La canción

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La petrificante y, a su vez, tranquila Ciudad de Weston estaba sufriendo una gran neblina desde hace días. Las hojas de otoño inundaban las veredas por varias cuadras. Lo que conllevaba, a que las largas calles estuvieran más desiertas de lo que acostumbraban estar.
Las personas del lugar preferirían estar recostadas bajo sus sábanas antes de que oscureciera. Ya de que por sí, la inseguridad había aumentado los últimos meses. O por lo menos, las denuncias de los jóvenes por hostigamiento.

Sólo las patrullas que comandaban las cuadras aparecían con sus alarmantes sirenas a lo lejos.
Sin embargo, eso no fue un impedimento para la joven Victoria, quien había intentado contactarse con su prima desesperadamente durante dos horas. Pero para su tranquilidad, se encontraba totalmente bien, ya que estaba con su "boysito", como ellas suelen llamarlo.

— Podrías haberme avisado al menos, ¿no ves la lluvia que acabo de comerme? — bufó Victoria hablando en voz baja y dando unos leves estornudos luego de que se dignara a abrirle.

— Victoria, te mandé un mensaje. No puedo acompañarte hoy. Si quieres puedes decirle que me esperen. O ve tú sola. Estarás bien. Disculpa. Sabes que ahora estoy ocupada...— responde finalmente su prima, Korina, cerrando la puerta suavemente.

— Korina... sabes que no puedo seguir sin tu ayuda. Imagino que no me dejarás sola justo ahora. — soltó nerviosamente.

— Shh — la calla — habla más bajo Victoria. ¿Qué sucede contigo? ¿Acaso quieres que alguien más escuche?

— ¿Y quién más podría escuchar? Sólo te estoy viendo a ti. A quien por cierto no sé si he hecho bien en aceptar tu maldita idea. — aclara Vic.

— Pf... — hace una mueca irónica — Es mejor que te vayas, Victoria.

Su piel se erizó. No era la respuesta que esperaba. No de alguien para quien estuvo cuando la necesitaba.

No le quedó más opción que volver resignadamente al auto de su padre, Ricco, quien estaba escuchando unos temas de los que se conocen como "antiguos", pero de los que pueden elevarte mentalmente a una tranquilidad inexplicable.

— ¿Y dónde está Korina, Vic?— pregunta el padre, mirando por la ventana y apagando su cigarrillo.

— No vendrá, era de esperarse. Discúlpame por haberte dicho de venir hasta aquí. — responde con un nudo en la garganta. Y al segundo, se digna a subir el volumen de la radio que parecía darle un poco de consuelo pasándole uno de sus temas favoritos, "Everybody's changing" de Keane.

Podía notar a través de la ventana cómo las gotas iban cayendo poco a poco por el asfalto. Y así terminaban mojando lo poco que quedaba seco.
Amaba la lluvia. Sentía que le recordaba a los viejos días en los que se paraba debajo para desestresarse.

Notaba, sin embargo, que sus manos no dejaban de temblar. Y los escondió bajo su regazo. Hacía mucho tiempo que estaba luchando contra la ansiedad y no quería demostrar que ésta situación la estaba superando. Aunque sí lo estaba haciendo.

Cuando llegó a su casa, se dirigió directamente a su dormitorio.
Se recostó bajo esa sábana azul que casi nunca la ponía a lavar y se quedó mirando la ventana de su habitación, dando al gran árbol que soplaba sus hojas contra el vidrio por el fuerte viento.

— Niña, sólo te dejaré pasar si me haces reír con esos chistes raros que sacas de la televisión — responde Victoria a su hermana menor, Carla, secándose las lágrimas que dejaba escapar por sus ojos.

— Siempre me dices que te harto
con esas cosas. Pero bueno, podría hacerte reír con mi imitación de Cardi B.— responde Carla levantando los brazos.

Nadiæ ocupará tu lugar Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora