¿y mi plan? O para qué es todo esto, pues solo tengo que decir que por si no se han dado cuenta estoy fuera de mis cabales, estoy en el hospital Whittingham para enfermos mentales, y he estado acá 4 años, 3 meses, 2 días, 18 horas, esperando a que Lucía, la chica de guardia de entre 9 y 4 de la mañana, vaya a tomar su típico café
L
atte a las 12:36 aproximadamente, para así salir de la habitación con la llave que mi querida compañera sin lengua tomó a uno de los enfermeros auxiliares cuando fingió tener un ataque casi epiléptico, luego salir e ir al cuarto de cámaras que está a 2 giros a las izquierda y uno a la derecha, para encontrarme con Gregorio, el vigilante en la sala de control de cámaras, será fácil, solo tengo que llamarle a la oficina haciéndome pasar por Laura, la recepcionista y decirle que su hija se encuentra muy enferma por su leucemia, información que gracias a la pobre anciana que me ayudó a investigarlo a cambio de entregarle una carta de amor a su querido hombre; así después de 2 minutos saldrá él por la puerta y tomará el camino al ascensor mientras yo entro a la habitación y apago el sistema, siguiendo las instrucciones del manual que encontré en la zona prohibida de la biblioteca del hospital, para entonces Lucía ya habría vuelto y yo hubiese salido por las escaleras de la cafetería, tomaría un preciado capuchino el cual he deseado todos estos años pero las enfermeras no me lo permiten, después de eso, tomaré la chaqueta de una de las enfermeras y me cubriré, recogeré mi cabello con una cola de caballo y bajaré, iré a los baños, lo único que necesito es cruzar una puerta que se activa con una tarjeta que solo los del ala A, a donde deseo ir, poseen. Es ahí donde mi querida amiga de cabello cobrizo actuará a penas me vea pasar, comenzará a gritar y lanzará cosas en su habitación, los enfermeros no tendrán otra opción que cruzar esa puerta por la conmoción causada, y yo pasaré inadvertida, caminaré lo más sigilosa posible hasta llegar al ascensor, bajar hasta la recepción, cubrir mi rostro con la chaqueta mientras disimulo que toso, y salgo del lugar, al fin, a respirar el aire fresco de la libertad, y por fin siento que ya puedo volar, voy a la dirección de la carta del amor fallido de mi amiga, la entrego y salgo a tomar un tren, tren que pagaré con el dinero que tomaré de la billetera al disimuladamente chocar con alguna persona que me encuentre, iré a Holland dónde está mi pequeño gato, Merlín, en una tienda de artefactos antiguo, y me lo llevaré a casa. ¿A dónde? No lo sé, todo lo que tenía me lo ha quitado mi hermana, la herencia de mis padres y todas mis cosas que han estado a su nombre por mi supuesto problema, porque no estoy en mi facultad mental de tomar la decisión de cosas importantes para mi vida.
Al fin al cabo solo es un plan, que por más que lo quiera ejecutar no puedo, pues mi vida es esta, mis amigas son estas, y todo lo que tengo lo tengo acá, he aprendido a valorar todo lo que es mío y todo lo que será, ya lo aprecio cómo un tesoro, hecho de oro y esmeralda, oro por lo preciosa que es mi vida aunque esté prisionera, y esmeralda por la tranquilidad que me trae, el saber que siempre hay alguien que se preocupa por mi y no me deja sola, aunque sea por mi locura. Pero esperen, aún no he dicho por qué estoy acá; sufro de bipolaridad, personalidades múltiples y esquizofrenia. ¿Se acuerdan de mis amigas? Pues viven conmigo, se la pasan conmigo todo el tiempo, a veces nos damos turnos, y solemos hablar en las noches cuando no podemos dormir, a veces peleamos pero no importa, porque viviendo todas en el mismo cuerpo hemos aprendido a convivir.
