Alguien puede vernos...

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Una fiesta secreta dentro de la universidad.

¿Cómo terminó allí? Shuhua no lo sabía. Quizá fue la curiosidad por una experiencia que estaba segura no se volvería a repetir o por la adrenalina de saber que estaba rompiendo las reglas; tal vez fue por la insistencia de sus amigas en ir, pero es que cómo negarse, estaba convencida de que esas habían sido oradores o políticos en sus vidas pasadas.

La mayoría de los alumnos estaban al tanto de la celebración y todos se esforzaron por mantener un perfil bajo al respecto, pues si alguno hablaba demás tenía asegurado un infierno por parte de los de mayor antigüedad en ese lugar. Los mencionados se las habían arreglado para comprar el silencio y el permiso de los guardias de seguridad que cuidaban la institución. Cuatro en total.

Se llevaría a cabo el viernes en el espacioso gimnasio que poseía la universidad y daría inicio a las ocho de la noche. Los organizadores habían impuesto una hora máxima de duración pues no querían llamar la atención al día siguiente, además de prohibir la aglomeración de automóviles a las afueras de esta, recomendando dejarlos a dos calles de distancia.

Ya había pasado un tiempo desde que había llegado. Shuhua se encontraba descansando sus pies adoloridos y bebiendo el último trago de su cerveza antes de emprender de nuevo su camino a la pista de baile, acción que se vio interrumpida por un ligero y repentino golpe en su trasero... Alguien le había dado una nalgada.

Se giró con furia, dispuesta a romperle la cara al bastardo pervertido pero al hacerlo... Se encontró con una cabellera rojiza y una sonrisa divertida.

—Idiota, ¿quieres morir? —preguntó fingiendo estar enojada. El atrevimiento de la mayor se le hizo un poco gracioso pero no iba a dejárselo saber.

Luego de su encuentro en uno de los salones de la institución ellas no se habían hecho cercanas o algo parecido. Eso sí, Soojin no había vuelto a molestarla o al menos no de una mala manera como solía hacerlo antes, solo le jugaba pequeñas bromas que la más joven se encargaba de devolver rápidamente, logrando callarla y hacerla enfurecer algunas veces. Su repentina complicidad era algo que no pasaba desapercibido para el resto pero nadie parecía realmente interesado al respecto.

—Hola para ti también, hermosa. —dijo más alegre que de costumbre mientras rodeaba los hombros de la pelinegra con uno de sus brazos. —Buena fiesta, ¿verdad? ¡Yo ayudé! —exclamó orgullosamente. Shuhua asumió que ya había más alcohol en su cuerpo del que debería.

—A penas es un poco más de media noche y ya estás ebria, Seo —se burló—. Que pésima anfitriona eres. —habló inspeccionando cada centímetro de su rostro. Que hermosa era esa idiota.

—No estoy tan borracha. —hizo un puchero conectando sus mirada antes de dejar salir un sonido de hipo de sus labios en una clara señal de que había ingerido alcohol, soltó una estruendosa risa después de eso. Tal vez no mentía cuando decía que no se encontraba tan borracha y sólo contaba con buenos dotes de actuación. La taiwanesa no le creyó, sin embargo.

—Cuéntame, ¿ya te besuqueaste a todos los chicos del club de taekwondo hoy? —Shuhua amaba molestarla. La mayor abrió su boca indignada tratando de contener la risa.

—Aún no, ¿puedes creerlo? —fingió una mueca triste— Pero, ¿por qué el interés, Yeh Shuhua? ¿Estás celosa? —interrogó alzando una ceja.

La mencionada soltó una fingida risa haciendo el ademán con uno de sus dedos de quitarse una lágrima falsa por lo ocurrente de sus palabras. Volvió su rostro serio luego de un segundo dando a entender que no había sido gracioso. La pelirroja rió ante esto.

—Ni un poco —habló desafiante—. Si lo quiero, puedo tenerlo. —sacudió una basurilla imaginaría de su hombro. Estaba presumiendo.

Soojin levantó sus cejas sorprendida y pensó que ese lado atrevido de la joven era uno de sus favoritos hasta el momento. Lamió sus labios antes de responder.

JODIDA PELIRROJA +18 - SOOSHU (2da parte)Stories to obsess over. Discover now