Sipnosis

15 0 0
                                        




Era domingo, amaba los domingos, los domingos era justo cuando mamá solía hacer la mejor comida, desde pasta, papas gratinadas o quizás si teníamos suerte su muy famoso corte de carne, era cuando yo vestía un lindo vestido floral y también era cuando papá sacaba un vino de la reserva del sótano, tomaban y bailaban con Louis Armstrong​​ de fondo, mientras,  yo jugaba con Ares, nuestro perro, el más cariñoso de todos, eran buenos momentos.

Sin duda alguna, eramos felices, algo así como la familia que ves en la tele, los padres risueños y enamorados que cada niño desea tener y yo era esa niña, una muy afortunada.

Habría sido increíble que todo hubiera continuado así incluso parecía demasiado perfecto.

Y justo por eso todo tenía que joderse, luego de que pasó, muchas veces me permití pensar que quizás si todo no estuviera marchando tan bien, quizás, sólo quizás, nunca habría llegado semejante noticia, nunca habríamos levantado el teléfono aquella tarde, y yo, yo no habría estado en casa, yo estaría en donde mis abuelos o en la casa de alguna amiga haciendo lo único por lo que una niña de mi edad debía preocuparse, cual era el mejor vestido para sus muñecas y habría estado bien porque nada de lo que pasó sería real.

Pero si lo fue, era real y lo estaba viviendo justo ahora, recibimos esa llamada, salimos a ese hospital, si llovía, si aparcamos y corrimos a emergencias, si vi su cara cuando le dieron la noticia, pude ver como se desplomaba en el pasillo de aquel hospital, no entendía nada, tampoco era mi deber entender, tan solo tenia once años.

Vi alguien acercarse a mí, era un hombre apuesto, pero mi vista no lo enfocó bien porque solo tenia ojos para ver como lloraba y gritaba en manos de las enfermeras y doctores, estaba sumergida en esa imagen, tocó mi hombro.

-Esto te hará bien preciosa; vi como una mano con bata y algo de piel me tendía una golosina.

La tomé aún mirando la escena, y se retiró, ya había dejado de escuchar los gritos pero si podía ver.

Yo veía, estaba viendo como mi madre lloraba a Roger, mi padre, mi padre que ya no estaba y que no estaría jamás porque había muerto aquel domingo 3 de septiembre y junto a él se había ido también una parte de nosotras.

Yo soy Lina y esta es mi historia la historia de como la maldición de una muerte apresurada, un pasado oscuro y unos secretos horribles habían llegado a destruir mi hogar y también mi vida.

EidenWhere stories live. Discover now