La noche para mí no era más que un montón de estrellas peleando por ver quiénes creaban la constelación más brillante, una eterna locura, era mucho más que una almohada bajo la nuca, por un tiempo fueron momentos oscuros que se ocultaban en los adoquines y borrachos jactándose de su dinero mientras trabajaba, pero cuando descubrí los ojos de aquel gato, la plata de su mirada me hincó el pecho como si fuese una estaca. Era una tensión y una fiebre que me recorría el cuerpo, luego me ensordecían los oídos los violinistas verdes de la noche, y me amarraban a una pared, cada vez se volvía más difícil respirar. Hasta que el gato dejó de mirarme, eso fue bueno y caí, desplomado en el suelo, como una copa llena de vino cuando rompe contra el piso.
Me levanté exasperado del pedazo de colchón que llamaba cama, ya eran las siete de la mañana, y ese maldito sueño había hecho que comenzara agitado mi día. Lavé mi rostro frente al espejo roto y sucio del baño. Por un momento me había olvidado de todo. Salí a caminar un poco e hice casi todo el día en la calle, buscándome, quería encontrarme, pero estaba confundido.
A las diez de la noche, me alisté y fui para el trabajo. Era algo más que un montón de licores, o mezclas para lograr el sabor indicado, y conseguir un par de propinas, quien no dejaba propinas no corría con mucha suerte, hacía todo lo posible para hurtar su cartera y llevarme un buen premio, aunque era mucho más que un poco de necesidad, era algo enfermizo, pero me encantaba, cada una de esas carteras suponía un reto, la adrenalina era lo único que me llenaba.
-Eres hábil. – me dijo una hermosa mujer con cabellos dorados y un sensual traje rojo, que combinaba perfectamente con sus labios.
¿Me habrá visto? Pensé por unos instantes, el bullicio de la clientela me atormentaba, y requerí a un pañuelo para secarme las enormes gotas de sudor que emanaban de mi frente.
Sólo le sonreí, y le dije:
-¿Tomará algo señorita?
-Sí. Déme un trago de Luna nueva, por favor. – y sonrió.
-Enseguida…
Ni siquiera sabía cuál bebida era esa, puede que se la hubiese inventado, prepare un licor cualquiera, cuando iba a poner una rueda de limón en el vaso, ví la mirada de aquel gato de mis sueños. Cerré los ojos con fuerza y me los estrujé.
-¿Pasa algo? – me dijo.
No, para nada, es que mis ojos son un poco sensibles a un alcohol tan fuerte, traté de disimular pero al mirarla sus pupilas me parecieron una eterna ilusión óptica, no podía apartar la vista de ellas y me helaba la piel continuar viéndola. Bajó la mirada y se dispusó a beber el trago. Era imposible continuar con ese juego.
-¿Es fácil con ellos no? ¿Has probado algo más peligroso? Sí, digo, porque eso es demasiado sencillo, los emborrachas y obtienes “propinas extra”.
No podía ocultarlo más, ese comentario de ella sólo podría significar que me había visto, o me vigilaba desde hace un tiempo. No soy la gran cosa, delgado, sin pizca de músculo, y un cabello rizado, revuelto, por qué semejante mujer me acosaría de esa manera.
-¿Crees qué debería probar con algo más peligroso? – le dije, tratando de seguir su juego.
-Pues no hay nada más peligroso que competir contra mí. ¿Por qué no lo intentas? Esperaré a que acabe tu turno, para salir, a “tomar aire”. – dijo acercándose a mí.
Me sentí atraído por ella. Me dio la espalda y cuando ya se iba:
-Ah, y tienes que estar más vivo. – me dijo tirándome mi billetera contra el pecho.
La agarré rápido por instinto y sonreí. Era atrevida esa chica…Mi turno pasaba cada vez más rápido, eran las dos de la madrugada, y me sentía hasta cómodo con el entorno grotesco del antro, y con los cerdos borrachos que lo frecuentaban. Esa era mi felicidad, sólo podía ser porque me ha echado el ojo aquella mujer, no es común que alguien como ella visite estos sitios.
KAMU SEDANG MEMBACA
Botella rota
Misteri / Thriller¡Adéntrate! ¡Descubre! Siente lo que sufre el cuello de una botella rota.
