Claro que Lena Luthor conoce perfectamente las artes masturbatorias. Hace años que la ojiverde experimenta consigo misma. Desde la pubertad, ¿quien no? Esas largas horas en la residencia Luthor, sola, vacia, habrían de haber servido de algo. ¿Nadie para molestarla? ¿Nada que hacer sino toquetearse para que sus hormonas se calmen? Solo Dios sabe lo fácil que es aprender sobre uno mismo en un hogar tan negligente y solitario como la mansión donde creció.
Sí. Lena Luthor conoce perfectamente las artes masturbatorias.
Y por años, la heredera ha logrado remplazar cualquier necesidad de conexión humana con sus propios dedos. Por años, ha utilizado sus propias manos para evitar pensar en un novio, en una novia, en un amigo con privilegios, incluso.
Al inicio era fácil. Todo era físico. Masturbarse no era sino encontrar placer y luego dejarlo ir. Saciar una necesidad, conseguir un orgasmo y olvidarse de todo. Volver a su tarea, volver a su trabajo. Volver a su vida.
Pero entonces, Lena conoció a Kara, y con el tiempo, esa rubia torpe se convirtió en el objeto de su deseo.
Todo estaba bien al inicio. Kara llegaba a su oficina, vistiendo chinos y camisas, usando cinturones y blazers. Y, sí, ¿por qué negarlo? La rubia se veía increíble, pero eso era todo. Lena podía admitir lo sensual que se veía Kara sin ningún inconveniente y seguir su vida.
Pero eso cambió. Lena no sabe porqué, no sabe cómo pasó, pero sabe que hace un par de meses, Kara parece disfrutar pasearse por la oficina de Lena usando vestidos nuevos, vestidos que la hacen ver como una Diosa. Vestidos que se amoldan perfectamente a su envidiable cuerpo, vestidos que presumen su abdomen marcado y sus biceps inmensos, y Lena no puede evitar sentir su sangre moverse directamente a su entrepierna, cada vez que Kara entra a su oficina.
Usualmente, cuando la rubia aparece, es para sostener, con Lena, una conversación casual. Kara llega y la invita a una de las game nights de los SuperAmigos. Lena acepta, consciente de que, unas horas antes de la cita, encontrará una excusa para no ir. Simple y sencillamente porque no puede soportar la visión de Kara: tan sensual, tan inalcanzable.
Además de procurar su vida social, Kara la regaña: Lena, no estás comiendo bien. Lena, no estás durmiendo bien. Lena, no puedes dejar que tu trabajo interfiera así en tu vida personal, en tu salud.
Y Lena pone atención, de hecho. Lena escucha a Kara, se ríe con sus comentarios y le responde acorde. Y entonces, una vez que Kara desaparece de su vista, Lena piensa en ella de la manera más ruin que puede: piensa en sus brazos, en sus piernas, en sus labios, en su cuerpo.
Kara se va y Lena solo puede pensar en Kara. En Kara siendo cogida. En Kara siendo follada.
Kara en un éxtasis. Kara disfrutando como nunca. Kara lista para tener un orgasmo. Kara. Kara. Kara.
La fijación progresa, ciertamente. Al inicio, Lena se imagina a la rubia siendo penetrada sin piedad, y ya. No por ella misma, no. Kara siendo penetrada por cualquiera. Por un idiota anónimo, quizás. Un miembro largo, saliendo y entrando de la vagina de Kara, que Lena disfruta imaginar apenas cubierta por una mota de vello rubio.
Pero ahora, incluso Lena tiene que admitir que Kara se ha convertido en una obsesión, y un boy toy anónimo no parece ser suficiente. Ahora, Lena solo puede correrse imaginando a la rubia sobre ella misma. Con la cabeza echada hacia atrás de gusto y con sus senos bamboleantes. Con su coleta de caballo infantil, vuelta un desastre, mientras Lena la penetra con un arnés, usando ambas manos para sostenerla de las caderas.
"Lena, Lena, Lena.", la mujer casi puede oír la voz sedosa de la rubia, envuelta en placer y puede imaginar a Kara, Kara sonrojada, como cuando Sam y Alex empiezan a hablar de sexo frente a ella. "Oh, Lena. Sí, Lena. Rayos, Lena." La heredera ríe un poco. Seguramente, Kara es incapaz de hablar sucio en la cama, pero está bien, Lena piensa, porque sabe que ella es una profesional en eso y sabe que Kara disfrutaría como nunca, escuchándola decirle al oído todo lo que quiere hacerle. Lena se moja solo de pensarlo y todo su cuerpo se estremece.
Ah, sí. Maldición. Lena encuentra su propio clítoris con sus dedos. Ya está húmeda, muy húmeda, y entre el placer, no puede evitar imaginar a Kara alcanzando su propio orgasmo: con las mejillas sonrosadas y un par de gotas de sudor recorriendo su cuello, mientras rebota sobre Lena como si su vida dependiera de ello.
"Ah, Lena. Así, Lena,"
La joven Luthor se siente estremecer ante la idea de Kara alcanzando su orgasmo, saltando sobre su regazo. Lena suspira, imaginando los espamos de Kara, a punto de correrse.
"Sí, Lena, soy toda tuya, Lena."
Y entonces, el orgasmo de Lena se siente cerca.
"Así, Lena, fóllame así, Lena,"
Más cerca.
"Fóllame así, Lena."
Más cerca, más cerca, más cerca.
"Me encanta como me follas, Lena. Me encanta como me coges. "
Por fin, Lena se corre. Se corre intensamente. Oh, Dios. Cada orgasmo que alcanza pensando en Kara es más fuerte que el anterior. Cada orgasmo es más húmedo, más intenso, más anhelante, más sudoroso.
Y una vez que se corre, la única cosa en su mente es la voz de Kara, la vaga memoria del olor de Kara. La imagen fugaz de su mirada.
Lena cierra sus ojos.
La sensación del orgasmo desaparece pronto, como siempre y entonces, sólo queda la imagen idealizada de la rubia. Adorable, hermosa, celestial. Ojiazul, torpe, siempre tierna.
Lena se corre, sí, pero después, solo quedan la soledad y el doloroso amor no correspondido que siente por Kara Danvers.
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Poder adorarte
RomancePreviamente, un simple ejercicio de escritura, Obsesión quedó repensado como una historia de amor de amigas a amigas con derechos a ¿amantes? Poder adorarte. Muy inspirado en la canción Adore de Amy Shark.
