Te preguntarás qué está sucediendo en este momento, pues, aún es muy pronto para saber la verdad. Si te sientes perdido, relájate, te tomará tu tiempo entender un par de cosas.
Mi nombre es Adeline y en una gran parte de mi niñez me enseñaron que debía seguir al pie de la letra las costumbres de este lugar ¿tenía otra opción? Obviamente no, solamente jugar y sobrevivir.
***
Islandia, Schilderwald.
1 de Agosto de 2020.
Tenía 30 minutos esperando un taxi, se supone que mamá vendría a recogerme apenas abordara el barco, pero lo único que recibí de su parte fue un mensaje de ella diciendo:
"Lo siento cariño, Callum no se encuentra muy bien del estómago. Con cariño mamá"
El cielo comenzaba a nublarse y la brisa hizo que mi cabello se revolviera. Comencé a caminar con dirección a un teléfono público y marqué el número de papá. Inserté tres monedas y al tercer tono pude escuchar su voz.
—Padre —sentí un nudo en el garganta, tenía tiempo sin hablar con él.
—Adeline —apenas escuche su voz se me erizo la piel, tenía años sin escucharlo —tienes dos horas para llegar a casa —apenas pronunció esas palabras me colgó.
Maldición.
Que estaba pensando, él seguía molesto conmigo desde aquella vez que lo desafíe diciéndole que me iría a vivir con la abuela. Me resigné y comencé a caminar por la carretera con mis tres maletas, pensaba que mi suerte no podía ir peor pero estaba muy equivocada, comenzó a llover.
Odiaba este lugar con mi alma, no se imaginan cuanto extrañaba el clima de Francia. Me dolían las plantas de los pies y la ropa empapada por la lluvia ya comenzaba a pesar. Mis ánimos volvieron cuando después de llevar un largo rato caminando, levanté la mirada y vi el enorme letrero: "Bienvenidos a Schilderwald".
Respiré profundamente un par de veces y seguí el camino que llevaba a mi antiguo hogar. Las casas de allí eran grandes, pero sin embargo, la casa del alcalde seguía siendo la más grande del lugar. Aún recuerdo la primera vez que entré a esa mansión, era el lugar más tenebroso que había pisado con tan solo tener ocho años.
Habían cosas que habían cambiado con los años, la estatua del fundador del pueblo estaba más grande y renovada, había más tiendas y una cafetería nueva. Si mal no recuerdo el nombre del cartel era Caife agus Siúcra.
Seguí caminando hasta encontrarme con mi antiguo hogar, sus paredes ya no eran blancas ahora eran grises y las ventanas eran diferentes, había más flores en el jardín y en el porche había una mecedora. Toqué la puerta suavemente con mis nudillos, los cuales ardieron al tacto por el inmenso frío que allí yacía. Mi hermano menor fue quien me recibió en la puerta.
—¡Hermana! —gritó apenas me vio saltando para abrazarme.
—Hola mocoso —recibí su abrazó— ¿cómo te sientes? Mamá me dijo que te sentías mal del estómago.
Callum tenía ocho años y era la representación del desastre como cualquier otro niño de su edad, le había crecido el cabello y los mechones pelirrojos caían por toda su frente.
Se apartó de mí y me ayudó con una de mis maletas para entrar a la casa.
—Acabo de beber un té que me preparó —me dijo sonriente.
Mire a mí alrededor y todo seguía igual, hasta las cortinas, como si no las hubiesen cambiado en estos últimos seis años.
—Adeline, cariño, tiempo sin verte —sus brazos me rodearon en un fuerte abrazo.
—Mamá no puedo respirar —le di palmaditas en la espalda tratando de separarla.
—Oh, lo siento cariño —se separó y la observé, analizándola. Estaba casi igual que en las últimas vacaciones de verano en que me fue a visitar a Francia, solo que con la diferencia de que su cabello había crecido- Ve a darte una ducha que estas toda empapada.
Hice lo que me dijo y con su ayuda subí las maletas a mí habitación. Todo seguía igual, las fotos, los libros y ¡hasta mis muñecas de porcelana seguían exactamente donde las había dejado! Me senté en la cama y miré a mí alrededor me sentía como una intrusa en este lugar. La abuela había muerto y aún me dolía muchísimo su pérdida. Sus últimas palabras fueron que siguiera adelante a pesar de que ella sabía que acabaría en tan horrible lugar.
Tomé una ducha con agua tibia. Al salir me puse un vestido de flores que me llegaba hasta la rodillas. Cepillé mi cabello, y fui a la sala. Mi padre estaba de espaldas sentado en su habitual sillón. Se encontraba calando de su pipa, lo cual me hizo entender que por más que pasen los años, hay costumbres que nunca se olvidarán.
—Toca para mí, Adeline —dijo apenas noto mi presencia.
Asentí a pesar de que él no podía observarme en ese momento. Me senté frente al piano y ordené las partituras. Poco a poco, comencé a tocar, lo cual me hizo dejarme llevar por esa hermosa melodía que conocía tan bien.
—Sabes que no puedes seguir huyendo. Ya hablé con el alcalde sobre esto —me tensé y por accidente toqué una tecla errónea.
—Padre yo...
—Lo sabes Adeline, llegamos a un acuerdo el día que te fuiste —dijo enojado. Todo se sumergió en un silencio profundo hasta que se levantó y colocó una mano sobre mi hombro —Me preocupo por ti, pero no podemos ser la vergüenza del pueblo.
No quería hacer lo que él me pedía. Lo odiaba por eso, pero no tenía más opción, ya que si era verdad que había hablado con el alcalde sobre mi llegada al pueblo, eso quería decir que tendría que participar a como diera lugar.
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Prólogo ya disponible de parte de la sociedad Schilderwald.
Estamos muy seguras que pronto haremos crecer esta pequeña sociedad. Esperamos que les haya gustado.
Nos vemos en el próximo de capítulo, ya estamos ansiosas.
Con cariño, la sociedad Schilderwald❣
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ZED. PRÓXIMAMENTE
Mystery / ThrillerEn Schilderwald no todo es lo que parece... Todos los 31 de octubre sale la verdad a la luz, donde los habitantes de Schilderwald se preparan para ese día. Un pueblo, unos juegos y una noche que acaba en tragedia. Bienvenido a Schilderwald. Que com...
