De camino a la ciudad.

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     Me niego a salir de mi ciudad natal. Mi hermano está con sus audífonos puestos al otro lado de la ventana del auto, y yo solo lo miro a él. Tenemos que resignarnos a vivir en una nueva ciudad, incluso está a más de diez horas de la ciudad donde crecí y es completamente ilógico  mudarnos por culpa de mi hermano.

     No sé que sucedió, al parecer mi hermano peleó con un chico que su padre resultó ser un político importante y como si fuéramos unos cobarde tuvimos que salir del estado. Así evitaría "demandarnos" vaaa. Realmente no lo creo, mi hermano no es tan musculoso. Si, tiene un buen físico, pero no es musculoso. Él al igual que yo, de nacimiento tenemos el cabello rubio y ojos carmín. Aunque mi hermano se lo tiñe en un color más oscuro para resaltar sus ojos y piel pálida, pero no le funciona el tinte en su pequeño mechón blanco por el lunar con él que nació justo al comienzo de su cuero cabelludo y en su frente. A veces da miedo.

   —¿Qué? —preguntó Megan, mi hermano.

   —A veces, das miedo...

     Megan no respondió, solo se ríe bajo y vuelve a ponerse los audífonos, me quedé mirando completamente atónito la sonrisa de mi hermano, tenía como mínimo un mes sin verlo siquiera sonreír. Ni siquiera se porque dejó de sonreír de un tiempo hacia acá. Pero trataré de grabarme su sonrisa por mucho tiempo.

     Aunque mi hermano y yo por lo general no nos llevamos bien, lo quiero. Es mi hermano mayor después de todo, me lleva unos tres años así que siempre de pequeño jugábamos juntos.

     Mire por la ventana y era de noche, teníamos unas 8 horas rodando en el auto de papá casi en perfecto silencio. Mi madre estaba pendiente de su celular y mi padre en conducir, y luego al contrario, cuando mi padre quería descansar del volante. Mi hermano solo oía música y una que otra vez chequeaba el celular, yo no tengo, así que solo tengo mi imaginación.

     Tal vez porque apenas tengo trece años, mi padre me dijo que apenas nos instalemos en el apartamento me compraría mi primer celular. De todas formas nunca me dejaron hacer más que escuchar música de los audífonos de mi hermano.

      El silencio del auto también era estresante y al mismo tiempo cómodo, nunca hablábamos en familia y si no fuera por mi hermano, sentiría que todos en el auto somos unos extraños, hace unas horas intenté tararear una canción, pero me exigieron silencio.

     —Llegamos —dijo mi Madre, ahora ella en el volante. no pude percatarme del momento exacto donde invirtieron el manejo del auto.

     Mire la hora y eran pasada la medianoche, no me percate en qué momento me quedé dormido tampoco. Mire a mi hermano y este estaba con la cara a la ventana, no veía ni su mechón o melón como solíamos decirle, solo podía ver su cabello oscuro, para despertarlo moví su brazo y él soñoliento me miró de reojo.

     —Megan, despierta. Hemos llegado. —le dije.

     Entramos al apartamento y todas nuestras cosas estaban en cajas, mire mi colchón parado pegado a la pared de la que seria nuestra sala. Al mismo tiempo no recuerdo tirarlo en el suelo y caer encima de él con otro peso muerto tras de mí.

      Un nuevo comienzo de mi vida estaba por empezar, y espero que al menos este tiempo valga la pena. No soportaría haber cambiado de ciudad y no encontrar amigos o tener popularidad. Tengo que ser el chico más popular.

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