Era una lluviosa tarde de día viernes, yo estaba dentro del bus que me llevaría a mi nuevo destino, Santiago.
Mis padres movían los brazos de un lado a otro despidiéndose melancólicos, soy hijo único y había vivido toda mi vida con ellos, eran un gran paso pero a la vez, difícil.
Pedí el asiento de la ventana, me gustaba observar el paisaje natural que se percibía durante las 3 horas que se tardaba el bus desde Talca a Santiago. Algo que me pareció fuera de lo común, es que en el asiento que estaba a mi lado no había nadie, lo que hacía que esto fuese extraño, esque normalmente los días viernes los buses se llenan por completo de gente, más aún si se tiene como destino la capital.
La idea de viajar sin acompañante me resultaba un tanto aliviante si lo miraba del punto en que la mayoría de las veces me tocaba sentarme con personas que no me hacían sentir muy cómodo, personas con diferentes posturas políticas, algunas que exageradamente dormían como si se encontrarán en el sillón de su casa, otros que no dicen ninguna palabra pero te intimidan tan solo con su presencia, en fin, muchos tipos de acompañantes ya había tenido y creo que era una buena opción está vez viajar sin ninguna preocupación.
Llegamos a Curicó, ciudad ubicada a 1 hora aproximadamente de Talca, aproveche a bajar para refrescarme y comprar unas tortas, las cuales son muy populares en el sector. Subí al bus, me senté, dejé las tortas en la mochila y me recosté sobre un polerón que tenía para intentar dormir un poco. Estaba en ese intento fallido de poder descansar, cuando de pronto llegó ella, pelo negro, ojos cafés y una sonrisa profundamente iluminada de felicidad, estaba yo viéndola un tanto impresionado cuando de pronto reacciono y escucho;
-Este es el 22?
-Si, le respondí yo, ponte cómoda.
No podía creerlo, me había enamorado a primera vista de una niña que no había visto jamás en mi vida y además de eso, se había sentado a mi lado en el bus. Tatiana se llamaba, un nombre muy dulce, combinaba con su sonrisa.
Conversamos durante todo el resto del viaje, ella me contaba anécdotas de su vida y de su familia, yo por mi parte le contaba también mis logros deportivos y algunos recuerdos divertidos que tenía de pequeño.
No había mencionado que yo me fui a Santiago por estudios, era un chico de 18 años, graduado recién del liceo y con grandes expectativas de lo que había decidido par mi futuro, la gastronomía. Ella por otra parte, había optado por estudiar derecho, lo sierto es que eran elecciones completamente diferentes desde el punto que se le mire, pero hacía que todo fuese más interesante.
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Amor, dulce amor
Teen Fiction¿Han tenido amores imposibles? ¿Se han esforzado en querer conseguir algo que cuesta mucho esfuerzo? Eso es lo que le pasa a Diego en esta novela, en la que busca de cualquier manera conquistar el corazón de Tatiana.
