Puerta Equivocada

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La familia McAllen había decidido que era hora que la menor se incluya al plan de estudios original, estudiar en Delta, pero a diferencia como Katherine hubiera imaginado su penúltimo año quedo hecho un remolino de emociones, acciones, sentimientos, encontrados y otros perdidos; pudo haber sido recordado como los mejores días de sus vidas o los peores, pero expliquémoslo desde el principio.

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Siempre he pensado que una buena historia empieza por un encuentro, y sabía que la mía no sería la excepción; pero la única parte de mi ecuación fallaba era su final, uno desconocido e incierto futuro me esperaba, siendo una amante de los principios, sin duda este sería uno extraordinario.

Pertenecer a algo me hacía sentir especial, así sean clases escolares, quizá sea por lo.. ¿inquieta? ¿inestable? Una batería saltante por todos lados, si eso es, pero mi madre, desde los dos años, me ha inscrito a todas las clases posibles, he pasado por todo, desde gimnasia olímpica hasta karate, pertenecer a un grupo me gustaba, me hacía sentir incluida y por eso también me gustaba destacar.

Pero nunca me quedaba mas de un mes, no era porque no me gustase, simplemente... perdia su atractivo, la danza, ese era otro tema.

Había planeado hasta el más mínimo detalle, toda la noche pase pensando en este día iba a llegar a Delta, me sentaría al frente de la clase, conocería a los que iban a ser mis amigos por el resto de los dos últimos años, estudiaría, iba a ser increíble, y cuando al fin alcanzaba el sueño, no sabía lo que me esperaba.

—¡KATHERINE ALISSA MCALLEN! —me levante de un tirón.

—Auch mamá —dije sobándome la cabeza.

—Kat — me respondió con una mirada retadora— he intentado levantarte desde hace media hora, vas a llegar tarde.

Sip eso suena como las McAllen, difíciles de despertar.

—Mier...

—¡Hey! ¡vocabulario!

—¿No has escuchado la canción de Juanes? la estaba citando para ti, sé que es una de tus favoritas— la incité a cantar conmigo— mier....coles por la tarde y tú que no lleg— doble auch— fui interrumpida por una almohada voladora.

—Báñate y vístete, hoy preparé el desayuno, a mí también se me hace tarde, ya me voy, besos.

—¿No se suponía que tu— se fue dejándome con la palabra en la boca, al salir de mi habitación se oyó un completo silencio, supe inmediatamente que ya se había ido de casa?

Al parecer a la gente le gusta hacerme eso últimamente —añadió mi subconsciente.

Encontré una nota en el mesón que decía:

Te vas con tu hermana, levántala tú, yo no pude, aquí te dejo las llaves del carro, a ella también le hice el desayuno, dile que haga el almuerzo, hoy llego tarde, besos.

-Mamá

Abrí la puerta de la habitación de mi hermana, era un cuarto grande con post-it pegados en todas las paredes, decía que eran ideas, y la ayudaban a estudiar más rápido, por lo que todo su cuarto estaba lleno de información variada, ella había decidido pintarla de morado, últimamente le había cogido amor a ese color. Hice lo mismo que mamá hizo conmigo, ¿y qué pasó? ¡NADA! Si no fuera porqué hizo un intento de pestañear creería que está muerta.

¿Esperen lo está?, jaja no, no es posible, fui corriendo a la cocina a por un vaso con agua, me volví a dirigir a su habitación, y le eche el agua encima, espere uno, dos segundos, tres segundos...cuatro.

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